Voces críticas de la sociedad civil cubana rechazan carta de UNEAC que niega la violencia estatal y respalda al régimen tras protestas ciudadanas

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Foto (invertida) del Martí de la entonces Plaza Cívica de La Habana (del escultor Juan José Sicre), realizada en 1957 por Ernesto Fernández. (IMAGEN Facebook / Julio López-Casal)
Foto (invertida) del Martí de la entonces Plaza Cívica de La Habana (del escultor Juan José Sicre), realizada en 1957 por Ernesto Fernández. (IMAGEN Facebook / Julio López-Casal)

Voces críticas de la sociedad civil rechazaron tajantemente, desde la isla y desde el exilio, una reciente carta patrocinada por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) que –a contrapelo de los numerosos testimonios y la amplia documentación que circula en las redes sociales y en los medios independientes– niega la existencia de represión gubernamental contra disidentes políticos y manifestantes pacíficos en las calles.

“Hoy en la mañana me hicieron llegar desde la UNEAC el documento «Mensaje de educadores, periodistas, escritores, artistas y científicos cubanos a sus colegas de otros países», para si estaba de acuerdo con su contenido, lo suscribiera”, contaba hace unos días en Facebook el ensayista y crítico de cine Juan Antonio García Borrero, quien más adelante sostenía: “En cuanto al documento en sí, no tendría absolutamente nada que reprocharle, si no fuera porque, a mi juicio, posterga una vez más la hora de ese debate nacional que tanto necesitamos, un debate que nos ayude a entender la esencia de esta crisis que vive en la actualidad la nación. Porque, aunque sea real lo que apunta el documento en lo circunstancial, se está dejando a un lado lo que a mi juicio resulta clave para comprender el porqué de las protestas ciudadanas, por ejemplo, y es la acumulación sistemática de no respuestas a los problemas que se han estado planteando durante décadas”.

“Ahora mismo en Cuba, por poner un ejemplo, tendríamos un gran problema: las autoridades y la Constitución dicen que hay derecho a protestar, pero en la práctica, eso no funciona. Y el peligro de que la violencia más irracional se desate en el momento menos pensado, está allí latente: ¿cómo resolvemos ese problema?”, reflexionaba finalmente el intelectual camagüeyano.

Todavía más incisivo fue el mensaje publicado por su colega Dean Luis Reyes, quien elogió la postura de García Borrero: “su rechazo a sumarse a ese engendro”.

Reyes interpeló a sus colegas de la UNEAC. En particular, preguntó a “varios, cuya firma ahí aparece, algunos de ellos amigos fuera y dentro de Facebook, y a quienes quiero y querré”, si todos “se sienten bien acompañados [en la lista de signatarios] de voceros, funcionarios oficiales, y hasta de Alpidio Alonso, un ministro que encabeza golpizas y arrestos violentos. O de un cantautor que enarbola el «Patria o muerte» cuando lleva una vida de burgués. O de sujetos que mienten y manipulan en la televisión y la radio”.

Asimismo, se preguntaba Reyes si los firmantes habrán calado “lo que supone suscribir la frase: «La represión sólo existe en los mensajes que incitan a la violencia y respaldan el bloqueo, contrarios a los intereses y anhelos de la Patria». Espero que sepan”, y proseguía: “le lavan la cara a un régimen policial. Que los cargos y palmaditas en el hombro que hoy disfrutan no son para siempre. Que le hacen el trabajo sucio a un aparato de poder que es la vergüenza del mundo cuando dicen: «Nos identificamos con el esfuerzo y la abnegación de las autoridades cubanas». Que su firma aquí los va a acompañar en la memoria de todos”.

“Manifiesto de la desvergüenza: eso es lo que han firmado comisarios culturales, intelectuales, artistas y otras figuras de la cultura, la educación y las ciencias en Cuba; así lo definió el escritor Amir Valle, quien dedicó una entrada en su canal de YouTube a la actual situación de Cuba, donde son cada vez más frecuentes los brotes de la protesta callejera.

