'Trabajadores espaciales socialistas', ilustración de Gennady Golobokok, 1973
'Trabajadores espaciales socialistas', ilustración de Gennady Golobokok, 1973

Una de las consecuencias del brusco corte en la evolución de la literatura cubana que se produce en 1971, por causas puramente extraliterarias, fue la casi completa desaparición de la corriente fantástica que tanto auge había alcanzado en la década anterior, sometida a una crítica inspirada en los principios del realismo socialista. Dentro de esa corriente no realista se incluía también a la ciencia ficción, que había estado íntimamente vinculada con lo fantástico y la literatura del absurdo, como se ve, por ejemplo, en el caso de Ángel Arango (1926-2013).

La historiografía suele señalar al año de 1978 como la fecha en que se reanudó la publicación de ciencia ficción en Cuba, momento en que se inicia asimismo un período que dura hasta 1990 conocido como “ciencia ficción de los ochenta”, durante el cual hubo un florecimiento inusitado del género en Cuba, tanto por la cantidad de obras publicadas como por el número de autores involucrados. De modo que siempre se ha creído que en la primera mitad de los setenta se interrumpió por completo la publicación de ciencia ficción cubana en la isla.[1] Esto es cierto en general (no se publicaron libros), pero con una curiosa excepción. En 1972 y 1974, es decir, en el momento álgido del llamado Quinquenio Gris (y en lo que ha sido considerado una zona de silencio en la ciencia ficción cubana), el autor cubano Alfonso de los Santos Hernández publicó sendos cuentos de ciencia ficción en la revista Bohemia (que era por entonces la revista cubana más leída).[2] Alfonso de los Santos nació en 1929 y al parecer trabajó en Bohemia durante la década de los sesenta como corrector de pruebas. Estudió periodismo en los setenta y colaboró en las revistas Verde Olivo y Santiago. Su libro Vísperas recibió Primera Mención en el Concurso 13 de Marzo y fue publicado por la editorial Letras Cubanas en 1984. Los cuentos de ciencia ficción de este autor son interesantes porque anuncian algunas de las características que tendría la posterior ciencia ficción cubana de los ochenta. Es decir, ya De los Santos empieza a apartarse de la poética que animaba a la ciencia ficción de la década anterior. Dado que es improbable que sus cuentos se reediten, voy a resumir brevemente el argumento de ambos.

El cuento de 1972 se titula “Hallazgo en la Amazonia”.[3] Una expedición paleontológica al corazón de la Amazonia tiene un encuentro con unos alienígenas de forma arborescente que se desplazan mediante unas “raíces-pies” móviles y que disponen de una tecnología mucho más avanzada. Los seres de otro mundo son amistosos e incluso protegen a los humanos del asalto de un jaguar. Les explican que están allí extrayendo turba, de la cual ellos se alimentan y que en su propio planeta está desapareciendo. A cambio, los alienígenas les traen un trozo de piedra y les aseguran que en el interior los investigadores encontrarán lo que estaban buscando. Después que los forasteros se marchan, los humanos constatan admirados que no han dejado rastro de sus labores de extracción. Al abrir la piedra descubren que dentro hay un fósil.

El cuento, que es una historia de primer contacto, muestra una relación asimétrica entre dos civilizaciones: una muy avanzada y otra (la terrestre) “subdesarrollada” en comparación. Los alienígenas están allí solo para explotar los recursos de la Tierra, pero se nos asegura que esto no es perjudicial, ya que la reserva de turba terrestre es “inextinguible”. Los forasteros son amistosos y respetuosos con los humanos y, antes de irse, les hacen un obsequio, con lo cual la relación adquiere un matiz de reciprocidad, es decir, deja de ser una “explotación” simple. De los Santos parte implícitamente del supuesto de que una civilización tecnológicamente más avanzada tendrá necesariamente una conducta altruista y ética. Con esto el conflicto en el cuento queda reducido casi a cero (esta falta de conflicto dramático es la principal debilidad del relato). Los científicos terrestres son buenos y los alienígenas son aún mejores. Eso es todo.[4]

Este cuento tiene un interés que rebasa en mucho su muy modesto nivel literario. Es una historia de un tipo como no se había escrito en la década anterior en Cuba y anuncia ya la llegada del realismo socialista, aunque todavía en una forma discreta.

