Ediciones inCUBAdora rescata la obra del escritor cubano Oscar Hurtado. Conversación con Leandro Estupiñán

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Oscar Hurtado (1919-1977)
Oscar Hurtado (1919-1977)

Oscar Hurtado no ha corrido con suerte en los predios de la historia literaria cubana. Confinado todavía en los cercos de la literatura “de la imaginación” –cuando la contemporaneidad se presenta bastante promiscua en materia de géneros y estilos–, este autor se recuerda menos por los valores estrictamente estéticos de su escritura que por las posibilidades que abrió para el desarrollo de la ciencia ficción o la literatura fantástica en Cuba. Cuando se mira hacia él, en la actualidad, se hace sobre todo por el gesto inaugural que su obra supuso y la incidencia que tuvo en el cultivo posterior de estos géneros.

Dando continuidad a su empresa de ensanchar la memoria artística e intelectual cubana, Ediciones inCUBAdora acaba de poner a disposición de lectores y estudiosos un inestimable volumen: Oscar Hurtado: Prólogos y Libros. Compilado por el investigador y periodista Leandro Estupiñán, responsable también de una aguda introducción, el ebook –disponible en los archivos de inCUBAdora– recoge materiales imprescindibles de ese otro “raro” de nuestra cultura: los cuadernos de poesía La Seiba y Paseo del malecón, el libro de relatos Carta de un juez, más el “Prólogo a Crónicas marcianas de Ray Bradbury” y la “Introducción a nuestra pintura”.

Al recuperar estos textos, nunca más vueltos a publicar en Cuba desde su aparición en los años sesenta, se ofrece un repaso coherente de la proteica actividad literaria de este autor, las dinámicas de su pensamiento estético, y su papel como intelectual. Este último aspecto se detalla con precisión en el documentado prólogo escrito por Estupiñán, quien bosqueja los contornos y accidentes de una existencia que se recuerda casi como un mito en algunos círculos.

Vista con la distancia que otorga el tiempo, la obra literaria de Hurtado presenta una riqueza composicional muy sugestiva, en particular, su poesía y su narrativa. Su fecunda imaginación, la capacidad reflexiva y la complejidad referencial (tanto temática como estilística), resultan altamente reveladoras gracias a que los planos anecdótico y reflexivo se superponen en una intricada trama.

Pero tal vez el perfil más interesante de Hurtado radique en el diálogo que su escritura sostiene con el presente en que se produjo; distanciada de las demandas realistas de su tiempo, la literatura de Hurtado es atravesada, como no podría ser de otra forma, por las tensiones y problemáticas que caracterizaron el clima cultural de los años sesenta en Cuba. La fascinación por lo desconocido, por la ciencia y la especulación tecnológica, se traducía finalmente en una indagación sobre la cubanidad; una dimensión que reviste su literatura de especial vitalidad, sobre todo sus incursiones en la ciencia ficción.

Oscar Hurtado: Prólogos y Libros propone revalorar el engranaje textual que propone su obra, mientras contribuye a barrer con ciertos mecanismos de segregación que pesan sobre la literatura cubana. A propósito de su publicación, Rialta Noticias conversó brevemente con Leandro Estupiñán.

‘Oscar Hurtado: Prólogos y Libros’ (Ediciones inCUBAdora, 2021); compilación e introducción de Leandro Estupiñán
‘Oscar Hurtado: Prólogos y Libros’ (Ediciones inCUBAdora, 2021); compilación e introducción de Leandro Estupiñán

Oscar Hurtado ha mantenido una relación tormentosa con la memoria intelectual cubana, especialmente con el canon literario insular. Este volumen, y el prólogo que escribiste para él, vienen ahora a llamar la atención sobre su legado y la importancia de su labor intelectual. ¿Cuáles son las razones o motivos que han mantenido a Hurtado como una suerte de outsider en el paisaje literario cubano?

