Introducción
La desaparición de la figura de Jorge Mañach del imaginario cívico y cultural cubano es otro de los capítulos de censura sistémica perpetrados por la Revolución. Hombre igualmente devoto a la letra y a la cosa pública, su declarada oposición al giro autoritario y soviético del gobierno de Fidel Castro le valió la condición de innombrable en los medios nacionales, al menos entre 1961 y los primeros años de la década del noventa, en que se dan los primeros pasos de una restauración en medios oficialista.
El alcance y significación de Jorge Mañach para la república y la cultura cubanas siguen siendo aún hoy un work in progress, a pesar de los empeños de los estudiosos del exilio por recopilar y abordar una obra, no solo vasta en volúmenes propiamente, sino, y hasta hace muy poco, dispersa en la prensa periódica y otros medios de difusión, donde desarrolló una sostenida labor como comunicador, orador, educador y político.
Jorge Mañach fue el primer catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad de La Habana, a donde regresaría a obtener su título de Doctor, después de años de estudios de pregrado en Estados Unidos, España y Francia. Fue miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras, la Real Academia Española de la Lengua y la Academia de la Historia de Cuba. De una vocación política irredimible, formó parte del Grupo Minorista —junto a Juan Marinello, Alejo Carpentier, Rubén Martínez Villena, Fernando Ortiz, y otros intelectuales— y partició en la Protesta de los Trece contra la administración corrupta de Alfredo Zallas. Fue fundador e ideólogo principal de la organización antimachadista ABC, anatemizada por la historia oficial de la Revolución por haber apostado a la violencia para derrocar al tirano. Posteriormente, ocuparía el cargo de secretario de Instrucción Pública en el gobierno de Carlos Mendieta; luego es delegado por el ABC a la Asamblea Constituyente de 1940 y, ese mismo año, triunfa en su carrera para ocupar un escaño en el senado. Seguidamente es nombrado ministro de Estado durante la presidencia constitucional de Fulgencio Batista y, más tarde, miembro del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), que había fundado Eduardo Chibás. Ante el golpe militar de 1952, se opuso política e ideológicamente, llegando a defender la amnistía de los atacantes del Cuartel Moncada, y servir de editor y prologuista a la primera edición de La historia me absolverá en 1954. Al siguiente año, buscando una salida cívica a la crisis política y constitucional del país en manos del dictador Batista, organizó y presidió el Movimiento por la Nación Cubana, tras cuyo fracaso, y ante el aumento de la violencia y represión gubernamental en la universidad, decidió tomarse un año de sabático en España. Con el triunfo de la Revolución, Mañach regresa, como tantos otros, a la isla, y celebra la victoria revolucionaria viendo en ella la posibilidad de reconstituir la república que se había perdido en manos de la corrupción, el autoritarismo y el plattismo. Recupera entonces su cátedra en la Universidad de La Habana, colabora en el Diario de la Marina y en Bohemia, y asume la dirección del programa televisivo Ante la prensa, como antes lo había hecho con la Universidad del Aire. Sin embargo, como asegura Jorge Domingo, muy pronto sus posibilidades de participación en la vida política del país se van reduciendo con la cancelación de instituciones a las que pertenecía y la clausura de periódicos y revistas, como parte del programa de control total del gobierno revolucionario. Para septiembre de 1960, Mañach recibe una carta de jubilación forzada de la Universidad de La Habana, y no le queda más opción que exiliarse o morir cívicamente en el país tomado por el verde olivo. Finalmente, fallece un año después en Puerto Rico, no sin antes declarar públicamente su rechazo al giro autoritario y soviético del país en manos de Fidel Castro:
“La Cuba que he dejado atrás y la Cuba del porvenir, tal y como podemos verla según la lógica, no puede por menos de rechazarla un hombre como yo. Con dolor, pero la rechazo. ¿Por qué? Porque no soy comunista. Porque no quiero que el mundo soviético devore a mi mundo y me devore a mí mismo. Porque no apruebo que se repudien los principios de libertad y de respeto hacia el individuo que postulaba la revolución castrista. Porque me opongo de la manera más firme al hecho de que se salga de un imperialismo duro para caer en las garras de un imperialismo infinitamente más duro: más duro por ser lúcidamente concebido, fríamente organizado, cínicamente actuado… […] Fidel Castro nos ha traicionado.” (Bohemia Libre, New York, 18 de junio de 1961)
Reputado por su atildada oratoria, una prosa de exquisito estilo que hace de su ensayística un auténtico festín de la prosa y una vis polémica jalonada por su pulsión política, se deben a Mañach, además de una enorme presencia en las revistas literarias y los periódicos de la República, libros ineludibles para el pensamiento sobre la nación y la nacionalidad cubanas como La crisis de la alta cultura en Cuba (1925), Indagación del choteo (1928), Martí, el Apóstol (1933) o Historia y estilo (1944).
A decir de Mario Parajón, se trata de un pensador que “se hizo de una filosofía […], toda una proeza doctrinal en el trópico”, de una amalgama ecléctica y electiva, donde confluyen escuelas de disímiles procedencias de la historia de la filosofía occidental. Todo ello, sin renunciar a lo que parecía su mayor obsesión: la vida pública cubana. De ahí que –en palabras de Rafael Rojas– toda su obra “gir[e] alrededor de la nacionalidad cubana, su historia y sus posibilidades”, siempre apegada la racionalidad y la lógica, lo cual hace posible considerarlo uno de los intelectuales más auténticos de la Cuba republicana a pesar de haber recorrido espectros políticos y culturales a veces divergentes a lo largo de su vida.