El realismo socialista en la narrativa se caracteriza por un conjunto de rasgos entre los cuales los que más nos interesa destacar aquí son: optimismo, héroe positivo, idealización, sacrificio ritual, falta de conflicto (en ruso безконфликность y en inglés conflictlessness), “código heroico” o culto al heroísmo y didactismo.[5] Los principios vigentes en la novela soviética de los años cincuenta fueron adaptados a las características propias de la ciencia ficción y el primer modelo (y el más influyente) fue La nebulosa de Andrómeda (1956), de Iván Efrémov. A los rasgos generales del realismo socialista, Efremov añadió una visión utópica concordante con los principios del marxismo-leninismo, aunque ya el propio realismo socialista, como escriben los investigadores ucranianos Tetiana Sharova et al., incluye la “afirmación de un concepto utópico del mundo y una cosmovisión utópica”.[6] Debe tenerse en cuenta también que la utopía siempre había sido una de las fuentes de la ciencia ficción e incluso muchas obras tempranas de este género son utopías.

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La extrema idealización de los personajes protagónicos en el realismo socialista, fruto inevitable del dogma del héroe positivo, trae como consecuencia esa tendencia a la baja conflictividad (o a centrarse en conflictos irrelevantes) que es característica de este tipo de literatura. Ese rasgo se origina en la imposibilidad de formular críticas a la realidad utópica descrita. Abram Tertz (seudónimo de Andréi Siniavski), por ejemplo, en su estudio On Socialist Realism (1960), decía que en la Unión Soviética se llegó incluso a escribir novelas donde todos los personajes eran héroes positivos. Y a continuación precisaba:

Esto es completamente natural pues estamos cada vez más cerca del Objetivo [i.e., la sociedad sin clases, el Comunismo]. De modo que si un libro sobre el presente no trata de la lucha contra los enemigos, sino, digamos, sobre una granja colectiva modelo, entonces todos los personajes pueden y deben ser positivos. Presentar personajes negativos en esa situación sería extraño, como mínimo. Y así surgen esos dramas y novelas donde todo transcurre sin problemas y pacíficamente. Si hay un conflicto entre los héroes, es un conflicto entre lo bueno y lo mejor, entre el modelo y el supermodelo.[7]

El resultado inevitable de esa práctica era el aburrimiento del lector. Como dice Jonathan Gottschall en The Storytelling Animal: “Hell Is Story-Friendly”;[8] es decir, en la literatura lo normal es presentar conflictos muy agudos que enfrentan a los personajes entre sí o que los ponen en contradicción con ellos mismos, y habitualmente se espera que el personaje sea un reflejo de la naturaleza humana y no un modelo de nada.

