Fabián Muñoz: “Me siento como alguien que trabaja el diseño gráfico sin pisar un sitio definido”

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El diseñador cubano Fabián Muñoz (FOTO cortesía del entrevistado)

Por estos días el diseñador gráfico cubano Fabián Muñoz (La Habana, 1973) piensa mucho en León Ferrari. Le han encomendado crear la imagen de una campaña que conmemora el centenario (acaecido el pasado 3 de septiembre) del creador argentino, catalogado como uno de los artistas contemporáneos más importantes del mundo. Piensa mucho en La civilización occidental y cristiana: un cristo crucificado sobre la maqueta de un avión de guerra norteamericano.

Fabián trabaja primero sobre el papel. Hace dibujos. Escribe notas. Tantea. “En esa primera etapa no hay requerimiento ambiental alguno”, asegura. Aun así, mientras esboza un tigre a punto de morder, o una cornamenta, o un clado de abejas, o un pie azul, o un pelícano rojo, o un cisne cuello negro, o un cisne cuello blanco, “escucha voces que hablan o cantan desde la radio”. Frente a la computadora, ya en una etapa subsiguiente, necesita que todo esté “ordenado y limpio”. Muy ordenado y muy limpio.

El escáner le resulta una herramienta indispensable porque “permite el salto del papel a la computadora”. “Es un cambio de estado que siempre me entusiasma”, enfatiza. Muñoz se refiere a la transustanciación (una palabra metafórica en este caso) entre el papel y la pantalla. Entre el papel enmarañado y la pantalla pulida. Entre el papel rústico y la pantalla robótica. “Y –se retrotrae– volvemos al principio. Es el vaivén de lo mecánico a lo digital”.

En su estudio no debe faltar un espacio para la tablilla de dibujo, uno para el escáner y otro para la radio. Tampoco debe faltar, repite, “la limpieza y el orden”.

Fabián recuerda con gratitud sus años de práctica docente en la Publicitaria Coral. Allí aprendió que una valla “no puede diseñarse en Corel Draw 8 a tamaño real y en cmyk”. En esos años conoció las imprentas y ganó varios premios en concursos de imagen publicitaria. Entre 2007 y 2018, trabajó en el sello Artecubano Ediciones: “allí diseñé dos de mis libros preferidos y un grupo de catálogos de artistas y eventos en formato tabloide impresos en papel mate con colores saturados debido a mi voluntad y a las fallas de las imprentas cubanas”.

Diseño de portada para el libro de René de la Nuez ‘Habanauto de fe (124 dibujos de Nuez sobre el periodo especial)’, Artecubano ediciones, La Habana, 2011

Diseñó más de un centenar del tabloide Noticias de Artecubano que le permitieron “probar mensualmente mis recursos de diseñador de periódicos y, en muchas ocasiones, representaba un espacio ideal para diseñar secuencias de columnas y páginas como si se tratara de un cinematógrafo. Para cada número del periódico creaba tramas, ilustraciones, cabezales de secciones que quizás desaparecían en la próxima edición, una dinámica que duró once años y en la cual iniciaba cada maquetación del mensuario prácticamente desde cero”.

Con ese trabajo editorial coexistían “la caricatura social para prensa y la ilustración para libros infantiles y juveniles”. Para Muñoz, fueron importantes, también, “las publicaciones en el periódico ecuatoriano El Telégrafo y los libros ilustrados para la editorial Gente Nueva”.

Sin diferencias de oficios, Fabián Muñoz menciona sus principales referentes. Muy ligados a él se encuentran casi todos los cartelistas polacos, “especialmente los que van desde los años cincuenta al ochenta”. Menciona, además, a Milton Glaser, Saul Bass, Celestino Piatti, Tomi Ungerer, André François, Raymond Savignac y a Ronald Searle. También alude a Picasso y a Matisse; a Daumier y a Lautrec; a Rafael Blanco, Abela, Carlos Enríquez, Amelia Peláez, Mariano, Portocarrero y al ya mítico Eduardo Muñoz Bachs –su padre.

Cartel de la exposición ‘Todos los mundos de Bachs’, muestra dedicada a la obra del cartelista e ilustrador de cómics Eduardo Muñoz Bachs (Valencia, 1937 – La Habana, 2001)

(“Veía los dibujos de mi padre publicados y, algunas veces, mi dibujo junto a los suyos. Era una sensación de enorme felicidad para un muchacho de catorce años. A los catorce años sentí la alegría de publicar mis primeros dibujos, mis primeras viñetas.”)

