Flavio Garciandía no siente como tragedia el peso de la modernidad, sino que se transforma en ese ojo cínico capaz de copiar malévolamente a sus maestros.
'La primera vez que entré al Hermitage y vi a Leonardo, La Madona –yo nunca lloro, soy una mujer que no llora, no me salen las lágrimas–, lloré', confiesa la pintora.
¿Por qué el ojo ve en esos espacios de Linet Sánchez, en esas maquetas que no son cajitas, a Lorenzo, a Simic y a Cornell? Todo reducido para ver bien de cerca.
Estas notas fueron tomadas en los setenta, en el exilio, por la actriz Myriam Acevedo durante una conversación con su esposo, el pintor Jorge Carruana Bances.
La relación de la política cultural revolucionaria con el arte contemporáneo cubano es una relación de fricciones, tolerancia selectiva y normalizaciones políticas.