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“En la lista hay nombres de miserables que han demostrado su mediocridad, su miseria humana y su oportunismo”, dijo Valle en Facebook, “pero también hay muchos que conozco, que admiro, y que sé bien por nuestra amistad o relación de años que en lo privado son muy críticos con la realidad social impuesta por la pésima gestión gubernamental de Fidel [Castro], Raúl [Castro] y ahora los jerarcas militares que mueven los hilos de [Miguel] Díaz-Canel y el resto de las marionetas”.

Para el dramaturgo y opositor político Yunior García, afincado desde hace casi un año en España, “la carta que ha sacado la UNEAC, firmada por un grupo de artistas e intelectuales, es tan infame como el golpe del esbirro contra el rostro de aquella mujer.

“¿Hasta qué punto han vendido su alma, como Fausto, a cambio de migajas? ¿En nombre de qué dignidad se humillan ante un régimen DICTATORIAL que sólo ha generado miseria, represión y nuevas injusticias? ¿Qué coño es lo que defienden?”, también interrogaba retóricamente García, quien zanjó: “Puedo entender lo que hizo [Heberto] Padilla, en otras circunstancias, en otros tiempos. Pero a ustedes, a estas alturas, no hay quien los entienda. Y no hay quien los perdone”.

A su vez, el artista visual Julio Llópiz-Casal señaló en redes sociales lo que, en su opinión, constituye un fundamento del régimen de la isla: “El TOTALITARISMO en Cuba se mantiene gracias a personas siempre dispuestas a RELATIVIZAR EN MAL y DESLEGITIMAR EL DISENSO. JUSTIFICAR UN CRIMEN ES TAMBIÉN UN ACTO CRIMINAL”.

“Una carta que retrata el cinismo castrista con su «máscara culta» en un paisaje de miseria y aridez sin igual”, opinó el historiador del arte Osmany Suárez Rivero. “Pero todxs los firmantes son aquel y aquel es ningunx frente a un pueblo que no necesita probar sus afirmaciones”.

Al igual que Suárez Rivero, el periodista y escritor Carlos Manuel Álvarez relacionó la misiva pública de la UNEAC con aquella –titulada “Mensaje desde La Habana para amigos que están lejos”— que en 2003 firmó una nómina más breve de intelectuales y artistas cubanos a la vera de los fusilamientos de tres jóvenes que intentaron el secuestro de una embarcación para salir de Cuba.

“Esa carta es una mariconá del régimen con su rebaño. […] Yo la agradezco, básicamente los dichava y nos entrega un prontuario actualizado de la simulación y la cobardía cómplice. ¿Va a ayudar en algo al régimen? En nada. Los quema por gusto. O no por gusto. Los quema para que la memoria del porvenir no los deje sobrevivir en paz”, escribió en Facebook el autor de La tribu (2016) y Falsa guerra (2021). “La de 2003, que sí la firmaron pesos pesados, es hoy un estigma que nadie puede quitarles a ninguno de ellos, y algunos han salido diciendo al cabo de los acontecimientos que nadie los consultó. Lo siento, hay manchas que no se borran. Justificaron y apoyaron crímenes. Ahora estos hacen lo mismo con la represión”.

El realizador audiovisual Juan Pin Vilar enlistó varios puntos a propósito de “la declaración de la UNEAC”; entre ellos, el 2: “no me extraña que la firmen tantos ancianos”; el 3: “no me extraña que la firmen tan pocos artistas que valgan la pena”; el 4: “recuerden que la última «carta a los amigos» que se firmó en comparsa con el gobierno, sirvió para legitimar el fusilamiento de tres jóvenes negros”; el 5 y el 6: “no firmo documento alguno que acompañe el nombre de aquellos que no tuvieron la integridad de aparecer el 27 de noviembre del 2020” y “no firmo documento alguno que acompañe el nombre de aquellos que pidan una invasión armada o sanciones económicas contra Cuba”, y el 7: “vergüenza debía darle a los artistas que firmen cualquier documento que azuza la violencia, pretextando evitarla”.