“Es una larga lista de referentes que se lleva adentro”, manifiesta. Una lista en la que tampoco pueden faltar Aubrey Beardsley y Poe; Luis Bagaría y “cualquier dibujante del modernismo catalán”. Prefiere, eso sí, “la diagramación de una página en la que se pueda oír a Bach y a Satie, a Niemeyer y a Le Corbusier con sus planos de sonido y de cemento”.

Me confiesa, además, que entre sus principales referentes se hallan “cualquier Cristo, arcángel o animal pintado en el Trecento italiano”.

Edgar Ariel

 

Cartel de ‘Mi familia en 17 rollos’, filme de Claudie Lévesque

Fabián, formas parte de un muy representativo grupo de diseñadores gráficos que inciden considerablemente en la contemporaneidad de ese oficio en Cuba. ¿Crees que, realmente, existe esa comunidad?

Respondo desde mi experiencia. Son criterios de un simple y nada teórico integrante de esto que bien pudiera llamarse “la comunidad del diseño en Cuba”, grupos de diseñadores visibles y audibles por muchos lados. Integro esa comunidad de manera casi ajena y distante. Pero sí, estoy convencido de que la comunidad de diseñadores cubanos crece y que algunos autores y grupos se visibilizan con intensidad.

Cartel de ‘Cisne cuello negro, cuello blanco’, documental de Marcel Beltrán

Tu ejercicio como diseñador se ha construido, quizá, a partir de una marcada individualidad. Me refiero al estilo, a la impronta, a la huella. Esto pudiera estar signado por un aprendizaje alejado, en cierta medida, de la academia más tradicional…

Deseaba estudiar en el ISDi, pero suspendí las pruebas de aptitud. Hoy creo que aquellas pruebas no superadas reflejaban mi gusto por elaborar soluciones más visuales y metafóricas que funcionales. Señalaban alguna dificultad hereditaria para proyectar algo de una manera estrictamente metodológica. Tal vez los diseños realizados tan seriamente aburran un poco. No sé si reprocharme, por tanto, este episodio académico.

Cuando llegué a la carrera de Comunicación Social, las asignaturas de enjundia teórica me resultaban fastidiosas. Disfrutaba las materias relacionadas con los lenguajes tradicionales de la prensa y las asignaturas opcionales como Arte y Comunicación, Publicidad y Cine Documental. En Arte y Comunicación, que impartía el profesor Jorge Bermúdez, lo mismo se hablaba de Fulcanelli y sus catedrales góticas que del panteón churrigueresco de la familia Crusellas en el cementerio de Colón.

Juan y José Crusellas fueron comerciantes catalanes que emigraron a Cuba y contrataron al dibujante Jaime Valls, cuyos dibujos publicitarios aparecían en la revista Social, de Massaguer. Y de esta manera la clase con el profesor Bermúdez desembocaba en el movimiento de ilustradores de prensa olvidados de la República. Estos comentarios tangenciales, estos chismorreos tan propios de la gente de la prensa, son la verdadera historia y es información que quizá algún día sirva para uno de mis diseños.

Un día Alfredo Rostgaard se nos presentó en el aula como profesor de diseño gráfico del segundo semestre del primer curso. Pero los alumnos no asistían a sus clases. Casi solos Rostgaard y yo en aquella saleta que funcionaba como aula, en la casona de Periodismo de la calle G, Rostgaard conversaba de tipografías con remates y grotescas, de las valoraciones de textos en una revista y de afiches. Un día me dijo con mueca de doliente que tendría que desaprobar a quienes nunca habían entrado a su clase. Yo lo conocía porque era amigo de mi padre, y me percataba de que hablaba con el humor, el desgano y la fantasía de los diseñadores que no están en un sitio definido o que están en otro lugar. Yo me siento así, como alguien que trabaja el diseño gráfico sin pisar un sitio definido.

Cartel del III Taller de Casa Tomada

¿Qué herramientas crees que ganaste estudiando esa carrera?

En Comunicación Social accedí, entre otras cosas más ligadas al periodismo escrito, a una manera de ver el diseño gráfico desde otros lenguajes de la comunicación como la fotografía, el cine y la publicidad. El placer de narrar historias, a través de imágenes fijas de cinetismo congelado, creo que proviene del reportaje periodístico y del tiempo cinematográfico. En Comunicación Social se impartían las historias de El Fígaro, de Julián del Casal, de Lunes de Revolución, y se hablaba de Life, de Paris Match y de la revista Cuba. La sustancia cultural, humanista, diaria, informal y callejera del periodismo influye en mi trabajo.