Años atrás, Juan Carlos Toledano, en un estudio de las novelas de ciencia ficción del cubano Ángel Arango, al abordar este mismo problema escribió: “Dado que el hombre nuevo es un personaje bueno o mejor que cualquier otro hombre, y que los personaje malos no pueden ser socialistas, los autores de ciencia ficción solo podían ofrecer dos soluciones para el conflicto dramático: las búsquedas científicas y el malvado villano capitalista o contrarrevolucionario”.[9] Es posible ver, en efecto, que los autores inspirados en el realismo socialista, al menos en el campo de la ciencia ficción, apelaron a alternativas para dotar a sus obras de una imprescindible dosis de conflicto: primero, desplazar el conflicto fuera del campo utópico, concebirlo como una lucha entre el héroe positivo y las fuerzas de la reacción, que coexisten con la sociedad utópica (en un mundo dividido, por ejemplo, o en otro planeta), o que siguen existiendo como remanentes o supervivencias dentro del presente de la obra. Un ejemplo de sociedad de clase hostil en otros planetas se encuentra en Guianeya, una novela del autor soviético Gueorgui Martínov, sin demasiados méritos literarios pero que influyó mucho en la ciencia ficción cubana.[10] La otra fuente del conflicto se fue a buscar en el enfrentamiento de la humanidad con el universo, al cual después se añadía la noción de sacrificio. Por eso es que las obras de la ciencia ficción soviética abundaban en accidentes que ponían en riesgo la vida de los protagonistas o que incluso los mataban. (Erik Simon, al referirse a los clichés típicos de la ciencia ficción soviética, menciona “las obligatorias tentativas de rescate de astronautas accidentados y el sacrificio de la felicidad propia, a menudo de la vida misma, al servicio de la ciencia”).[11] Esta muerte del personaje, sin embargo, estaba llena de sentido y era presentada como un sacrificio necesario, como un precio que se debía pagar para que el futuro se abriera paso. El sacrificio se supone que sea fruto de una decisión del personaje; pero incluso cuando este factor de elección consciente falla, se presentan las cosas de tal manera que se infiera que la muerte o el sufrimiento no fueron absurdos o inútiles.

El tema del conflicto de la humanidad con el universo aparece por supuesto en la ciencia ficción occidental y, en particular, es muy típico de la variedad llamada “ciencia ficción dura”. Pero no suele estar asociado con lo que Katerina Clark, en su clásico estudio sobre el realismo socialista soviético The Soviet Novel, llamó “sacrificio ritual”.[12] Y asimismo es frecuente el motivo de los accidentes en este tipo de ciencia ficción. Por ejemplo, A Fall of Moondust, de Arthur C. Clarke, gira en torno a un accidente en la Luna. Pero está ausente la idea de que la solución del conflicto requiera del sacrificio de uno de los protagonistas, como ocurre, por ejemplo, en el relato “La columna negra”, de Voiskunski y Lukodianov, otra historia que fue bien conocida en Cuba.[13] Es decir, en la ciencia ficción occidental los accidentes son resueltos gracias a la aplicación del ingenio y los conocimientos tecnológicos y científicos de los personajes (como en Misión de gravedad, de Hal Clement, por ejemplo), mientras que en la ciencia ficción soviética siempre se infiltra esa extraña (si se la mira bien) idea de que hay que pagar un precio de sangre.[14]

“Hallazgo en la Amazonia”, de Alfonso de los Santos, tiene tan poca anécdota que casi pasamos por alto la cuestión principal: que en esto precisamente radica el meollo del relato, en que el primer contacto entre los terrestres y una civilización alienígena no genera ningún conflicto. Esto era una novedad, pues la ciencia ficción cubana de la década del sesenta, por el contrario, se distinguía por la acuidad de los conflictos que presentaba, que no excluía las relaciones entre humanos y alienígenas. Uno de sus temas más comunes era el choque entre distintas normas culturales como causa de malentendidos y choques entre la humanidad y los extraterrestres. Este es, por ejemplo, el tema del antológico cuento “El cosmonauta”, de Ángel Arango. (Fue el cuento más publicado del autor fuera de Cuba y mereció un comentario del escritor Alfred Van Vogt; en la isla el cuento más antologado y reimpreso siempre ha sido “Un inesperado visitante”, sin duda por su temática social, pero “El cosmonauta” es uno de los mejores cuentos de Arango y plantea un problema totalmente serio). Los tres minicuentos que José Hernández Artigas publicó en 1963 bajo el título de “Cósmicas” tienen también como tema en común la citada pugna entre normas culturales diferentes (y no se puede descartar que Arango, de algún modo, haya escrito “El cosmonauta” bajo la influencia de aquel). También varios cuentos de El libro fantástico de Oaj, de Collazo, abordan este tema del conflicto entre normas culturales divergentes, y no se puede dejar de mencionar “Pilones, pilones y más pilones” y “No me acaricies, venusino”, de Juan Luis Herrero, también construidos en torno a esta confrontación. Vale añadir también que ya en su antes citado trabajo sobre Ángel Arango, el profesor español Juan Carlos Toledano (uno de los primeros en estudiar la relación de la ciencia ficción de la Isla con los modelos del realismo socialista) había notado este mismo déficit de conflicto en la ciencia ficción cubana de los ochenta, en relación con lo cual no vaciló en opinar que se trataba de “un rasgo incorporado desde el realismo socialista”.[15] En general, puede decirse que, mirando más allá de la ciencia ficción, casi todo el arte, el cine y la literatura cubanos de esa época quedaron marcados, de un modo u otro (y en una u otra medida), por la susodicha conflictlessness.