Tras reiterar su oposición a las sanciones de Estados Unidos contra Cuba (un expediente supuestamente justificativo al que vuelve a apelarse por enésima vez), e insistir en que “las principales causas de la terrible crisis que vive la sociedad cubana residen en las políticas económicas adoptadas por el Gobierno y por la dirección del Partido gobernante y único”, el economista Mauricio de Miranda sostuvo que resulta inaceptable que “en esa misiva nieguen que se produzca represión en Cuba, desde el poder y sus órganos de seguridad, cuando de una forma clara y diáfana se muestran golpizas en fotografías, vídeos y testimonios de personas decentes y conocidas”.

A continuación, De Miranda plantea una serie más bien abrumadora de preguntas: “¿No es represión golpear a personas indefensas y desarmadas, y para más desvergüenza a mujeres?”; “¿No es represión hostigar a ciudadanos en el pleno ejercicio de sus derechos impidiéndoles salir de sus casas libremente?”; “¿No es represión cortar las comunicaciones de personas que han optado por un activismo político al que tienen derecho como seres humanos libres?”; “¿No es represión forzar a opositores a abandonar el país como si quienes lo propician fueran dueños y señores como en los tiempos feudales?”; “¿No es represión impedir el regreso de ciudadanos cubanos a su casa, a su país, cuando concluyen un viaje o una estancia en el exterior por el solo hecho de realizar un activismo político contrario al poder?”; “¿No es represión expulsar de las aulas a profesores o estudiantes o a científicos por sus ideas políticas?”.

Y, claro, el economista las resuelve en pocas líneas: “Claro que es represión. Es una represión vergonzosa y cobarde. Y es vergonzoso que alguien todavía se pavonee con el autocalificativo de revolucionario mintiendo sobre algo que todo el mundo puede ver con sus propios ojos. ¿Es que ya no queda un mínimo de decencia?”.

En tanto, la historiadora Alina Bárbara López Hernández, coordinadora de La Joven Cuba, declaró que no está de acuerdo con “ningún pronunciamiento que exima al gobierno de mi país de la máxima responsabilidad que le compete en la profunda crisis económica, política y social que hoy vivimos”.

“Por tal razón no concuerdo con la declaración aparecida en varios medios oficiales que niega la represión y alude a ella como una fabricación de las redes sociales”, estableció. “Como intelectual y académica residente en Cuba, sugiero a mis colegas que sean coherentes y éticos antes de sumar su rúbrica a un documento que manipula y falsea la realidad cubana. Hoy más que nunca la intelectualidad debe estar con las necesidades de la nación, que no son las del poder”.

“¡Vergüenza ajena!”, exclamaba a su vez en Facebook Ivette García González. “Como intelectual cubana, profesora y escritora, siento una profunda vergüenza al leer el reciente Mensaje/Declaración de educadores, periodistas, escritores, artistas y científicos de Cuba a sus colegas de otros países”.

“¿Cómo es posible que a estas alturas se niegue la represión que existe en el país? ¿Cómo es posible desmarcarse sin rubor de la penosa realidad que vive nuestro pueblo día a día, incluyendo los miles de jóvenes que escapan a cualquier parte porque Cuba se ha vuelto un país invivible? ¿Cómo es posible que se ignore la cantidad, incluso de educadores, periodistas, escritores, artistas y científicos que están presos, que han sido expulsados del país o viven reprimidos sólo por pensar y expresarse diferente al poder?????”, inquiría enfáticamente la académica cubana.

Para la escritora holguinera Zulema Gutiérrez, “no hay mejor manera de definir a esos «firmantes»: asco de artistas e intelectuales. Asco de institución. Asco de ministro manoteador. Asco de sistema”.

