‛Látigo’: un Open Studio del artista argentino Rubén Lartigue curado por Andrés Isaac Santana

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De ‘Látigo’, open studio de Rubén Lartigue
De ‘Látigo’, open studio de Rubén Lartigue (IMAGEN Cortesía de Andrés Isaac Santana)

El curador cubano Andrés Isaac Santana ha inaugurado este viernes 10 de mayo en su residencia madrileña un Open Studio del artista argentino Rubén Lartigue. Con esta muestra, el también crítico de arte continúa el programa de su proyecto AQUÍ / Plataforma de arte contemporáneo, que aspira a tomar el pulso a singulares imaginarios artísticos de la diáspora latinoamericana en España. Bajo el título Látigo, una precisa metáfora del carácter eróticamente subyugador de las obras de Lartigue, el Open Studio permanecerá disponible hasta el lunes 20 de mayo. Durante estos días se podrá disfrutar/estudiar la seductora poética del autor gracias a una experiencia curatorial que reproduce algunos de sus principios estéticos.

En palabras del propio curador, el trabajo del argentino –tanto sus pinturas como sus apropiaciones fotográficas– se erige en una “arquitectura del erotismo y de la provocación”. Justamente, erotismo –y las expresiones en que se manifiesta: la seducción, el galanteo, el donaire, el señuelo, la sensualidad, el placer de la mirada que acecha…– es la energía que excitan los cuerpos masculinos representados por Lartigue; unos hombres que portan cabezas de animales (aves, perros, gatos) y que son, en puridad, suertes de esfinges, sátiros, minotauros… Esos “efebos-animales”, dice Isaac Santana, “se divierten en un ritual exhibicionista que activa el influjo de una mirada barroca dadora de los procesos de mestizaje y de simbiosis”. Ellos habitan los bucólicos espacios imaginados por el artista y, “con gracilidad extrema”, rinden “culto al estereotipo del cuerpo masculino homoerótico”. Esos muchachos, “convertidos en trofeos de caza y en objeto de la mirada de los otros”, subraya el curador, “no abandonan su condición de «conquistadores» de la sed de deseo”.

De ‘Látigo’, open studio de Rubén Lartigue
De ‘Látigo’, open studio de Rubén Lartigue (IMAGEN Cortesía de Andrés Isaac Santana

Por supuesto que las imágenes de Lartigue no se reducen a la simple incitación del deseo erótico, ni a la mera exhibición de cuerpos fitness. Ciertamente, el deleite lujurioso a que invita su obra, al exponer los torsos desnudos de esos atléticos muchachos, resulta ya un valor autosuficiente. Pero el argentino utiliza ese simulacro de exhibicionismo como coartada para interrogar la mirada privilegiada por la Historia del Arte. Por ello, sus chicos fitness con cabezas de animales reproducen poses típicas de las mujeres representadas en la tradición pictórica occidental, o recuerdan ciertas esculturas masculinas de la Grecia clásica que desaparecieron gradualmente bajo la regencia de la mirada heterosexual. Por ello, sus “mechadores” ocupan espacios que recuerdan los ambientes propios de la pintura barroca. Incluso alguna pintura alude a una obra de la mismísima Frida Kahlo. Lartigue seduce al espectador, lo descubre cómplice del deseo estereotipado, lo vuelve culpable en su fascinación por esos cuerpos fornidos, y a la vez introduce un gesto de resistencia a ese orden masculino que durante muchísimo tiempo ha sujetado y explotado el cuerpo de la mujer como objeto de la mirada deseante del hombre heterosexual, como una conquista en sus fantasías posesivas.

 

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Mas pocas serían las pinturas de Látigo, y las apropiaciones fotográficas acompañantes, si en ellas no se desbordara el erotismo, que es el ansia de la carne, la ambición de poseer al otro, la complacencia en saberse un cuerpo deseado, el goce del propio físico… En las pinturas y en las fotografías –Lartigue utiliza imágenes publicitarias de moda e interviene a los modelos colocándole cabezas de animales–, el más mínimo recurso plástico alimenta el intento de convertir al receptor en una fiera a punto de saltar sobre su presa. Los adánicos jóvenes del argentino, siempre con sus torsos desnudos, en calzoncillos, cubiertos con sábanas, en shorts cortos, algunos tatuados, posan seductores para el espectador y para sí mismos; parecen muchachos de regreso del gym que toman alguna foto para Instagram (las mismas pinturas reproducen encuadres y ángulos propios de la fotografía). Se saben cuerpos deseados y disfrutan al despertar la sed de quien los mira; incluso sus cabezas de animales lanzan miradas pícaras e incitadoras en una suerte de flirt que busca disparar la energía erótica.

Otro recurso que singulariza la operación de Lartigue. Sus chicos aparecen suspendidos en ambientes que tienen algo de naturaleza muerta; otras veces están rodeados de vegetación o acompañados por animales; en ciertos casos se emplazan sobre fondos estampados con flores. El artista, además, manipula a su favor códigos de la pintura pop (fundamentalmente en el uso del color y de los referentes iconográficos), así como de las estéticas camp y del imaginario cuir. Esas decisiones dotan sus obras de una intencionada artificialidad, un carácter teatral, performático que es también intrínseco del erotismo: el espectador como voyeur en un juego de máscaras.

Las cabezas de animales y los ambientes escenográficos instalan la fantasía; el erotismo eleva el deseo de posesión a una forma de la cultura: una elaboración mental que enriquece/complejiza la sexualidad.

¿Podrían ser estas cabezas de animales una alusión a las populares prácticas de pet play? Quizás. ¿Son acaso un elemento fetichista? También. ¿Constituyen un gesto afirmativo de que los hombres son, en definitiva, la endemoniada figura de la esfinge? Sin dudas. A responder estas y otras preguntas, a pensar el erotismo, el deseo y el lugar del cuerpo masculino en el arte, invita Látigo.

En este Open Studio, Andrés Isaac Santana ha convocado a las dulces fieras de Lartigue (sus muchachos no son nunca salvajes) a fin de que abandonemos por un rato las ataduras sociales y, con suerte, nos dejemos azuzar por los instintos.

Rubén Lartigue monta su open studio ‘Látigo’, curado por Andrés Isaac Santana
Rubén Lartigue monta su open studio ‘Látigo’, curado por Andrés Isaac Santana (FOTO Cortesía de Andrés Isaac Santana)
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ÁNGEL PÉREZ
Ángel Pérez (Holguín, Cuba, 1991). Crítico y ensayista. Compiló y prologó, en coautoría con Javier L. Mora y Jamila Media Ríos, las antologías Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Casa Vacía, 2017) y Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, 2019). Tiene publicado el libro de ensayos Las malas palabras. Acercamientos a la poesía cubana de los Años Cero (Casa Vacía, 2020). En 2019 fue ganador del Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas, en el apartado de Estudios de Arte y Literatura. Textos suyos aparecen en diversas publicaciones de Cuba y el extranjero. Vive en La Habana.

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