El socialismo extractivista se nutrió del nacionalismo, de la política estratégica y las utopías tecnológicas del progreso económico como lo demuestran megaproyectos como el Plan Stalin o el Cordón de La Habana.
El último libro de Roberto Echavarren reconstruye a través de un mosaico de testimonios desgarradores una visión panorámica del terror bajo Lenin y Stalin.
La escritora rusa Guzel Yájina comparte estas notas con su reacción a la guerra desatada por Rusia en Ucrania: “Esta guerra no es mi guerra. Y renuncio a llamarla mía.”
¿Cómo perfilar el pathos del pueblo soviético construido sobre la propaganda kitsch y mesiánica del sueño compartido y sobre la orgía inquisitorial y desenfrenada?