Supongo que, además de las animadversiones, o sea de las relaciones personales, casi siempre motivo de todo en esta vida, una de esas razones habrá sido la exclusión de Hurtado de aquel Diccionario de la Literatura cubana de 1980, y otras cuestiones, como sabemos. Desde entonces ya estaba condenado, si acaso no lo estuvo antes; pues con un pasado de cinco años en Nueva York y con una obra salpicada con temas políticamente incorrectos o no prioritarios para la política cultural cubana (¡qué era eso de monstruos en la Revolución!), y desarrollada en torno a un magazine maldito desde finales de los sesenta, no las tenía muy fácil con la memoria.

Todavía uno se encuentra gente por La Habana (donde yo me las encontré) que se refiere despectivamente a ese grupo, gente ligada a la Escuela de Artes y Letras y con liderazgo en la opinión pública gracias a programas televisivos que dice: “Esos muchachos no eran buenos”. No se acordaban de Cabrera Infante, importante antes del Cervantes, y con varias novelas; imagínate de Hurtado, con cuatro libritos.

Creo que cuando se le rescató fue a fuerza de imposición generacional; a partir de aquel trabajo increíble que hizo Daína Chaviano a principio de los ochenta, no sólo con el libro que editó, sino con el trabajo de los talleres literarios. Por ella, Hurtado zafó de ese agujero negro de la historia. Después, los escritores de ciencia ficción, el propio Centro Onelio incluso, han aportado momentos para mantener viva su memoria. 

Supongo que preparar esta suerte de “antología” de Hurtado te impuso una extensa investigación, como intuyo por la informada introducción que escribiste…

Oscar Hurtado (1919-1977)
Oscar Hurtado (1919-1977)

Bueno, mira, esta “antología” no me impuso la investigación, como supones; se trata de una larga investigación que no termina, pues otra es mi aspiración. Eso dio pie, casualmente, a la antología. Surge por el entusiasmo de Carlos Aguilera, a quien conozco como se conocen tantas personas en estos tiempos, por las redes y su interesante trabajo en inCubadora. Mi investigación, que no corresponde a obligaciones académicas, aunque trato de plantearme estos proyectos con el rigor que impondría una cualquiera, responden sencillamente a mi curiosidad, semejante a la suya, y al magnetismo que su personalidad ejerció en mí, aun sin haberlo conocido, ya que nací en el año de su muerte. Descubrí su obra y lo que fuera su existencia cuando investigaba sobre Lunes de Revolución, de cuyo staff fue parte muy importante. A no ser Antón Arrufat y Luis Agüero, ninguno de quienes quedaban del grupo fueron espléndidos a la hora de recordarlo, pero ejercieron su efecto los ensayos escritos por él, lo que de su persona contaron viejos amigos como Cabrera Infante y familiares como su última esposa, Évora Tamayo, quien fue una especie de guía.

En el libro se recoge una parte considerable de la obra literaria de Hurtado; es posible distinguir ahí los surcos de su pensamiento estético, sus registros poético, narrativo y ensayístico. Además de un acto de justicia histórica, es una invitación a explorar esos registros nuevamente. ¿Qué tiene que decir la escritura de este autor a la contemporaneidad cubana?

¿Qué tiene qué decir su escritura a la contemporaneidad? No sé… Depende de lo que alguien busque o pretenda de un autor y su obra cuando se acerca a ellos. Esa búsqueda es íntima, casi siempre fortuita. Quizá su propia personalidad nos puede decir tanto como su escritura respecto a lo que para un hombre interesado en las esencias del mundo y su funcionamiento significaba vivir en un país atravesado pragmáticamente por una revolución. Ese es el motivo principal por el que precisamente me interesa.

