Balada del niño-diablo

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a Ramón Alejandro 

I

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Ni vu
Ni connu
Je suis le parfum
Vivant et défunt
Dans le vent venu!
Paul Valéry

Maman!
¡Catherine Blanchard muéstrales tus cinco lunares!
dibujemos con ellos
una estrella
sobre tu cara linda.

Comment dire à chaque fois l’étoile?

¿Cómo decir cada vez la estrella?
Maman, ¿dónde te hallo?
je suis seul, c’est dur
¡camino sobre un sinnúmero de almas, maman!
¡ayer me incineraron en Cimetière de Montmartre
y mis cenizas calientes
las colocaron sobre las tuyas!

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¡encuéntrame en el clamor del inframundo, maman!
¡ahora siempre tendré diecinueve años
y una tiara láurea de fuego!

¡soy tu niño-diablo
el güije rígido
que
echaste
de tus partes enfermas!

¡flotaremos ahorcaditos los dos
uña y carne
podridos de la cabeza a los pies
uña levantada y verga hinchada
asfixiados y moraditos
con los ojos volteados hacia arriba
y una nuez de oro en la garganta!

¡soy tu perfume de difunta
vengo a lamer la sarna de tus brazos
como amante desvergonzado!
ma mère!
¡busco tu pecho desnudo
bajo la gasa del agua!

¡muéstrame el seno blanco entre dos camisas
amamántame una vez más
antes de la condena
pues nunca existí!

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traigo en la mirada animal
mi grito de murciélago
et je viens punir!

II

Cuando retiraron el cuerpo del ahorcado
después de seis días
había lombrices en el suelo.

En los basureros hospitalarios
Charles-Roman recitaba a Paul Valéry
y la madre resurgía supurante
del agua pútrida
y ya nada la afeaba

Catherine Blanchard vivía en él enconada
enferma de sida
y ardía maléfica
en el rostro estrellado del hijo

tal vez el niño-diablo
no hubo existido nunca
tal vez fue un espejismo de su padre pintor
ente salido del cuadro

el hedor de sus testículos
las costras en las uñas
el grano de acné
el aliento cargado
semanas sin lavarse
todo para olfatear las pústulas
en los brazos flojos de la madre enferma
y sentírsela.

III

El niño-diablo se había llamado Charles-Roman
y esa vida suya roía
como hueso de cordero

Charles-Roman iba hasta las fuentes que bordean el Sena
—río de llanto del nacimiento—
a enjuagarse
las alucinaciones
en el libro de magia de Aleister Crowley
la primera la tuvo con doce años
dijo:
ils etaient là

Charles-Roman entonces pateaba el muro del Sena
para lastimarse los tobillos
y sacudirse los demonios colorados
que el padre pintaba
ellos estaban ahí
gemía

iba a reventar su agua-madre
golpes dulce-tristes
contra el agua amarillenta
golpes necesarios a su herida infectada
de niño-atrofia

regresaba cojeando
con los tobillos acabados

cinco lunares en el rostro del niño-diablo
cinco puntos cardinales del ahorcado
conformando una figura geométrica inservible
a tanta belleza.

IV

Es un ahorcado que apesta
pero fue casto y no le afeó la muerte

lo encontraron después de seis días
en el pequeño estudio del cuarto piso en Rue de Rivoli
colgando de un tubo de calefacción
que pasaba por el dintel de la puerta
al pie de él
unos versos de Paul Valéry
anotados cuidadosamente
junto a un cráneo de cachalote
resguardando el alma
de otro suicida

tumbaron la puerta
cuando
el mal olor se filtraba por las tuberías

una vez el niño-diablo descansó
su cabeza en mis muslos
y pude acariciar su rostro estatuario —todo perfección diabólica
atizar su bucle rubio melcocha

palpar los cinco lunares de arlequín primoroso
y dibujar una estrella
sobre la expresión desoladora

y el niño-diablo parecía solo un niño sometido
un niño

entonces, olía a sábana adolescente
a sueño de esfinge
a leche materna
a lágrimas secas

a algo que no había cauterizado
algo intratable

aún tenía en los ojos
el animal feroz que nos desgarra

yo, tenso el arpa
—soy depredadora de imágenes—
ahora el niño-diablo
tan próximo a la guarida pestilente de los infieles*
se ofrece
a mi boca de sangre.


* Eneida, Virgilio.

** Este texto pertenece al cuaderno Baladas crueles, Ediciones Furtivas, 2023.

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ROSIE INGUANZO
ROSIE INGUANZO
Rosie Inguanzo (La Habana, 1966). Escritora, actriz, profesora. Ha publicado la novela La Habana sentimental (Bokeh, Leiden, 2018), y los libros de poesía La vida de la vida (Hypermedia, South Carolina, 2018) y Deseo de donde se era (Nos y Otros Editores, Madrid, 2001). En Miami, donde reside desde 1985, ha cultivado una trayectoria en el teatro. Es doctora en español y literatura iberoamericana por la Universidad Internacional de la Florida. A Rosie puede vérsele caracterizando a su alter ego, Eslinda Cifuentes, en los performances que realiza junto al violinista y compositor Alfredo Triff.

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