Gutiérrez emplazó descarnadamente a los remitentes: “Lo que pasa es que el carro o la peña o el viaje hay que cuidarlos. Lo que pasa es que la 35 importa más que la moral y la decencia. Lo que pasa es que todos ustedes son unos hipócritas. Lo que pasa es que el miedo les ha quebrado la lengua, el cerebro, las rodillas. Lo que pasa es que en muchos casos no hay suficiente talento como para figurar sin la ayuda de la institución que aúpa a cambio de un intelectual que no cuestione los errores de la continuidad”, dijo Gutiérrez, antes de ubicar a los firmantes en el presente isleño y de vaticinar su sitio en la memoria colectiva de la nación: “Pero ustedes no son mansos, ni miedosos, ni oportunistas solamente: ustedes son la vergüenza del arte en Cuba. Ustedes son el jabón de la bodega que están utilizando para lavar la carita de Pinpón el Represor. Ustedes serán recordados siempre como los cobardes de la UNEAC”.

Según Ricardo Acosta, miembro de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, “la carta de la UNEAC y sus firmantes, aparte de hacerle la apología a la violencia de Estado del totalitarismo cubano, además de ser chea y trasnochada, pírrica en sus ademanes desesperados de sostener el desamor y el abandono, es también un «fresco erosionado» de lo que ya no suena, no sueña, no define a lo mejor del acervo cultural vivo de la nación partida”.

“Es una lista interminable de firmas y firmantes tristes, apagados, envueltos en su ceguera cómplice y reaccionaria”, dijo el prestigioso editor de cine.

Por su lado, la fotógrafa y curadora Mabel Llevat destacó la “cara de plástico” de los “[artistas] plásticos” firmantes de la carta: “Sosabravo, Nelson Domínguez, Flora Fong, Lesbia Vent Dumois, Manuel López Oliva, Alberto Lescay, José Ramón Villa, la generación de «La Esperanza Cierta» al pecho”.

“Ven acá, ¿hasta cuándo el cuento con las matas de plátano, los girasoles y las hamacas?”, los interpeló LLevat, quien acaso iluminó con su post de Facebook más de una “moraleja”: primero, que “la estrategia de desmovilizar el arte crítico de las ciudades trayendo jóvenes agradecidos «del campo» funcionó no sólo para el cuerpo policial”; segundo, que esos estampadores de firmas está “agradecidxs de la Revolución que les permitió hacer su pintura bucólica campestre en labana y ganar fama y fortuna”.

En un hilo de Twitter, el intelectual católico Leonardo M. Fernández Otaño advertía: “Yo sé que muchos no quieren perder los privilegios, pero les recuerdo que para caer en desgracia en Cuba sólo hay que pensar y disentir. Cuidado, colegas, porque cuando vengan por Uds. ya no va existir quien reclame y tal vez sólo les quede un indigno insilio”.

El popular humorista cubano Ulises Toirac lo resumió así en redes sociales: “No se puede pedir amor con estacas y botas. No se puede pedir confianza cuando es infinita la manera en que la malgastan. No se puede hablar de ideales cuando su supervivencia se basa en la fuerza de la imposición y la imposición de la fuerza”.

La carta merecedora de tal repulsa no es la única aparecida recientemente en medios oficiales y espacios institucionales cubanos, luego de que se hayan encendido múltiples focos de protesta callejera en La Habana y otros puntos de la isla, avivados por la interminable crisis económica –y en particular energética–, la falta de vías políticas efectivas para canalizar el descontento generalizado y, más recientemente, el paso destructivo del huracán Ian por el occidente del país.

Así las cosas, ese catálogo de proclamaciones oficiosas incluye también una “Declaración de las instituciones martianas de Cuba”; “¡Con Cuba, solidaridad y aliento!”, de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, y “Ante la Cuba virtual, la Cuba real. Declaración de la Casa de las Américas”.

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