Un detalle interesante del cuento es la intervención de alienígenas no humanoides, lo cual lo aparta de las convenciones de la ciencia ficción soviética, caracterizada por su antropomorfismo, y revela la influencia de la ciencia ficción occidental.[16]

En, “Simbiosis”,[17] el otro cuento de De los Santos, de 1974, al igual que en la historia anterior, tampoco hay una ideologización evidente, aunque significativamente está precedido de un epígrafe de F. Engels. Se pierde la comunicación con una nave mientras esta exploraba un pequeño planeta y envían una misión de rescate en su búsqueda, encabezada por el capitán Encinares. La atmósfera del planeta es respirable y el suelo consiste en una tierra negro-azulada “rica en albúmina”, según precisa el autor; una niebla cubre el terreno hasta donde alcanza la vista. Aparte de eso, el paisaje es un desierto. La misión de rescate halla que la nave está intacta, pero dentro encuentran los cadáveres de sus tres tripulantes. Una libreta de notas dejada por el biólogo de la expedición les permite enterarse de lo sucedido: los astronautas que han respirado el aire del planeta son atacados por bacterias nativas, que les provocan intensas cefaleas y pérdida de la memoria. También descubren que la niebla está compuesta de esos mismos microorganismos. Encinares y su tripulación dan sepultura a los muertos, pero durante la exploración de la nave un miembro del equipo, llamado Cliford (sic), se contagia. Los intentos por hallar una cura son infructuosos y Cliford, consciente de su destino, opta por el suicidio. Cuando sus compañeros van a enterrarlo, descubren que sobre las tumbas cavadas dos días antes han comenzado a crecer brotes de plantas, lo cual provoca gran emoción entre ellos: “¡Pueden ser futuros árboles! […] ¡Guisantes, tal vez! ¡Tal vez rosales!”. Y con esta exclamación jubilosa termina la historia.

El cuento es una variación del tema universal de “la vida en la muerte”: los astronautas son víctimas de las bacterias del mundo que han descubierto, pero de ellos nace una nueva vida, en la forma de vegetación. Este es también el tema de la metamorfosis, tal como aparece en la mitología, y de la muerte-resurrección. Pero el relato, a pesar del accidente y las vidas perdidas, es en última instancia optimista, ya que esta muerte no es el fin, la nada, sino una transición hacia una nueva forma de existencia. Aunque el cuento no lo dice, cabe suponer que los humanos transformados en vegetales se integrarán al ciclo de la vida en el mundo alienígena, añadiendo un nuevo elemento de complejidad, antes ausente (a lo largo del relato se insiste en que el planeta es un desierto con formas de vida muy rudimentarias). El tema de la muerte-resurrección ha sido relacionado con el realismo socialista por Katerina Clark:

El simbolismo de la muerte y el nuevo nacimiento está en el corazón de todo rito de pasaje. En la novela estalinista la muerte y la mutilación simbólica tenían una función predominantemente mítica. Cuando el héroe se libera de su yo individualista en el momento del pasaje, muere como individuo y renace como una función de la colectividad.[18]