Cartel de ‘El trac’, pieza teatral de Virgilio Piñera

¿Qué herramientas crees que pudiste adquirir de haber estudiado en el Instituto?

En el Instituto de Diseño pude haber adquirido metodologías más eficientes para enfrentar un proyecto de diseño. Por no hablarte de las normas, de las pautas y de los numerosos decálogos de diseñadores que ignoraba y tuve que aprender a destiempo durante mi trabajo en la Publicitaria Coral. Supongo que en el ISDi pude haber desarrollado más simpatía hacia el trabajo en equipo. Pude apegarme al diseño ambiental o al mundo de la web, pude tener más amigos diseñadores… Tengo las influencias del periodismo y la gráfica, y en el centro confluyen el diseño editorial, la ilustración, la caricatura social y el cartel.

Ilustración para ‘Arte Sur’, revista dedicada a las artes visuales de Latinoamérica

En otra entrevista, dijiste que te importa, más allá de conseguir la rancia perfección academicista, “la intuición y la incorrección”. ¿Pudieras explicar esta idea?

No creo que el academicismo sea algo rancio, porque entraña un conocimiento del pasado y una armonía visual siempre lozana. El academicismo exige una contención visual que propicia imágenes y soluciones contundentes y sobrias.

Generalmente, en mi trabajo, prefiero desajustar. Me gusta diseñar y que el resultado sea como cuando observas con lupa una palabra impresa cuya tinta se abre en el papel. Por esta razón, y al contrario de muchos, me sentía feliz con las reproducciones en rotativas y en impresión directa. Las macrofotografías impresas en papel captan texturas maravillosas. La imagen mecánica y analógica rompe el contorno pulcro de la imagen digital. Me gusta recortar con el lazo de Photoshop como si lo hiciera con una tijera oxidada. Hay encargos de diseño que exigen la nitidez de la factura digital, y otros –mis preferidos– permiten una factura más mecánica y humana.

Trabajando de esta manera, coinciden intuición, incorrección y belleza.

Caricatura para el diario ecuatoriano ‘El Telégrafo’

¿Cómo caracterizarías varias zonas de tu trabajo: publicidad, prensa plana, diseño editorial, ilustración y carteles?

El trabajo de diseño publicitario fue breve para mí. Fue un aprendizaje técnico y conservo la experiencia de trabajar con personas que hoy son grandes amigos. Otro momento importante en el plano profesional fue cuando conocí la obra de la agencia española SCPF a través de sus propios autores. Fue cuando me dije que la publicidad podía ser tan ambigua, difícil y plural como cualquier invención artística.

Por otra parte, la prensa plana está estrechamente ligada a la ilustración editorial y al propio diseño editorial. Asimismo, en mi trabajo, los carteles dependen casi por completo de la ilustración. Con estas relaciones intento decir que los recursos expresivos saltan sin parar de una zona creativa a otra.

Cartel del coloquio internacional ‘Humor, ironía, parodia y otras tretas de las mujeres para re/des/construir la historia y la cultura latinoamericanas y caribeñas’

¿Hacia dónde crees que apunta el diseño gráfico en Cuba?

El diseño gráfico en Cuba se expande. He visto dignos diseños de identidad comercial y entorno web en algunas empresas privadas y estatales, aunque en estas últimas en menor número. Mis diseños preferidos son los que responden a las convocatorias culturales lanzadas desde Cuba y otros países. La cultura es el concepto más atractivo y desprejuiciado para trabajar en nuestra realidad y el diseño para la cultura es la tradición gráfica más legitimada en nuestro oficio. Los encargos culturales aún conceden espacios de libertad, irreverencia, profundidad y humor que incentivan el trabajo del diseñador. Creo que toda gráfica puede tener respuestas para un mensaje político siempre que el diseñador evite caer en un mensaje mimético mediante sus propios recursos conceptuales y formales.

Cartel de ‘Una mujer santa’, filme de Tomás Gutiérrez Alea

Si te pido que hagas un breve mapa personal del diseño gráfico en la Cuba actual, ¿cómo lo harías?

El mapa que yo esbozaría tiene el más vasto territorio reservado a los diseñadores que están respondiendo individualmente con un pensamiento gráfico complejo y hermoso a las demandas de diseño en Cuba. Este mapa debe estar lleno de ganas de crear imágenes sugestivas. Así de hermoso y difícil tiene su trabajo el cartógrafo.

Ilustración para ‘Noticias de Artecubano’
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