La restitución por parte del oficialismo vendría a suceder a principios de la década del noventa, en la misma marea que exhumó a José Lezama Lima, Virgilio Piñera, el grupo Orígenes, y tantos otros que habían abandonado Cuba tras 1959 o fallecidos en ella, cancelados por la Revolución. En 1990, la reedición por parte de la editorial de Ciencias Sociales de Martí, el Apóstol, marcaría la pauta del descargo doxológico de Jorge Mañach, no exento de constantes disclamers y salvedades perdonavidas al debieron someterse sus ejecutantes.
Duanel Díaz ha sugerido que que el oficialismo permitió la vuelta de Mañach a la república de las letras, una vez que se había asegurado de aniquilar todo rastro de la República real. Para el autor de Mañach o la República, ahora que la Revolución cree garantizada su imperturbabilidad, puede permitirse que se estudie a Jorge Mañach, toda vez se ajusticie moral e históricamente, y se insista en el fracaso de su ideario político. Sus dotes literarias y sus aportes al pensamiento de la nación y la nacionalidad merecían finalmente la reflexión, siempre y cuando se exaltara su participación en los eventos políticos como la Protesta de los Trece o su lucha antimachadista, los cuales, visiblemente, se alineaban con la versión progresista y teleológica de la Historia que la Revolución había construido. Sus intervenciones en varias polémicas culturales contra comunistas, origenistas, batistianios y ortodoxos por fin pudieron salir a la luz poco a poco y ser rescatas en libros junto a varios de sus trabajos. El sambenito de escritor “polémico” o “controvertido” sería una marca de agua y una patente de corso en la mayoría de los estudios que fueron publicándose como parte del proceso de reparación simbólica que inicia alrededor de 1990.
Este expediente quiere revisar este proceso de restitución oficialista de Jorge Mañach, hincando la mirada en las páginas de las revistas literarias en la isla, a lo largo de la década del noventa. Apenas, en 1992, mientras casi la totalidad de las publicaciones periódicas atravesaban una pausa forzada por la crisis del Periodo Especial, la revista estudiantil Albur rescató unas conferencias que Mañach había dictado para el curso “El espíritu de Martí”, en 1951, invitado por la Cátedra Martiana de la Universidad de La Habana. El número venía presidido por una nota de Fina García Marruz –madrina de la publicación junto a Vitier–, en la que se presentaba a Mañach apenas como un docente disciplinado, un buen conferencista de lustrada prosa y se le concedía importancia a alguno de sus libros. La nota, sin embargo, no cierra sin antes rematar a Mañach con una espuria acusación de pro-imperialista, a todas luces punitiva, por su rechazo al marxismo-leninismo y el castrismo. Dos años después, La Gaceta de Cuba —revista de la Unión de Escritores y Artistas— tendría a bien un primer acercamiento con sendos textos de Jorge Luis Arcos y Rafael Rojas, acompañados de un poema que Cintio Vitier dedicara a Mañach a su muerte en 1961. Como siguiendo una pauta de dos años, otros dos trabajos aparecerán entonces en 1998: uno en Revolución y Cultura —publicación del Ministerio de Cultura—, de la autoría de Jorge Domingo Cuadriello, quien expresamente persigue contrarrestar con hechos históricos los juicios infamantes que habían justificado la marginación; y otro, debido a Salvador Arias, con el que La Gaceta se precia de rendirle homenaje a Mañach en su centenario. Ya a punto de terminar la década, Marta Lesmes sorprende atrayendo su obra teatral Tiempo muerto (1928) a las nuevas tendencias temáticas del momento con “El tema femenino en Mañach”. Y la revista Temas —también del Ministerio— concede su reputado premio de ensayo a Jorge Luis Arcos por “Pensamiento y estilo en Jorge Mañach”. Para entonces era 1999 y todo parece indicar que la orden de la restitución oficial de varios escritores del exilio y el insilio estaba dada.
Documentos
- Graziella Pogolotti: “[Introducción al número sobre Jorge Mañach]”, Albur, año 4, n. 18, mayo, 1992, p. 1.
- Redacción La Gaceta de Cuba: “[Introducción al dossier sobre Jorge Mañach]”, La Gaceta de Cuba, n. 4, julio-agosto, 1994, p. 2.
- Jorge Luis Arcos: “Jorge Mañach: un pensador polémico”, La Gaceta de Cuba, n. 4, julio-agosto, 1994, pp. 2-6.
- Rafael Rojas: “Mañach o el desmontaje intelectual de una república”, La Gaceta de Cuba, n. 4, julio-agosto, 1994, pp. 7-10.
- Cintio Vitier: “Jorge Mañach”, La Gaceta de Cuba, n. 4, julio-agosto, 1994, p. 10.
- Jorge Domingo Cuadriello: “Mañach, el vilipendiado”, Revolución y Cultura, noviembre-diciembre, 1996, pp. 14-19.
- Salvador Arias: “Martí en Jorge Mañach”, La Gaceta de Cuba, noviembre-diciembre, 1998, pp. 34-38.
- Marta Lesmes: “El tema femenino en Mañach”, Conjunto, julio-diciembre, 1999, pp. 114-116.
- Jorge Luis Arcos: “Pensamiento y estilo en Jorge Mañach”, Temas, número extraordinario, 16-17, 1999, pp. 205-211.