Nótese también que en el cuento no se describe una simbiosis propiamente dicha. Este título solo es comprensible si se acepta que los terrestres han obtenido algo a cambio de su dolor y muerte (que es lo que parece sugerirse). Compárese este giro con la anécdota del cuento “El planeta negro”, de Ángel Arango, donde el sacrificio de los astronautas es estéril, absurdo, carente de sentido.[19] O sea, en el trasfondo de “Simbiosis” aparece el tema del sacrificio, que fuera estudiado a fondo por Clark en The Soviet Novel.[20] En particular, Clark se refiere al carácter ritual que tenía el sacrificio en la literatura del realismo socialista:

El sacrificio desempeñaba un papel fundamental en todas las novelas estalinistas. Las razones de esto, sin embargo, no estaban limitadas al mito revolucionario ruso y a la práctica estalinista real. Eran, en parte, formales, es decir: el sacrifico es un elemento fundamental en el rito de pasaje, tanto en las preparaciones para el rito como en el momento del paso como tal.

Los cuentos de Alfonso de los Santos ya anuncian la nueva visión, y hasta algunos de los temas, que serán predominantes en la ciencia ficción cubana de los ochenta, de la cual son precursores. Antes de la década del setenta el único cuento de ciencia ficción de realismo socialista publicado en Cuba (hasta donde conozco) fue “Vuelo al origen”, de Franco Martín, que apareció en la revista Bohemia en 1965.[21] No he podido hallar ningún dato sobre este autor, que probablemente no era cubano, sino un técnico o profesional de América del Sur invitado a trabajar en Cuba.[22]

Resumo brevemente su argumento. Regia es un planeta habitado donde descendientes evolucionados de los seres humanos han alcanzado un elevado grado civilizatorio. Pero hay un enigma que los intriga: este desarrollo presupone, según ellos, al menos un millón de años de evolución, pero Regia no es un mundo tan antiguo. ¿Dónde se originó, pues, la especie humana? Guiados por la intuición del innominado protagonista del cuento, un grupo de exploradores viaja a la estrella Mindra, en la galaxia vecina, en busca de respuestas. En el octavo planeta descubren los restos de una antigua civilización y entre ellos una placa, dirigida al futuro, con la explicación que buscan. Tiempo atrás el sistema original de la humanidad fue destruido cuando su sol se convirtió en supernova. Entonces crearon un nuevo hogar en Mindra, una estrella de la constelación del Auriga:

Para preservar nuestra civilización, nuestro pueblo y nuestra doctrina social, nos hemos visto en la obligación de venir a este [planeta], para no dejar que se extinga la misión que tenemos como parte integrante de este universo y de aquí seguir al resto de los mundos, inclusive las más distantes nebulosas, a llevar nuestro mensaje de paz y civilización. Quizás algún día alguno de nosotros regrese en busca de su origen.

Y el mensaje es calzado con la firma: “El Presidente del Consejo de Gobierno de la Confederación del Sistema Solar, Año 100 000 del Manifiesto de Marx y Engels”.[23]

Esto, más bien que una obra literaria, es una ficcionalización de la ideología, expuesta además de una forma burda. Pero el cuento es interesante por otro motivo: los que conocen la ciencia ficción cubana de los ochenta no podrán dejar de notar las similitudes temáticas. Pero ¿por qué en Cuba no se escribieron obras de ciencia ficción de este corte ya en los sesenta? Los promotores del realismo socialista en la Isla estaban muy activos en esos años, pero la mayoría de los escritores cubanos (y artistas en general) rechazaba tales fórmulas, que habían mostrado su esterilidad en otras latitudes, y la literatura cubana logró desarrollarse, al menos por un tiempo, al margen de una estética que imponía a la creación un pesado yugo ideológico. Hablando de las características del realismo socialista en la Unión Soviética y sus diferencias respecto de las ideas dominantes sobre el arte en Occidente, Jørn Guldberg señalaba: “la expresión abierta de lo político [political explicitness] y la falta de ambigüedad ideológica son ideas incompatibles con la verdad artística –ideas que entran en conflicto con la naturaleza del arte”.[24] Hay un acercamiento (nada estridente) a las problemáticas sociales en ciertas obras de Arango y Collazo.[25] Pero ninguno de ellos trató de dibujar el futuro a la luz de las ideas del marxismo-leninismo de inspiración soviética. Durante los sesenta incluso se escribieron algunas obras satíricas, aunque este nunca fue el tono predominante en la ciencia ficción cubana de esa época. Los ejemplos más interesantes los encontramos en Juan Luis Herrero (“Cromófago” y “Menelao tiene sueño”, ambos de 1964)[26] y Miguel Collazo (“El laberinto de Mñes”, 1967).[27]

