Aldo Manucio, el primer editor: todas sus cartas prologales en un volumen del sello argentino Ampersand

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‘De re impresora. Cartas prologares del primer editor’ (Ampersand, 2022) (FOTO Facebook / Ediciones Ampersand)
‘De re impresora. Cartas prologares del primer editor’ (Ampersand, 2022) (FOTO Facebook / Ediciones Ampersand)

De re impressoria. Cartas prologales del primer editor, volumen publicado este marzo por el sello argentino Ediciones Ampersand, recoge “aquellos breves textos introductorios” del impresor renacentista italiano Aldo Manucio (1449-1515) que, según Roberto Calasso (1941-2021), “son los precursores no sólo de todas las introducciones modernas, prefacios y epílogos, sino también de todos los textos de cubiertas, de presentación a los libreros y de publicidad actuales”. Y, todavía más, constituyen “el primer indicio del hecho de que cada uno de los libros publicados por cierto editor podía ser visto como eslabón de una misma cadena, o segmento de una serpiente de libros, o fragmento de un solo libro compuesto de todos los libros publicados por ese editor”.

En efecto, Manucio “fue el primero en imaginar una editorial en términos de forma”, dice Calasso –escritor de culto y editor por antonomasia al frente de Adelphi Edizione– en una recordada conferencia incluida en La marca del escritor: “Si se quiere entender lo esencial de la fotografía, basta con estudiar la obra de Nadar. Si se quiere entender qué puede ser una gran editorial, es suficiente echar un vistazo a los libros impresos por Aldo Manucio. Él fue el Nadar de la edición”.

Sin dudas bajo la advocación tanto de Manucio como de Calasso, Ediciones Ampersand ha elegido celebrar su primera década de existencia e inaugurar su más reciente colección, “Territorio Postal”, con De re impressoria. Cartas prologales del primer editor (174 páginas; rústica, cosida; 22,5 x 15 cm), cuya presentación, el pasado 22 de marzo, estuvo a cargo de Ana Mosqueda, Magdalena Arnoux y Ernesto Montequin.

Justamente, Mosqueda –doctora en Historia Social de la Cultura Escrita por la Universidad de Alcalá de Henares– se ocupó de la selección, traducción y notas del volumen, mientras que la introducción es obra de la italiana Tiziana Plebani.

“Los libros tal como los conocemos no serían lo mismo sin Aldo Manucio. En el siglo xv, el impresor y humanista italiano fue el artífice de un magnífico proyecto editorial dirigido a un refinado círculo de estudiosos, pero también a los estudiantes”, se resume en la web de Ampersand. “Manucio editó e imprimió hermosos ejemplares que por su tamaño y por la claridad de los textos pudieran llegar al mayor público posible. Para eso implementó con regularidad la numeración de las páginas y los índices, y utilizó elegantes caracteres tipográficos. Además, en la gran mayoría de los títulos que publicó, entre los que se cuentan obras de Aristóteles, Esopo y Virgilio, agregaba cartas dirigidas a sus lectores. Esta selección de esas cartas prologales de Manucio, que inaugura la colección Territorio Postal, puede ser leída como una única y larga epístola, y funciona como manifiesto estético sobre el quehacer editorial”.

Porque ciertamente Aldo Manucio alcanzó, en opinión de Calasso, “la meta más audaz y ambiciosa para un editor”: su empresa editorial fue imaginada y realizada como “forma”, como libro de libros. Por el camino habría legado además “el libro más bello jamás impreso” –titulado Hypnerotomachia Poliphili (1499), que significa “Batalla de amor en sueños”–, “obviamente un golpe de genialidad, único e irrepetible”, de hecho, “casi el arquetipo del libro único”. Y, por si no bastara, también “el primer paperback” –una pequeña edición de Sófocles, Hypnerotomachia (1502)–, “el primer libro que se podía meter en un bolsillo” y que “sería copiado millones y millones de veces en todas partes, hasta hoy”.

‘De re impresora. Cartas prologares del primer editor’ (Ampersand, 2022) (IMAGEN www.edicionesampersand.com)
‘De re impresora. Cartas prologares del primer editor’ (Ampersand, 2022) (IMAGEN www.edicionesampersand.com)

En cuanto a la novedad editorial de Ampersand, la propia Mosqueda –quien dirige toda la colección “Territorio Postal”– advierte en la web de la editorial Eterna Cadencia: “quien escribe estos prólogos es un editor con ciertos derechos sobre la obra, por varias razones: por haberla rescatado del olvido, por tener familiaridad con el que la escribió –si este vive–, o con el propio texto, tras haberlo estudiado, enseñado y cotejado en todas sus versiones existentes. Por un lado, el editor, que no es otro que Aldo Manucio, se ufana de tener las mejores ediciones de su tiempo, porque ha cotejado los textos que estaban a su disposición y los que ha podido conseguir por parte de colegas y amigos eruditos –dice él mismo que antes de imprimir debía tener para cotejar, como mínimo, tres copias de un texto (Tucídides 1502)–; por otro, asume que el lector sabe tanto o más que él mismo, pues maneja los conocimientos y las destrezas lingüísticas del latín, del griego o del hebreo como para corregir lo que no esté bien o como para agregar lo que ha encontrado en nuevas copias”.

Ese mismo espíritu parece animar el joven proyecto de Ampersand: “Radicado en Buenos Aires, desde sus inicios apunta a producir títulos que sean admirables: como objeto estético y como fuente de conocimiento”, declaran estos artesanos del tercer milenio. “Del mismo modo que las casas editoriales de principios del siglo pasado, Ampersand se convierte en un espacio cultural, de discusión e intercambio de ideas. Editamos libros, curamos libros, hablamos de libros, disfrutamos de los libros. Las diferentes colecciones abordan tanto la historia social de la cultura escrita como los más reveladores estudios visuales contemporáneos. Sean textos, imágenes o una prenda de vestir, todo puede ser leído, analizado, discutido. Porque entendemos la lectura como una obsesión y como una práctica a la vez hedonista y subversiva”.

En rigor, digamos que las palabras del “primer editor” eran aún más definitivas: “lo que tengo de ocio lo gasto en publicar buenos libros” [“Aldo Manuzio, el inventor de la profesión del editor moderno”, por Ana Mosqueda].

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