Sin título, de la serie 'Cisnes huecos', Enrique Silvestre

El artista cubano Enrique Silvestre reside desde hace más de veinte años en Brasil y en la exposición online Cisnes huecos sin fronteras nos habla sobre la utopía de la fuga. No una fuga cualquiera, sino desde la distopía. El individuo común que intenta escapar de la pesadilla mesiánica de la historia. Pudiera parecer que el pintor no parte de su experiencia personal, e incluso que trata, allá en el fondo, acerca de la identidad como espectáculo.

Ante todo, el cisne es libre y puede cruzar fronteras. En este caso, sin embargo, libre como un ave significa libre como una persona, porque, cuando miramos a vuelo de pájaro el arte de Silvestre, encontramos un vuelo muy libre pero fijo en el drama humano de ser real.

Imaginar un gran escenario sobre el que apareciera una muestra general del universo desmesurado y proteico de Kike Silvestre daría, primero, la impresión de asistir a un Aleph caótico, como si atestiguásemos el despliegue de todo un cosmos desde su génesis hasta su apocalipsis, atravesando cada metamorfosis de la abstracción y la figuración.

Luego, en medio de esa cambiante jungla de formas y colores, entre las combinaciones geométricas y la colisión de planos y texturas, aparece la persona, un alguien a veces casi invisible, a veces desfigurado, insinuado u oculto, que siempre se proyecta hacia su contexto mental o urbano y cuyo anhelo habrá de completar el sentido.

Sin título, de la serie ‘Cisnes huecos’, Enrique Silvestre

En ese escenario del teatro pictórico de Kike, el protagonista es K. Esto podría resultar un paralelismo impertinente, pues no se trata de una visualidad kafkiana: el mundo de Josef K, aquel viejo orden amenazado por las fuerzas oscuras del desmembramiento y la deshumanización, queda muy lejos de este desierto alucinado en el que aparece K Silvestre: la personificación de una antigua exploración que tiene lugar ahora mismo como humanización del caos.

La búsqueda del ser en el estar: soy el morador y vivo aquí. Una revelación siempre en curso y una realización imposible, porque no hay lugar en el tiempo donde K Silvestre pueda descansar la cabeza. La persona será una máscara de sí misma hasta que desenmascare todas las apariencias, desanude las formas y toque la realidad escondida detrás de los cuerpos y las cosas y de sus entrelazamientos.

Como el K de Praga, el K Silvestre no requiere estar muy delineado para ser nítido. Ni aparecer en cada cuadro. Entiéndase que no es un álter ego ni un ecce homo, sino una persona: una máscara de sí misma.

Y estamos en Hennigsdorf. República Democrática Alemana. En este anfiteatro natural somos testigos de la trampa que la historia le tiende a K Silvestre, figurado aquí como un cuerpo, solo o múltiple, que se disuelve y se coagula en el agua del río Havel mientras trata de despertar en el otro lado.

Sin título, de la serie ‘Cisnes huecos’, Enrique Silvestre

Los hechos verdaderos en los que el artista confiesa haberse inspirado para realizar estas piezas parecen una fábula geopolítica de dolorosa moraleja. Aunque la metáfora iría más allá –pues emigrar puede cambiarnos de estado, pero ser es en sí una emigración interminable–, en el principio se alza lo anecdótico.

Aconteció en tiempos de aquella Guerra Fría que hoy muchos perciben casi como prehistórica. Algunos habitantes de la Alemania del Este que querían llegar a Berlín Occidental lo intentaban cruzando el río Havel, donde flotaban los cisnes, junto a la ciudad de Hennigsdorf, que marcaba la frontera cerca de la capital.

Naturalmente, igual que los guardianes de una prisión de alta seguridad, los guardafronteras vigilaban celosamente el río para que nadie escapara a la otra orilla y, como a todo lo largo del Muro de Berlín, allí también estaban autorizados a dispararle a muerte a quien tratara de atravesar el límite.

Entonces a alguien se le ocurrió la idea y otros se dieron a imitar la utilización del pintoresco procedimiento, que parecería formar parte de una performance artística, de un cuento fantástico o de una loca mascarada. Aunque no se sabe cuántos fracasaron trágicamente, lo cierto es que, según cuentan allí, algunos lo lograron.

‘Cisnes, lagos y otras fugas’, de la serie ‘Cisnes huecos’, Enrique Silvestre

Los fugitivos cruzaban el río con la cabeza cubierta por un gorro de papel maché en forma de cisne para confundirse con los cisnes verdaderos.

Este K Silvestre que busca la libertad apelando al simulacro nos recuerda que el fingimiento puede convertirse en recurso extremo para vadear un régimen totalitario. La doble moral, como ha sido llamada esta mascarada del acatamiento. La farsa del disimulo deviene identidad trágica. Muy lejos puede llevarnos la lectura de estos cisnes fugitivos del río Havel.

Si no de una manera tan dramática y peligrosa, Enrique Silvestre también cruzó la frontera de su país para buscar un mejor destino. Dejó en La Habana una carrera que avanzaba a pesar de las dificultades de los oscuros años noventa y se fue a comenzar desde cero en Brasil y allá, en São Paulo, prosigue la instauración de su propia utopía de una pintura vital, sin límites y sin pausa, cruzando todos los ríos Havel hacia una libertad siempre actual. El latido artístico de cada segundo. No mirar y pintar, sino pintar para ver. El arte como percepción perenne y cambiante de la realidad.

Como nunca pudo ponerle fronteras a su arte y atarse a un estilo, a una visualidad, a un tema que lo identificara y lo hiciera más comercial, algunos pudieron ver a Silvestre alguna vez como un artista sin una estética definida, sin una visión nítida de carrera. O sea, sin carrilera. Por fortuna, él no quiso –o no pudo– empobrecer su abundancia, aunque su vivienda parezca un abarrotado almacén de cuadros.

Acaso Silvestre, como el arqueólogo, debió cuadricular el terreno y dedicarse a cavar cuidadosamente cada parcela deslindada hasta agotarla. Tal vez resulta imprescindible tener una estrategia. Pero esas son palabras para conversar después de la exposición, tranquilamente. Fuera de la fragua devoradora y tumultuosa donde comienza todo. Al final, cada artista tiene su demonio y con él tiene que arreglarse a solas, para bien o para mal. Lo demás son opiniones.

‘Escapa como Squipy’, de la serie ‘Cisnes huecos’, Enrique Silvestre

Por el momento, lo que tenemos a mano es una obra que se despliega en lo extenso, porque hay exploraciones artísticas que marchan en paralelo a una búsqueda existencial. Que son una búsqueda existencial.

Enrique Silvestre es un arqueólogo de sí mismo, incluso cuando ejecuta una paleoarqueología hasta la más profunda raíz de su sensibilidad, hasta más allá de su propia experiencia. Claro que una antropología de sí mismo, pero ¿cuál otro sendero hay para aunar exuberancia y honestidad creativas?

‘Príncipe’, de la serie ‘Cisnes huecos’, Enrique Silvestre

De tan proteico y vastísimo imaginario visual, esta muestra nos regala, como la página de un alucinado libro de estampas, no un atroz testimonio más, sino un sutilísimo recordatorio del horror. Y del arte insomne.

A la galería online Linea Contemporary Art, especializada en arte latinoamericano, se debe la organización de Cisnes huecos sin fronteras, que podrá verse hasta el 31 de marzo de 2021 en su sitio web.

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