Ilustracion del cuento Simbiosis de Alfonso de los Santos | Rialta
Ilustración del cuento “Simbiosis” de Alfonso de los Santos, en ‘Bohemia’

Los cuentos de De los Santos no sobresalen por su nivel literario y son más bien una muestra del retroceso estético de los setenta, pero no deberían ser pasados por alto en una historia de la ciencia ficción cubana, sobre todo teniendo en cuenta la escasez de ejemplos provenientes de esos años. Estos cuentos muestran que ya a comienzos de los setenta estaba en marcha el proceso que llevaría al establecimiento de un nuevo tipo de ciencia ficción en Cuba, marcado por la influencia soviética y los modelos del realismo socialista. Los relatos de este autor todavía exhiben algunas huellas de la ciencia ficción de los sesenta, lo cual se ve en su estilo metafórico (ostensible en el segundo), la forma en que eluden la ideologización directa y la representación de alienígenas no humanoides, propia más bien de la ciencia ficción occidental, e incluso en el motivo del suicidio, que devendría un tabú. Pero al mismo tiempo ya anuncian la nueva visión que será distintiva de la ciencia ficción escrita en la Isla en los setenta y los ochenta. Por lo tanto, puede decirse que con la aparición de estos cuentos quedaba definitivamente clausurada la etapa de los sesenta en la ciencia ficción cubana. A partir de entonces el realismo socialista será la tendencia dominante en la ciencia ficción de la isla hasta finales de los ochenta, cuando entra en crisis y finalmente desaparece, junto con el mundo que le había dado nacimiento.[28] La ciencia ficción cubana de los noventa seguiría otros derroteros.


Notas:

[1] Siempre se ha afirmado que la publicación de ciencia ficción literaria cubana se reanudó en 1978, cuando aparecieron los libros Siffig y el vramontono 45-A, de Antonio Orlando Rodríguez, y De Tulán, la lejana, de Giordano Rodríguez. El primero era una obra de literatura infantil.

[2] En 1976 Virgilio Piñera escribió el cuento “El otro yo”, que muestra cierta relación con la ciencia ficción, pero no fue publicado hasta la siguiente década (en el volumen Un fogonazo, 1987).

[3] Alfonso de los Santos Hernández: “Hallazgo en la Amazonia”, Bohemia n.o 22, 2 de junio de 1972, pp. 25-26.

[4] Resulta tentador leer el cuento como una alegoría de la relación entre Cuba y la Unión Soviética, que habían entrado en una fase cualitativamente nueva con el ingreso de la Isla en el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica) en 1972.

[5] Para la definición del realismo socialista me he apoyado principalmente en los libros: The Soviet Novel (1981), de Katerina Clark; On Socialist Realism (1960), de Abram Tertz (Andréi Siniavski); Le réalisme socialiste en France (2002), de Reynald Lahanque; y The Culture of the Stalin Period. ed. Hans Günther (1990). En el texto de Tetiana Sharova, Sergii Sharov, Oksana Ohulchanska y Alina Zemlianska “The Key Features and Periodization of Socialist Realism in the Literary Context”, los autores definen el realismo socialista en la literatura a partir de tres “vectores”: estructural-estilístico, cosmovisivo-universal y figurativo (caracteriológico). Aquí me he limitado a citar un puñado de rasgos en función de las necesidades concretas del presente análisis.

