INSTAR y Artists at Risk Connection se unen en Documenta 15 de Kassel para reflexionar sobre arte y activismo político

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“Artistas bajo ataque”, una charla organizada por el Instituto de Artivismo
“Artistas bajo ataque”, una charla organizada por el Instituto de Artivismo "Hannah Arendt" en Documenta 15, en Kassel, Alemania (IMAGEN Facebook / INSTAR)

“Artistas bajo ataque” se tituló una charla presentada este fin de semana en Documenta 15 por el Instituto Internacional de Artivismo “Hannah Arendt” (INSTAR), dirigido por la cubana Tania Bruguera, como parte de un segmento consagrado al activismo cívico dentro de su amplia propuesta curatorial para esta importante cita del arte contemporáneo que cada cinco años acoge la ciudad Kassel, en Alemania. Justamente, enfocada en proyectos artísticos colectivos que enfrentan crisis políticas y sociales en todo el orbe, la documenta fifteen convocó a INSTAR debido a su concepción del arte como agente “de cambio social, educación cívica y activismo efectivo”.

“Artistas bajo ataque” puso a debate las experiencias y el trabajo de tres creadoras que anudan arte y política con la finalidad de enfrentar las duras realidades en sus respectivos países de origen: la poeta cubana Katherine Bisquet, la artista multimedia afgana Shamayel Shalizi y la artista multidisciplinaria birmana Nge Lay. La actividad fue concebida en colaboración con Artists at Risk Connection (ARC) –organización de PEN America que provee recursos a creadores en situaciones de “persecución, opresión, arresto o violencia a causa de su creación”–, cuya directora, Julie Trébault, condujo de la conversación.

“Artistas de todo el mundo están siendo atacados, detenidos, procesados y encarcelados. En Cuba, Afganistán, Myanmar y Bielorrusia, los artistas han estado a la vanguardia de las manifestaciones masivas, suministrando himnos de protesta y carteles, mientras conciencian a la comunidad internacional sobre los abusos de los derechos humanos en sus países. En este panel, [se discutirá] el creciente número de amenazas enfrentadas por los artistas alrededor del mundo a la luz de estos desafíos y cómo prepararse mejor para abordar estos riesgos, y las oportunidades improbables surgidas en tiempos de agitación social e incertidumbre”, comentó INSTAR a propósito del encuentro en su perfil de Facebook, donde este se encuentra disponible.

Las invitadas abordaron sus experiencias creadoras y vitales, los atributos de los regímenes políticos en sus países, y la naturaleza de los nexos entre arte y activismo. Desde sus específicos posicionamientos estéticos, cada una entiende que el arte permite concertar nuevos espacios de resignificación histórico/social, y que constituye una herramienta para la construcción cívica de resistencias y de condiciones de participación ciudadana.

Bisquet se detuvo en las causas que la condujeron a tomar el camino de la disidencia en Cuba, y en cómo ello impactó su práctica creadora. Empeñada en trasgredir los límites impuestos por la dictadura a los artistas, y debido a su oposición a la violencia estatal y el encarcelamiento de las voces críticas, la poeta fue sometida a interrogaciones y cercos policiales, y finalmente “desterrada” del país. Durante sus intervenciones señaló que un artista comprometido con su tiempo, cuando vive en un contexto represivo y sin libertad de expresión como el cubano, se ve empujado al ejercicio de un arte político, atravesado por cierta sensibilidad que emana de la catástrofe. El mayor desafío de un creador conscientemente político, decidido a intervenir en el espacio público, explicó la poeta, es conseguir que su producción aporte a un frente de resistencia cultural, sea un instrumento operativo que incida en la sociedad y contribuya a exponer/desmotar el aparato totalitario del poder.

Nge Lay expuso, a su vez, cómo su pensamiento estético-crítico parte de y acaba en un análisis social e histórico de la experiencia sociopolítica de Birmania. En un breve repaso de su producción, la fotógrafa y performer comentó su interés en abordar la realidad desde una perspectiva de género y revisar la memoria del contexto militarista de Myanmar. Se detuvo en obras como Observing of Self on Being Dead, donde denuncia la constante amenaza que desde su nacimiento ha recibido ella misma en el marco de la dictadura, y The Sick Classroom, donde aborda un tema también caro a su trabajo: las insondables diferencias económicas y educativas existentes en su país entre las comunidades urbanas y rurales, víctimas estas últimas de un sistema que las relega.

Shamayel Shalizi advirtió la influencia que ha ejercido en su trabajo y su pensamiento la condición diaspórica en que vive desde la infancia. De padres afganos, nace en Rusia y a los pocos años se traslada a Estados Unidos, para después instalarse en Kabul, donde finalmente confía en haber encontrado su patria. No obstante, en el presente, Shalizi se halla imposibilitada de volver a Afganistán. Viéndose a sí misma como una agitadora social, la artista se dedica a dinamitar las narrativas estereotipadas que se facturan en Occidente sobre los afganos y su realidad. Su práctica resalta la incidencia de las potencias extranjeras en la desestabilización del país. Una parte considerable de su obra interactúa con las producciones simbólicas y comunicativas creadas alrededor de Afganistán con el objetivo de forjar nuevos esquemas de lucha.

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Las experiencias de Katherine Bisquet, Nge Lay y Shamayel Shalizi se articularon en el debate a fin de exponer y condenar “el ejercicio de gobiernos autoritarios, el papel de la censura y la derogación de los espacios democráticos”. Las tres mujeres son ejemplo de compromiso en la defensa de los derechos humanos. En sus respectivos trabajos el arte no está al servicio del activismo, ni el activismo al servicio del arte, ambas dimensiones se fusionan en una única trama de develamientos sociales y vitales. Siguiendo sus explicaciones, ellas fuerzan el arte a salir al terreno de las intervenciones cívicas para operar contra la reglamentación de los cuerpos y el control de las vidas en medio de experiencias límites como la guerra (en Afganistán) o la dictadura (en Cuba y Myanmar).

En uno de los momentos más interesantes de la conversación, Trébault invitó a explicar cómo se articula la condición de género con el activismo político, tomando en cuenta las singulares condiciones de sus contextos nacionales. Las artistas coincidieron en que la condición de mujer deviene, a un mismo tiempo, una posición de vulnerabilidad y un potencial de lucha. Bisquet apuntó hacia algunas peculiaridades que atraviesan a los cuerpos femeninos dado el actual panorama de violencia del totalitarismo cubano, lo cual se entrelaza, por supuesto, con el machismo tradicional. Zonas considerables en las obras de Nge Lay y de Shamayel Shalizi, tal como lo describen ellas mismas, serían también resultado de aproximaciones sucesivas a las circunstancias opresivas que pesan sobre las mujeres afganas y birmanas.

En “Artistas bajo ataque” se reflexionó sobre la participación de los creadores en la defensa de los derechos humanos, y asimismo sobre la urgencia de movilizar un arte que impulse fuerzas antidictatoriales y políticas en favor de una expresión plena de las libertades individuales. Las invitadas concordaron en que sus enfoques críticos y sus respectivos activismos son condiciones de posibilidad tanto para un arte genuino como para sociedades más inclusivas y democráticas.

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