La historia de “una princesa de la nobleza rural de los Cárpatos”, “un barbero escultor de caballos”, “un factor de comercio”, “un cocinero hablantín y marrullero” y “un carrousel llegado tras un largo viaje por mar a Nicaragua” le han valido el VI Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa al consagrado escritor nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, 1942), quien vive desde hace varios años exiliado en Madrid.
Novelista, cuentista, ensayista, periodista, abogado y político –opositor al régimen de Daniel Ortega y vicepresidente de su país entre 1885 y 1990, durante el primer mandato del propio Ortega–, Ramírez mereció el galardón, dotado con 100 mil dólares, por su novela El caballo dorado (2024).
En la ficción, una joven princesa realiza, entre 1905 y 1911, un viaje opuesto al de su octogenario autor: de “la pequeña aldea de Siret, ubicada en el seno del imperio austrohúngaro” hasta nada más y nada menos que Nicaragua.
El jurado –presidido por el crítico Juan Manuel Bonet, y compuesto además por Álvaro Vargas Llosa, hijo del premio Nobel peruano; Raúl Tola, director de la Cátedra Vargas Llosa, y María Guardiola, presidenta de la Junta de Extremadura, España– consideró la obra laureada “un prodigioso artefacto literario, experimental, poliédrico y calidoscópico, donde realidad y ficción se confunden y superponen en una travesía transatlántica de los Cárpatos a Nicaragua”.
Ramírez dedicó el premio en redes sociales a “todos aquellos que junto conmigo viven en el exilio” y aseguró que aprendió de Mario Vargas Llosa que “la literatura puede ser una verdadera razón de vida”.
Durante el acto celebrado en la ciudad de Cáceres, sostuvo antes que pertenece a una generación que “entendió que valía la pena dedicarse a escribir, como se dedicó Mario Vargas Llosa con disciplina, esfuerzo y constancia”, y asimismo declaró que su Nicaragua padece “una dictadura peor que la de Somoza”, un régimen que la ha encandenado a “un destino trágico”.
“Yo tengo voz para representarlos a ellos y abrir un camino de esperanza”, dijo, refiriéndose a esos compatriotas “que junto conmigo han sido despatriados, y se nos ha quitado la ciudadanía”.
En su momento, Vargas Llosa encabezó varios reclamos internacionales que arrojaron luz sobre “la persecución que lleva a cabo el Gobierno de Nicaragua contra el escritor Sergio Ramírez [en tanto] un atentado a la libertad y un insulto a la inteligencia”.
“Sergio Ramírez no sólo es un intelectual de primer orden, sino que también ha sido siempre un hombre comprometido con el destino de su país, al que ha rendido servicios inolvidables. Los cargos que se han fabricado contra él –y contra casi cuarenta presos políticos– son la demostración palpable de la deriva represora del régimen, decidido a acallar a sus opositores mediante la cárcel u obligándolos al exilio”, se leía en una carta abierta de septiembre de 2021 que el autor de La ciudad y los perros firmó junto a cientos intelectuales, académicos y artistas.
Por otra parte, Ramírez dijo ya sentirse honrado por haber sido finalista de este lauro junto a Gustavo Faverón, Pola Oloixarac, Ignacio Martínez de Pisón, David Uclés y otra célebre exiliada nicaragüense, Gioconda Belli, quien la semana mereció en México el Premio Internacional Carlos Fuentes, otro galardón con nombre de escritor del Boom Latinoamericano.
Sergio Ramírez se une en el historial del Mario Vargas Llosa al mexicano David Toscana (El peso de vivir en la tierra; ganador en 2023), el colombiano Juan Gabriel Vásquez (Volver la vista atrás; 2021), el venezolano Rodrigo Blanco Calderón (The Night; 2019), el chileno Carlos Franz (Si te vieras con mis ojos; 2016) y el español Juan Bonilla (Prohibido entrar sin pantalones; 2014).
En el año 2017, Ramírez recibió el Premio Cervantes, el más prestigioso en el ámbito de la lengua, en virtud de una obra literaria que incluye –entre decenas de libros de relatos, ensayos y crónicas– novelas como Castigo divino (1988), Margarita, está linda la mar (1998; Premio Alfaguara) o La fugitiva (2011).