[6] T. Sharova, S. Sharov, O. Ohulchanska, A. Zemlianska: “The Key Features and Periodization of Socialist Realism in the Literary Context”, Journal of History Culture and Art Research, n.o 9, 2020, p. 249.

[7] Abram Tertz: On Socialist Realism, Pantheon Books, New York, 1960, p. 50. Las cursivas son mías, así como la traducción. Reynald Lahanque proporciona otra traducción del final de este clásico pasaje de Siniavski: “les progressistes et les superprogressistes, les bons et les meilleurs” (Le Réalisme socialiste en France (1934-1954), 2002, Thèse d’État sous la direction de Monsieur le Professeur Guy BORRELI, Nancy II, 2002, p. 118). Sobre el problema de la “conflictlessness” del realismo socialista, véase también las observaciones de Natalija Majsova en Soviet Science Fiction Cinema and Space Age (Lexington Books, 2021, p. 59): “as socialist had allegedly been achieved, there could be no more room for social conflict, and conflict as a dramaturgical device had to be abandoned, the logic went”, y a continuación cita el análisis de Maria Belodubrovskaya sobre el mismo tema: “Conflictlessness is an aberration. It leads to undramatic recounting of events and as such is closer to an illustration or a chronicle than to storytelling proper”.

[8] La expresión en realidad es una cita del escritor Charles Baxter, que Gotschall usa para ilustrar la tesis central de un capítulo de su libro. Gotschall, que se acerca a la literatura desde la perspectiva de la psicología evolucionista, reconoce que decir que las historias se basan en un conflicto o problema es casi un cliché, pero que ese mismo hecho “nos ha insensibilizado a lo extraño que ello es”. Hay una “fórmula básica” para las historias, pero ella es “intensamente extraña” (Jonathan Gottschall: The Storytelling Animal: How Stories Make Us Human, Houghton Mifflin Harcourt, New York, 2012).

[9] Juan Carlos Toledano: “Ángel Arango’s Cuban Trilogy: Rationalism, Revolution and Evolution”, Extrapolation, vol. 43, n.o. 4, 2002, p. 428.

[10] Gueorgui Martínov: Guianeya, Editorial Mir, Moscú 1967. (Aparece como publicada en 1974; el dato de 1967, que coincide con mis recuerdos, lo tomo de Javier de la Torre: “La ciencia ficción en Cuba y la etapa del Quinquenio Gris”) La novela fue muy leída en Cuba a finales de los sesenta y durante los setenta y, según informa el propio De la Torre (remitiéndose a un artículo de Raúl Aguiar), tuvo una adaptación radial.

[11] Erik Simon: “The Strugatskys in Political Context”, Science Fiction Studies, vol. 31, n.o 3, Nov. 2004, p. 381. Añade a continuación: “En sí mismos los accidentes son menos irritantes que la frecuencia con que ocurren, que se da por sentada y que es totalmente inadecuada desde nuestra perspectiva actual”.

[12] Katerina Clark: The Soviet Novel. History as Ritual, The University of Chicago Press, 1981.

[13] Fue publicada en la selección de cuentos Café molecular (Editorial Mir, Moscú 1968), que circuló ampliamente en la isla.

[14] Este motivo o tema del sacrificio también aparece luego en la ciencia ficción cubana de los ochenta (por ejemplo, es central en Una leyenda del futuro, de Agustín de Rojas, que es, por lo demás, una estupenda novela), y se esfuma en la posterior ciencia ficción de los noventa, conjuntamente con el motivo del accidente. Sobre la centralidad del tema del sacrificio en De Rojas véase el prólogo de Michel Encinosa Fu a la segunda edición de Espiral (Letras Cubanas, 2014, p. 23).

[15] Juan Carlos Toledano: ob. cit., p. 428.

