Un nuevo número de la revista literaria ‘La Noria’ repasa la poesía de Cuba y América Latina

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Portada (detalle) de ‘La Noria’ No. 20/21 (DISEÑO Gabriel Cascante)
Portada (detalle) de ‘La Noria’ No. 20/21 (DISEÑO Gabriel Cascante)

Un nuevo número de la revista literaria La Noria comenzó a circular recientemente. La doble entrega No. 20/21, correspondiente al año 2020, vio retrasada su publicación debido a las restricciones y los percances de producción editorial que trajo consigo la pandemia del coronavirus. Sin embargo, sus artífices, los poetas Oscar Cruz y José Ramón Sánchez concertaron –desde el oriente cubano– un número atemporal, rasgo que en buena lid ha caracterizado desde siempre a la revista, interesada en aprehender y acompañar el espíritu vanguardista de la literatura de su tiempo.

Esta nueva noria, tenaz en su empeño de presentar las revelaciones líricas ofrecidas por la contemporaneidad, y el pensamiento crítico que las acompaña, está consagrada esencialmente a la poesía. Precedido por una pelota de béisbol en su cubierta –metáfora del compromiso con seguir en el juego, vale decir, dando de qué hablar dentro de un campo cultural plagado de confrontaciones estéticas, ideológicas, políticas–, este No. 20/21 demuestra el rigor formal y la riqueza intelectual que caracteriza este proyecto de autor.

Junto a la calidad literaria que rige la selección de autores y materiales, una de las virtudes de esta entrega es la inclusión de un grupo de poetas pertenecientes a la más reciente promoción de autores cubanos, y específicamente de Santiago de Cuba. Este conjunto de voces, escritores nacidos entre finales de la década del ochenta y principio de los años noventa del pasado siglo, permite diagramar nuevas rutas creativas en el país. No sólo los lectores tendrán la oportunidad de degustar textos pautados por la irreverencia discursiva y la trasgresión estilística; los investigadores y críticos interesados en seguir el curso de la poesía insular tienen aquí una primera fotografía de grupo.

Acompaña la compilación –integrada por Onel Pérez Izaguirre, Amed Espino Daudinot, Margarita Borges y Juan Edilberto Sosa– un breve y preciso texto del propio Oscar Cruz, que sirviera antes de prólogo a una antología suya, más amplia, concebida bajo los mismos propósitos que motivaron este pequeño dossier. “No ha sido mi intención mostrar una totalidad ni llevar a cabo un estudio que revele rasgos estilísticos, especificidades formales ni dar nada por sentado sobre esta promoción”, asegura Oscar Cruz en su ensayo. “La idea es llamar la atención sobre los autores que dentro de ese rango de edad, están escribiendo los textos –a mi entender– más atendibles. Contribuir a ir llenando ese vacío que van dejando las generaciones a falta de antologías o estudios críticos sobre la evolución o no de la poesía en la provincia y, de manera general, en el país”.

Más o menos resueltas en sus respectivos estilos, tal vez todavía en camino de conformar un sello autoral, estas escrituras dan cuenta de la disputa de intereses estéticos, políticos, identitarios; el manejo de otras relaciones con la tradición literaria, y sobre todo la articulación (todavía en ciernes) de un imaginario poético que pronto dará sus mejores frutos. Cuando Oscar Cruz introduce cada uno de los nombres implicados, efectivamente, precisa varios de los rasgos distintivos de sus registros poéticos.

Otro mérito indiscutible de este número de La Noria es la inclusión de cinco poetas latinoamericanos. No es la primera ocasión que la revista pone a circular poetas (también narradores y ensayistas) contemporáneos del subcontinente latinoamericano. Uno de los propósitos de los editores ha sido, durante estos años, poner a dialogar la literatura insular con la producida en la región y en el mundo. En ediciones anteriores de la publicación también han aparecido traducciones de escritores portugueses, franceses, estadounidense y alemanes del presente, por mencionar algunos ejemplos. Al visibilizar a creadores extranjeros, la revista contribuye a nutrir la escena literaria cubana, enriquece el tráfico estético y burla la endogamia que pudiera golpear a los autores nacionales en formación.

Se pueden leer en este número a Jandey Marcel Solviyerte, de Colombia, y a Gustavo Wojciechowski, de Uruguay. El primero aparece con una selección de poemas abocados a la denuncia social. Mas esa vocación política que los engendra deriva en una sólida experiencia estilística. Los versos de Solviyerte, mediante un lenguaje testimonial que aprehende las voces de quienes dan título a los poemas, sancionan la militarización, la opresión de las élites del poder político, y la violencia de la sociedad colombiana. El segundo despliega una escritura más personal, cargada de ironía, performática a ratos, volcada hacia la construcción de un yo (autoral) que se debate entre algunos pasajes de su memoria y acontecimientos (de desarraigo) que han marcado su vida y la de su familia.

Se pueden disfrutar además los textos de los mexicanos Aldo Revfaulknest, Antonio J. Íñiguez y Daniel Medina. Estos tres autores comparten la particularidad de pertenecer a la misma generación que los poetas jóvenes reunidos y presentados por Oscar Cruz como ejemplos de escrituras emergentes en Cuba.  Con procederes desemejantes, marcados por un evidente ánimo de exploración estilística, tal como se aprecia en sus homólogos insulares, esa triada se mueve entre la exploración de sí mismos y la denuncia de sus realidades.

También aparecen en esta noria los cubanos Reina María Rodríguez, J.L. Serrano, Israel Domínguez y José Ramón Sánchez. Los tres últimos presentan poemas, mientras Reina María Rodríguez arriba con un relato. Todos dueños de voces sólidas, absolutamente zanjadas. El heterodoxo manejo de los códigos del soneto en Serrano, y la textualidad política emprendida por Sánchez a partir de una mirada a la Base Naval de Guantánamo y su historia, son dos ejemplos relevantes del amplio dominio estético en que se mueve la poesía contemporánea en Cuba. La presencia de esos cuatro nombres, recurrentes además en la revista, permite un contraste entre promociones poéticas cubanas, lo que hace más aguda la lectura en torno a las negociaciones estéticas y discursivas patentes en nuestro campo literario.

Cierra este No. 20/21 con el ensayo “Ad hominem. Tecnologías del yo en una selección de poesía cubana contemporánea”, escrito por José Ángel Pérez y Ángel Pérez. Partiendo de una antología orquestada por los propios editores de la revista, el texto se adentra en las maniobras y estrategias formales de los antologados al hurgar en el estatuto del yo que centra sus dinámicas expresivas. Se revisan las escrituras de Ángel Escobar, José Kozer, Reina María Rodríguez, Soleida Ríos, Juan Carlos Flores, Carlos Augusto Alfonso, Jamila Medina Ríos, Lizabel Mónica, Pedro Marqués de Armas, Lizabel Mónica, Javier L. Mora, Legna Rodríguez Iglesias, J.L. Serrano, Larry J. González, Javier Marimón, Pablo de Cuba Soria, Gelsys María García Lorenzo, Marcelo Morales y los propios Oscar Cruz y José Ramón Sánchez.

Con una relevante nómina de autores, con un manojo de sugestivos poemas, circula esta entrega poética, y beisbolera, de La Noria. Los lectores, que pueden adquirir también una versión digital en línea, tendrán el placer no sólo de disfrutar esos textos, sino también de –a través de ellos– fijar visiones, escrutar intersticios, explorar parajes y mapas poéticos.

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