Murió Enrique Saínz, uno de los grandes estudiosos de la poesía cubana

2
Enrique Saínz
Enrique Saínz

El ensayista, crítico literario e investigador cubano Enrique Saínz de la Torriente (La Habana, 1941) murió en la tarde de este domingo, en La Habana, a sus 80 años.

Saínz, autor de libros de ensayos como Silvestre de Balboa y la literatura cubana (1982), La obra poética de Cintio Vitier (1998), La poesía de Virgilio Piñera. Ensayo de aproximación (Premio Alejo Carpentier, 2001) o Las palabras precisas (2014), fue uno de los más importantes exégetas de la tradición de la poesía cubana y, en especial, del Grupo Orígenes, además de un ingente difusor en la Isla de lo mejor de la poesía universal, como lo prueban sus ediciones de Rainer Maria Rilke, Jorge Manrique, San Juan de la Cruz o Francisco de Quevedo.

Trabajó desde 1967, y durante décadas, en el Instituto de Literatura y Lingüística de La Habana, donde conoció al escritor Lorenzo García Vega, con quien trabó una de las grandes amistades de la literatura cubana, de la que se pueden encontrar destellos en muchos pasajes de la obra del autor de El oficio de perder.

En una memorable conversación de 2009 con Omar Pérez y Jorge Luis Arcos, Saínz habla sobre su método de escritura y su apuesta por el ensayo como forma de intelección de la realidad y manera de acceder a lo que entendía como el misterio poético:

Yo veo un paisaje y ese paisaje me comunica muchas cosas, menos palabras que puedan ser llevadas a un texto. La primera impresión que tengo es la de la distancia, el espacio en el cual puedo moverme; luego empiezo a ver detalles, en la relación agresiva o amable que puedan tener conmigo. Pero más que a la lírica, tendría que apelar a la retórica para describir estos dramas de la conciencia, mientras que en el ensayo me es dado compartir con otros una transformación interior, es decir, cómo un poema ha logrado transformar mi vida. Y sin decir que el poema ha transformado mi vida, puedo comunicarles lo que vi para que ellos también lo puedan ver.

Sobre las particularidades de su pensamiento y su escritura ensayística, el crítico Ubaldo León ha observado:

Se trata entonces de un pensamiento intempestivo, ajeno a las seductoras fórmulas del posmodernismo, un discurso crítico que mantiene una fe conmovedora en las posibilidades epistemológicas del lenguaje poético. Que tenga o no razón es lo de menos: lo importante es la excelencia del estilo y la manera en que construye un sistema conceptual coherente en sus propios términos. […] Hay una sostenida dignidad estilística en todos sus textos, incluso en los que, podemos conjeturar, escribió sobre poetas que no le interesaban demasiado.[…] Para Saínz lo más importante es la autenticidad y la potencia de la expresión, es evidente que profesa, con una intensidad poco común, eso que George Steiner (una de sus mayores influencias) ha llamado la “nostalgia del absoluto”.

Saínz ganó en cuatro ocasiones el Premio de la Crítica en Cuba, y era miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua.

Colabora con nuestro trabajo
Somos una asociación civil de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural y artístico. En Rialta nos esforzamos por trabajar con el mayor rigor profesional en la gestión, procesamiento, edición y publicación de los contenidos y la información. Todos nuestros contenidos web son de acceso libre y gratuito. Cualquier contribución es muy valiosa para nuestro futuro.
¿Quieres (y puedes) apoyarnos? Da clic aquí.
¿Tienes otras ideas para ayudarnos? Escríbenos al correo [email protected].

2 comentarios

  1. A Enrique le detectan úlceras sangrantes en el estómago, que le produjeron complicaciones renales y muy baja hemoglobina. Murió ayer domingo en el hospital Calixto García. La mentira de potencia médica tiene aquí un triste ejemplo. Un médico amigo me asegura que un bien tratamiento hubiera evitado las complicaciones. Un fuerte abrazo a su hijo Edel, a María del Carmen. Descanse en paz mi tan querido amigo, al que tantos golpes le dio la vida.

  2. Enrique Saínz me enseñó a ser preciso dentro de las libertades del ensayo (le gustaba decir que él escribía ensayos críticos). En el Instituto de Literatura y Lingüística era quien, como un amistoso mentor, «velaba» por mis textos. Me dio libros, me indicó lecturas, me aconsejó mucho y accedió a contestar montones de preguntas que le hice a mis 24, 25 y 26 años. Siempre estuvo ahí, cercano y lejano pero ahí. Cuando el tiempo pasó lo tuve a mi lado un día, con mi esposa, escuchando a mi hijo tocar a Debussy. Momentos mágicos, inolvidables. Un abrazo, amigo.

Deja un comentario

Escriba su comentario...
Por favor, introduzca su nombre aquí