[16] Elana Gomel habla de “[e]ste antropomorfismo cósmico, característico de la ciencia ficción soviética como un todo […] La mayor parte de la ciencia ficción soviética ordinaria da por sentada la humanidad del Otro cósmico […]” (“Gods like Men: Soviet Science Fiction and the Utopian Self”, Science Fiction Studies, vol. 31, n.o 3, 2004, p. 363).

[17] Alfonso de los Santos Hernández: “Simbiosis”, Bohemia n.o 40, 4 de octubre de 1974.

[18] Katerina Clark: ob. cit., p. 178.

[19] He comentado este interesante cuento en mi artículo “Ciencia ficción cubana en los sesenta: Arango, Collazo y Herrero”. Quisiera añadir aquí que el cuento admite una interpretación adicional: el autor, que escribe desde la “periferia”, se posiciona polémicamente respecto de las empresas de exploración espacial de la ciencia ficción angloamericana. Es un error creer que la ciencia ficción cubana de los sesenta copió pasivamente los modelos angloamericanos del género; muy al contrario: dialoga creativamente con ellos.

[20] Katerina Clark: ob. cit., p. 177.

[21] Franco Martín: “Vuelo al origen”, Bohemia, n.o. 1, 1 de enero de 1965, pp. 10-12.

[22] El nombre Franco es común en el Cono Sur americano, pero inusual en Cuba, donde Franco se encuentra principalmente como apellido.

[23] Ibídem, p. 12.

[24] Jørn Guldberg: “Socialist Realism as Institutional Practice: Observations on the Interpretation of the Works of Art of the Stalin Period”, en Hans Günther (ed.), The Culture of the Stalin Period, Palgrave Macmillan, New York, 1990, p. 160.

[25] Por ejemplo, en “Un inesperado visitante”, “Kii y los marcianos” y “La bala en el aire”, de Arango, y en El viaje, de Miguel Collazo.

[26] Para un análisis de la sátira social en la ciencia ficción de Herrero véase mi artículo “Los futuros en crisis de Juan Luis Herrero”, Espacio Laical, año 17, n.os. 3-4, 2021, pp. 91-101.

[27] Enrique Collazo: “El laberinto de Mñes” Bohemia, 16 de junio de 1967, pp. 32-33. El cuento, que muestra una continuidad con los relatos de El libro fantástico de Oaj, probablemente iba a formar parte de El libro de las invasiones, volumen de cuentos que nunca se escribió (o publicó). El cuento aborda en clave metafórica el tema de la relación entre el escritor y el Estado, la cual presenta como un desencuentro.

[28] Una nota final que es casi un posfacio: en realidad, la crisis del realismo socialista comienza ya en la segunda mitad de los ochenta y en la siguiente década es definitivamente abandonado (aunque debe tenerse en cuenta que en los noventa se publicaron algunos títulos que habían quedado de los planes editoriales viejos de los ochenta, como Sider, de Arango, y que son en realidad ejemplos de la ciencia ficción de los ochenta). Por otro lado, no todo lo que se publicó en el período se enmarca dentro del realismo socialista y la influencia de la ciencia ficción soviética. Juan Carlos Toledano ya ha señalado que este modelo artístico no fue asimilado de igual modo por los diversos autores en su texto “Sputniks cubanos” (Kamchatka 5 Julio 2015, p. 192).

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RINALDO ACOSTA
Rinaldo Acosta Pérez-Castañeda (La Habana). Es autor del libro Temas de mitología comparada (1997, Premio Pinos Nuevos y Premio de la Crítica) y de una recopilación de ensayos dedicada a la ciencia ficción publicada por Letras Cubanas: Crónicas de lo ajeno y lo lejano. Acerca de la ciencia ficción (2010, Premio de la Crítica). Tuvo a su cargo (junto a Fabricio González Neira) la selección de narrativa y ensayo Otras tierras, otros soles: Una mirada a la ciencia ficción (Letras Cubanas, 2017).

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