Los hombres más sensatos que conozco (tomados en conjunto) son pintores; es decir, son los observadores más vivos de lo que sucede en el mundo que los rodea y los observadores más atentos de lo que pasa por sus propias mentes.
No es exacto decir que Flaubert se retira de sus libros para convertirse en Dios, porque Dios no existe. No, lo que Flaubert hace es retirarse al lugar que Dios ocuparía si existiese.
Los admiradores de Valéry no le hacen ningún favor al enfatizar su extrema lucidez. Lo que los Cahiers muestran es que este hombre, que tanto tiempo pasó pensando sobre sí mismo, apenas se conocía.
Nada más alejado de cualquier esplendor mundano que estas cartas eruditas, intensas e incesantemente sarcásticas en las que el joven Beckett, atenazado por las enfermedades, la pobreza y la lucidez ha esbozado un magnífico retrato del artista como perdedor perenne.
¿Hasta qué punto podemos explicar adecuadamente un poema, cuento o novela ubicando su origen en el rencor, la determinación del autor de celebrar con humor o con férreo desprecio las ofensas de otro?
Presentación
Kobo Abe (Tokio, 1929-Tokio, 1993) fue uno de los principales novelistas japoneses de la segunda mitad del siglo XX. Su obra, definida por la alienación, la (in)comunicación, y un fuerte contenido social, parte de una proximidad estilística con Kafka,...