La cena

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A Rafael Alcides

Mi abuelo se sentó a la mesa con su muerto al lado.
No levanté los ojos de la sopa:
sabía que él también estaba muerto.
Mi madre tampoco levantó los ojos
a pesar de estar tan muerta como él.
Pero el muerto más muerto era Jacinto el ciego,
que no tenía ojos para ver la sopa.
Y peor aún era el caso de Donata,
que no tenía sopa para meter los ojos.

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Mi abuelo se levantó, entonces, de la mesa
y nos dejó solos con su muerto
(un muerto sin ojos y sin sopa,
un terrible muerto hecho todo de bocas y de huesos).
Lo miré al soslayo, ya sin pizca de apetito,
y deduje que era un muerto que buscaba nombre.
Le puse el nombre de mi abuelo.
Mi madre protestó y le puso el nombre de mi padre.
Mi padre protestó y le puso el nombre de su hermano.
A Donata y a Jacinto se los tuvo en cuenta
cuando llamaron al muerto con mi nombre.

Fue cuando pregunté:
—¿Es necesario que los muertos tengan nombre?
¿Por qué meter los ojos en la sopa?
¿Hay que sentar los muertos a la mesa?

Mi padre respondió al momento:
—Conviene darles un carnoso nombre
donde poder pegarles la mordida;
ellos se pasan el tiempo con la boca seca
raspando con sus dientes nuestros platos.
Si no tuvieran nombre, ¿cómo poder llamarlos
y cómo poder, si queremos, despedirlos?
—Es muy justo sentarlos a la mesa
—añadió mi madre sonriendo
y cortando el pan en rebanadas.
Nadie puede negar que tienen boca y, por tanto, hambre;
y manos y, por tanto, ganas;
y huecos, enormes huecos fríos que llenar.
Ellos también han de poner sus huesos en la mesa.

Jacinto el ciego le sirvió más jugo al muerto
y mi madre le arrimó toda la sopa
mientras Donata, solícita, decía
¡Buen apetito! en italiano.

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Fue cuando pregunté de nuevo:
—¿Todo se hace en el nombre de los muertos?

—Manuel, ¡cállate y come!


* Tomado de Luis Suardíaz y David Chericián (eds.): La generación de los años 50. Antología poética, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984.

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MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ
MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ
Manuel Díaz Martínez (Santa Clara, Cuba, 1936-Las Palmas, 2023). Poeta, periodista y diplomático. Fue director de la revista Encuentro de la Cultura Cubana . En 2011, bajo el título de Objetos personales (1961-2011), aparece en Sevilla su poesía completa en la Biblioteca Sibila-BBVA de Poesía en Español. Fue miembro correspondiente de la Real Academia Española. En 2006, el Centro Cultural Cubano de Nueva York le otorgó la medalla “La Avellaneda”, en reconocimiento a su aporte a la cultura cubana. Desde 1992 residía en Las Palmas de Gran Canaria.

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