‘Ilustreichon Nao’: una muestra de la ilustración y el diseño en Cuba hoy

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Vista interior de la galería en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales en La Habana durante la inauguración de ‘Ilustreichon Nao’.

El Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV) vuelve a dar cabida al Diseño Gráfico dentro de su programa de exposiciones y abre el año con Ilustreichon Nao. Una exposición curada por Elisa González Martínez que inauguró el pasado 30 de enero, en la sala superior del Centro, y estará abierta al público hasta el 29 de febrero. En el texto que acompaña la exposición, su curadora puntualiza tres premisas sobre las que sostiene su propuesta. Para ir al punto y no disgregarme, me propongo enunciarlas y discutirlas seguidamente aquí. Una a una.

La primera premisa, que es también un propósito, es la que asegura la voluntad de la expo por “mostrar la ilustración cubana actual”. La ilustración, y creo que el diseño gráfico de nuestro país de modo general, carga con el peso de ser deudor (relación sujeta a un compromiso que por lo general me sobra) de todo el movimiento de mediados del siglo pasado, donde se construyó y vendió una idea de Cuba que aún prevalece. Debe ser difícil para los exponentes contemporáneos que, cada vez que se les convoque para una exposición, se parta de la idea de lo grande que fueron los tiempos pasados. Por eso ha de celebrarse la invitación que nos extiende Ilustreichon Nao, en la que, urgida por desbrozarse de esa angustia de las influencias, intenta mostrar un panorama que funciona a la vez de termómetro y nos permite ver por dónde andan los tiros realmente hoy.

Una nómina amplia de un total de 17 creadores fue convocada. Algunos más conocidos que otros, cierto, pero casi todos son diseñadores gráficos de oficio y jóvenes, excepto Renier Quer (Requer), artista visual de marcados referentes gráficos y por su incursión en el mundo de la animación y las historietas. El resto de los participantes en esta muestra de estado son: Zamo Peza, Darwin Fornes, Michele Miyares, Gabriel Lara, Roberto Ramos, Marcos Cuán, Liz Capote, Fabián Muñoz, Nelson Ponce, Yaimel López, Marla Albo, Pablo Montes de Oca, Yahilis Fonseca, Edel Rodríguez (Mola), Aldo Cruces y Raúl Valdés (Raupa)

La segunda de las cuestiones que me lanzo a comentar no deja de seguir cargada de buenas intenciones. La curadora –otra vez, según el statement para la expo– asegura haber querido presentar “una interpretación contemporánea que permite despojar a la ilustración de su fin exclusivamente publicitario, científico o editorial…”

Llama la atención la manera en que aparece enunciado este objetivo. Pareciera que, con la eliminación de toda funcionalidad o utilidad, el arte de la ilustración quedaría liberado de toda mácula o rezago y, con ello, alcanzaría una forma plena, una consagración, el “supervalor” estético. Y esto, bien lo sé, es un camino espinoso, polémico –por decir lo menos.

El año pasado celebramos el centenario de la Bauhaus y, por ende, el nacimiento del diseño gráfico e industrial como las disciplinas que conocemos hoy. Deseo pensar que cierta inclinación hacia el diseño en las propuestas culturales de/sobre la Isla, entre el 2019 y lo que va del 2020 ha estado impulsada por esas festividades. Recuerdo la que titularan Diseñado en Cuba: gráficos de la Guerra Fría, que presentó la House of Illustration de Londres el pasado septiembre, o la aún abierta al público que ande de paso por la Ciudad de México, Cuba: la singularidad del diseño, inaugurada en el marco del Design Week Mexico.

Está de más decir que, desde el nacimiento de la Bauhaus, arte y diseño andan indisolubles por la vida, y que no será la acción de la obra por encargo lo que los pueda separar. La llevada y traída frase de Gropius, “La forma sigue a la función”, zanja cualquier duda al respecto. Y véase que, cuando el maestro hablaba no hacia distinción entre arquitectos, artistas, incluso artesanos o la emergente disciplina de diseñadores; se refería a todos por igual, enfatizando en la responsabilidad que debían asumir con la sociedad. Es decir, no hay nada proscrito en lo útil y funcional.

Ahora bien, en la actualidad las ferias de arte, las galerías, y hasta espacios más sacros como las bienales y los museos, nos muestran un arte que, no sólo en su resultado estético sino en sus propios procesos, devela herramientas y maneras cercanas al controversial Design Thinking. ¿Será que es el arte quien está emulando con el diseño?

La tercera de las premisas echa mano a algunos epistemes del psicoanálisis para vertebrar el conjunto de las piezas concitadas. Dice así: “[La exposición] regida por la noche como espacio temporal, se recrea en ese momento donde, según Freud, baja la censura y se desatan nuestros deseos reprimidos: sueños, pesadillas, obsesiones.”

La noche, el subconsciente, marco temático donde se desarrollan las obras, nuevamente hace evidente un interés en esa anhelada libertad que nos puede garantizar la pureza del Arte. Esa misma búsqueda refuerza la idea de ensayo que brota de Ilustreichon Nao, de ejercicio. Tanto es así que da la sensación de que no se establecieron muchos límites curatoriales a sus creadores, lo cual habla de una necesidad de encontrar procesos más frescos, menos institucionalizados. Ahora bien, no confundir libertad con libertinaje, no siempre esta premisa lleva a feliz término una muestra.

Más allá del discurso que busca respaldar Ilustreichon Nao, una vez que entramos en ella, lo primero que salta a la vista es el predominio del papel y la obra bidimensional. La exposición está circunscrita a dos vertientes fundamentales, el cartel y la historieta, lo cual asombra tras años de crecimiento. La ilustración, que nace ligada ineludiblemente a la imprenta, ha ampliado su campo de acción y, en la actualidad, abarca desde sus funciones más canónicas, como la prensa periódica, la literatura o la ciencia, hasta la publicidad, la moda, el humor, el cine o el videojuego. Ante un panorama tan amplio de posibilidades, extraña no ver incluidos otros exponentes y soportes que hubiesen enriquecido este paneo por la ilustración cubana actual –aunque vale el intento de Nelson y Mola por incursionar en lo tridimensional e intentar romper con los soportes y límites más canónicos.

Las obras van desde propuestas más introspectivas como las de Michele Miyares o Liz Capote hasta las que apelan más al humor como herramienta comunicativa, rasgo característico de la gráfica de diseñadores como Mola, Raupa o Nelson Ponce, este último siempre con un dejo más mordaz. Llama la atención la pieza de Aldo Cruces por la simpleza elegante de su puesta en escena y un envidiable oficio.

Otra impresión que genera la sala al espectador que la transita es la fragmentación y la poca comunicación entre las piezas. Su disposición en el recinto expositivo deja ver a las claras la premisa de “a cada autor, su espacio”. Ubicadas a modo de islas, parecen quedar desprovistas de dialogo entre ellas; sin bien esto pudiera responder al interés museográfico de su curadora por mapear un fenómeno.

En fin, Ilustreichon Nao es una muestra sencilla gestada desde la Institución, con todos los retos y negociaciones que sabemos eso siempre conlleva en Cuba. Su espacio temático es noble, no se compromete con nada más allá de la libertad que da el ejercicio. Para mí hubiese sido la oportunidad perfecta para cuestionar la salud del movimiento en la Isla y de entender dónde se desarrollan los ilustradores en la actualidad, si casi no existen revistas y el medio editorial mengua por día. ¿A dónde ha emigrado el oficio? ¿Vamos al paso del fenómeno enorme y polifacético que es el mundo? Lo interesante de esta muestra puede estar en las interrogantes que deja.

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