‘Dos de espadas’: los pintores cubanos Maikel Sotomayor y Richard Somonte exponen en Madrid

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Detalle del cartel de la exposición ‘Dos de espadas’, de Richard Somonte y Maikel Sotomayor (IMAGEN Instagram / richard_somonte)
Detalle del cartel de la exposición ‘Dos de espadas’, de Richard Somonte y Maikel Sotomayor (IMAGEN Instagram / richard_somonte)

Dos de espadas es el título de la muestra bipersonal que los pintores cubanos Maikel Sotomayor (Granma, 1989) y Richard Somonte (La Habana, 1991) presentarán en Madrid entre este 20 de mayo y el 3 de junio. Comisariada por Nayr López García y Beatriz Bullón, la exposición podrá verse en el número 7 de la Plaza Vara de Rey, sede del Estudio Richard Somonte.

Por primera vez, Sotomayor y Somonte exponen juntos fuera de la isla. Con Dos de espadas aluden de manera directa a una carta de la baraja española. En conversación con Rialta Noticias, la curaduría explica que los dos empleos más habituales de esta carta es “la práctica del tarot y el juego brisca o «muerte al tres», como mejor se conoce en Cuba”, y agrega: “En el lenguaje del tarot, esta carta anuncia un enfrentamiento, una lucha, pero también significa la espera ante la decisión de otro. Dentro de las dinámicas de la brisca, aunque no posee valor numérico que acumula «tantos» para quien la posea, es capaz de cambiar el «palo» que está sobre la mesa, la simbología que ha estado dominando hasta ese momento”.

Es decir, el dos de espadas subvierte las jerarquías del juego y cambia el curso de los acontecimientos. Maikel Sotomayor y Richard Somonte, dos de los pintores ineludibles del arte contemporáneo cubano, definen una postura: la de, en conjunción, trazar un camino que modifique las taxonomías. Y que lo haga no solo en relación con la pintura, sino en cuanto a los tiempos de ellos mismos como creadores, ahora asentados en Madrid.

Dos de espadas, adelanta la nota curatorial, “propone atender disímiles enfrentamientos y contradicciones que han tenido lugar en la Historia, reinterpretados desde la postura estética que esgrime cada uno de ellos [Sotomayor y Somonte]. Ambos artistas exponen imaginarios muy personales y proponen cuestionamientos acerca de la manipulación que ha sufrido la construcción de la Historia. La muestra invita a reflexionar sobre personajes, situaciones y contextos, y sobre la manera en que han sido entendidos dentro de ese gran relato como ganadores y perdedores”.

Richard Somonte, conocido sobre todo por deconstruir y pervertir la noción de paisaje en la pintura cubana, recurre otra vez al símbolo. En esta ocasión lo hace desde el retrato de personajes/personalidades: “para poner en crisis las nociones del arquetipo que representa”.

'El desmochador'; Maikel Sotomayor (IMAGEN Cortesía del autor)
‘El desmochador’; Maikel Sotomayor (IMAGEN Cortesía del autor)

“Su espectro de personajes es realmente amplio”, se indica en la nota citada. Por una parte, realiza un paneo por “diferentes culturas, tales como la japonesa de catanas y samuráis, el viejo oeste con cowboys u hombres y mujeres originarios estadounidenses”. Y por otra, investiga eso que conocemos por cultura cubana: “desde músicos underground hasta políticos y poetas”.

Maikel Sotomayor creció en el campo. Su familia es de la Sierra Maestra. Por eso, quizá, “insiste en el paisaje como contexto generador de sentidos históricos”. Para Sotomayor el paisaje es un texto, un tejido, una cámara de ecos.

En Dos de espadas formaliza una parte de la investigación que desarrolla desde hace algún tiempo en torno a los orígenes. Se concentra, principalmente, “en el cronotopo donde coinciden conquistadore(a)s europeo(a)s y pueblos originarios americanos, y explora las derivaciones culturales que aún hoy son tangibles desde conceptos como raza, naturaleza y comportamientos sociales”.

'Avistamiento en el marabú'; Richard Somonte (IMAGEN Cortesía del autor)
‘Avistamiento en el marabú’; Richard Somonte (IMAGEN Cortesía del autor)

El crítico y comisario de arte Andrés Isaac Santana ha dicho en la Plataforma de arte contemporáneo: “Se trata de una suerte de confrontación y de duelo simbólico entre dos formas de entender el hecho pictórico, entre dos subjetividades tránsfugas, entre dos tipos jóvenes que se han convertido, a golpe de pinceladas, en dos indiscutibles referentes de la nueva pintura cubana”.

Dos de espadas podría entenderse como un discurso de la beligerancia, como un ejército dispuesto para la batalla, como un cuartel general. “Plantea”, nos dicen sus curadoras, “dos posturas que convergen en la problematización no solo del desarrollo de los hechos, sino también de la manera en que se han contado”. De esta manera, la muestra atiende “a los puntos de giro, los puntos neurálgicos de cada relato”, y reflexiona “sobre el lugar en que han sido colocados sus seres actuantes”.

Es, en definitiva, sostienen, “un homenaje donde se presta especial atención a la otredad”.

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