El poeta norteamericano Charles Simic es uno de los mejores exponentes de esta tradición en la literatura norteamericana de “la desesperanza visionaria”.
En México todo es desaforado e inconmensurable, y el cine de Reygadas quiere escuchar el diálogo polifónico nacional como si fuera un concierto de tímpanos.
La poesía es un misterio, un misterio que tiene que ver con los ojos y el corazón de la vida, con los oídos y la mente de la vida, y sobre todo con la voz.
Girard es uno de los pocos pensadores que aún continúan invocando la importancia del chivo expiatorio y de la pérdida de lo sagrado en nuestros actos cotidianos.
La ‘Recordatio’ de Aurelio de la Vega es una alegoría personal de nuestro exilio, su dolorosa realidad, en contraste al mito dorado que el castrismo le atribuye.
Su ironía ácida y autodestructiva nos persuade, y entonces lamentamos que Matthias Stimmberg sea solo un flujo de palabras, una ficción creada por Alain-Paul Mallard.
Ungar apenas fue alabado en vida y aún continúa siendo un desconocido, a pesar de que su literatura contiene más de un punto de contacto con Walser, Weiss o Kafka.
No fue Tao Yuanming el primer poeta chino que escribió sobre el retiro de la vida pública; su individualidad estriba en que subvirtió las imágenes consabidas.
Aislado y casi sin mentores, Lezama Lima supo agarrar por el cuello algunos de los rasgos esenciales del orfismo y reformularlos en una prosa extraña, envolvente.