Tal vez no sea el gran autor para la mayoría, pero para alguien siempre será el más grande. Es lo bueno de la literatura y el arte. Una obra siempre salva la vida de una persona, y esa persona con su propia existencia justificará la obra. Determinados chispazos de ingenio visibles en su poesía, la fuerza de sus ensayos y la originalidad para enfocar varios asuntos, que surgen de su vasta curiosidad y su talento autodidacta, le hacen, para mí –porque los cultores de la ciencia ficción o la literatura fantástica tendrán posiblemente más argumentos– un personaje de actualidad.

La inclusión del prólogo a Crónicas marcianas de Rey Bradbury, además de dejar constancia de la singular relación de Hurtado con la ciencia ficción, remite necesariamente a su invaluable labor editorial y divulgativa. Esa es una faceta de su legado que, si bien ha sido apuntada en reiteradas ocasiones, sigue siendo un aspecto marginal para la memoria literaria o cultural cubana. ¿Cuál sería su impacto en el devenir de la ciencia ficción en el país?

La verdad que no puedo decirte mucho respecto al devenir de esa literatura, pero al parecer es muy importante porque los escritores que trabajan el género suelen referirlo con frecuencia.

Sobre su labor como difusor, pues sí, fue casi definitorio para el despegue de muchos autores hoy consagrados en el género. Hurtado tenía muchas lecturas y era generoso con los consejos. Estaba en un lugar desde el cual podía ejercer influencia (Ediciones R) y lo hizo gracias a que tenía el respaldo de gente como Carlos Franqui, el propio Cabrera Infante y Virgilio Piñera. De esa manera creó el sello Serie del Dragón, que luego pasó a ser el sello Dragón, en el Instituto del Libro. También en Ediciones R fue fundador de Cuadernos R. Fue una voz que los medios escucharon a la hora de amplificar criterios sobre ciencia, ciencia ficción y fantasía. Era ufólogo, y también de esto escribió o discursó.

Oscar Hurtado y Évora Tamayo
Oscar Hurtado y Évora Tamayo

La presencia de Hurtado en la escena literaria cubana de los años sesenta fue especialmente relevante. En tu prólogo te detienes al respecto e indagas en su trabajo periodístico y en su paso decisivo por el magazine Lunes de Revolución.

En Lunes hizo periodismo cuando le tocó hacerlo, como a todos cuando se fueron a cubrir, por ejemplo, hechos puntuales como lo de Girón. Pero su mayor aporte estuvo en el plano de la crítica de las artes plásticas, abordando temas, corrientes y autores en particular, algo que ya había desarrollado en Orígenes. También fue notable su abordaje de temas científicos y de personalidades como Einstein, Felipe Poey o Capablanca.

De esas faenas en Lunes también habría que advertir actividades de las que nunca sabremos, como ocurre con su desempeño en la organización de determinados números, aun cuando algunos sean fáciles de rastrear. Tampoco sabremos qué notas escribió entre las que no tienen firmas, ni su postura ante ciertas polémicas, su determinación sobre los demás a la hora de afrontar determinada circunstancia.

Si su voz era tenida en cuenta en el grupo, no debe haber sido poca la influencia que ejerció en los demás, casi todos más jóvenes. Era un hombre que al parecer no hacía ostentación de su conocimiento, de bajo perfil, si se quiere; uno que se perdía rastreando saberes y eso, quizá, fue un poco su suerte y su condena.

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Ángel Pérez (San Germán, Holguín, Cuba, 1991). Licenciado en Historia del Arte. Artículos y ensayos suyos aparecen en libros, antologías y publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Compiló y prologó con Javier L. Mora, Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Editorial Casa Vacía. Richmond, Virginia, 2017) y con Jamila Medina, Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, Guatemala, 2019). Ha obtenido los Premio Caracol de crítica y ensayo cinematográficos de la UNEAC (2017 y 2019), el Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas (2019), además de la Beca de Creación Dador (2018) y el Premio Pinos Nuevos de Ensayo (2020), ambos otorgados por el Instituto Cubano del Libro. Es programador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Integra el staff de Rialta.

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