Entrevista con el traductor cubano Jorge Ferrer, ganador del Read Russia 2020

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Jorge Ferrer junto al libro ‘Zuleijá abre los ojos’ (Collage de Acantilado / Facebook)

El escritor, traductor y periodista cubano Jorge Ferrer (La Habana, 1967) acaba de ser galardonado con el Read Russia, uno de los premios más importantes que se conceden a traductores de literatura rusa. Ferrer ya había sido nominado en 2014. Esta vez se alzó con el premio por la traducción al castellano de Zuleijá abre los ojos (Acantilado, 2019), de Guzel Yájina (Kazán, 1977).

El premio Read Russia se otorga cada dos años a obras de la literatura rusa publicadas en nuevas traducciones. El premio convoca en cinco categorías: Ficción del siglo XIX, Ficción del siglo XX, Ficción contemporánea, Poesía (clásica y contemporánea) y Teatro. Los ganadores anteriores del Read Russia incluyen a Robert y Elizabeth Chandler, Anne Marie Jackson e Irina Steinberg, en 2018; a Oliver Ready, en 2016, y a Joanna Turnbull y Nikolai Formozov, en 2014.

Jorge Ferrer reside en Barcelona desde 1994. Antes estudió en Rusia el bachillerato y, en parte, la carrera de Periodismo. Es autor de Minimal Bildung (Catalejo, 2001) y de Tristán de Jesús Medina. Retrato de apóstata con fondo canónico (Colibrí, 2004). En su último libro compila una serie de crónicas sobre la pandemia y se titula Días de coronavirus (Hypermedia, 2020).

Como traductor de literatura clásica y contemporánea rusa ha traído al español, entre otros autores, a Alexandr Herzen, Svetlana Aleksiévich, Mijaíl Kuráyev, Ilya Ehrenburg, Nikolai Leskóv e Iván Bunin. Ha recibido, además del Read Russia, el premio La literatura rusa en España (2012), que otorga la Fundación Borís Yeltsin.

A propósito del Read Russia, cuya entrega se celebrará el 6 de junio de 2021 en Moscú, he conversado con Jorge Ferrer. Antes de pasar a las preguntas y respuestas, a manera de abrebocas, compartimos con nuestros lectores el inicio de Zuleijá…

“Zuleijá abre los ojos. Está oscuro, como en una bodega. Al otro lado de la fina cortina, los soñolientos gansos se lamentan. El potrillo de un mes retuerce la boca en busca de la ubre materna. Detrás de la ventanita que hay en lo alto de la cabecera de la cama, la ventisca de enero sopla su sorda queja. No obstante, el frío exterior no se cuela por las rendijas, gracias a que el previsor Murtazá selló las ventanas antes de la llegada del invierno. Un buen amo de casa, Murtazá. Y también un buen marido. Ahora ronca abundante y ruidosamente en su lado de la estancia, el lado reservado a los hombres. Duerme, duerme, Murtazá, que el sueño más profundo es el que se tiene antes del amanecer.”

Edgar Ariel

Jorge, coméntame sobre el proceso de traducción de Zuleijá abre los ojos. ¿Cuáles son las características del libro que te llevaron a traducirlo?

Zuleijá abre los ojos fue el deslumbrante debut de Guzel Yájina. Se encaramó enseguida a los podios de algunos de los grandes premios literarios de Rusia y atrajo, naturalmente, a quienes seguimos la literatura rusa contemporánea por oficio, pero también por placer.

Su prosa centellea, reposa, abunda el detalle con afán naturalista. Pero siempre permanece próxima a los orígenes de la autora como guionista: la estructura de la novela es cinematográfica, sujeta al lector con un ritmo tremendo.

¿La traducción fue un encargo o una necesidad personal?

Recibí el encargo de Acantilado, una de las casas editoriales en lengua española que siguen con más atención las literaturas hechas en el este de Europa y Rusia. Para ellos ya he traducido antes a Iván Bunin y Vasili Rózanov, Svetlana Aleksiévich y Mijaíl Kuráyev.

¿Qué tiempo demoró la traducción?

Trabajé durante medio año en esta traducción.

Jorge, Zuleijá abre los ojos es la primera novela de Guzel Yájina. La novela se ha traducido a más de veinte idiomas y ha recibido importantes reconocimientos, como el Premio Gran Libro, en Rusia, el Yásnia Poliana y el Premio Tomasi di Lampedusa. Por su formación como guionista, Guzel imprimió a la novela un fuerte carácter cinematográfico. ¿Pudieras describirme, a grandes rasgos, la novela?

Zuleijá es una joven tártara deportada por Stalin a Siberia. Corren los años treinta, los del estalinismo más feroz, y los campesinos tártaros, como tantos otros kulaks, son aplastados con saña por el poder soviético. La novela narra el viaje de Zuleijá hasta el recóndito asentamiento en Siberia, donde el destino la verá crecer como mujer y como madre: oponer el amor al terror, la maternidad a la sinrazón de la construcción del comunismo soviético. Ese doble viaje, entrelazado, es el que lleva al lector en vilo hasta el final. ¡Y no me pidas decir más!

No te pido decir más. ¿Cómo recibes el premio Read Russia? ¿Bajo qué circunstancias?

Había sido finalista de este premio ya antes, en 2014. Y lo codiciaba porque distingue, precisamente, a quienes traducimos literatura rusa a cualquier otra lengua. Es muy difícil obtener este galardón que se concede cada dos años y en el que concursamos traductores de todo el mundo con nuestras mejores obras de este periodo.

Este año se presentaron casi doscientas obras. Una buena parte lo hizo en la categoría en la que competía mi traducción: Literatura rusa contemporánea. Dada la extenuante situación de la peste que rige ahora nuestros movimientos, el acto solemne de la premiación tendrá que esperar al 6 de junio próximo, cuando nos veremos en Moscú.

Jorge, ¿cómo entiendes la traducción? ¿Durante el proceso de traducción, qué sistema de relaciones estableciste con la novela? ¿Utilizaste alguna estrategia o metodología para traducirlo?

Soy un espectro que se pasea por el libro que traduzco con una caja de herramientas en una mano y un saco enorme a la espalda. En ese saco van mis lecturas, todas mis traducciones previas, mi propia experiencia escribiendo. Cada libro es un proyecto singular y me preparo para él con todo el arsenal, con todos los hierros, para así decirlo.

En el caso de Zuleijá abre los ojos, me fui a Tartaristán, donde comienza la novela y donde nacieron Guzel y la protagonista. Pasé unos días vagando por allá, hablando con la gente, escuchándola, metiéndome en patios, saliendo al campo. Todo eso suma después en la mesa de trabajo, en los largos meses de recogimiento con el libro.

El obrero que carga con la caja de herramientas que te mencionaba, también es un eremita, un agrimensor, un tipo que tiene que hacer que el cincel de su prosa sea también un instrumento musical que replique una melodía. Y tiene que conseguir que el lector lea Zuleijá abre los ojos, o cualquier otro libro salido de mi mesa, como si hubiera sido escrito en español.

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