Una revista antiviral: circula una nueva edición de ‘La Noria’

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Portada y contraportada de ‘La Noria’, No. 18/19, 2020
Portada y contraportada de ‘La Noria’, No. 18/19, 2020

Oscar Cruz y José Ramón Sánchez tienen lista desde este 15 de septiembre una nueva edición de la revista literaria La Noria, que ya ha comenzado a circular en línea entre amigos y colaboradores. Desde Santiago y Guantánamo, en el Oriente de Cuba, ambos poetas han perpetrado un número doble de la revista –juntan ahora las entregas 18 y 19 correspondientes al año 2020–, enfrentados a los múltiples inconvenientes (epidemiológicos, sociales, económicos, políticos…) condicionados por la pandemia del coronavirus. Cocida a fuego lento, esta entrega llega a destiempo, pero especialmente condimentada; acuna una selección de piezas literarias que hacen honor a la sólida trayectoria editorial que han sabido cincelar sus artífices. “La Noria COVID” –como la tildan sus editores– se presenta como una potente inyección contrapandémica: “El bozal de cubierta indica que el número contiene una alta carga viral, adquirida durante los meses de aniquilación y confinamiento”, ha comentado Oscar Cruz.

Orquestada con la fiebre propia de un par de adolescentes, La Noria tiene en sus páginas la explosividad y la agitación que sólo suscita la buena literatura. La revista sigue a la carga sin hacer concesiones estéticas ni reflexivas: cada edición irrumpe con propuestas de gran densidad cultural que contribuyen a la apertura que vive hoy la literatura cubana. El esfuerzo curatorial de José Ramón Sánchez y Oscar Cruz se enfoca, con una asombrosa facultad de discernimiento, en creadores de vanguardia que rompen el ritmo del discurrir estético en la isla. Nunca se ha limitado La Noria a revisar hedonistamente a los escritores cubanos; coherente con el ánimo de repotenciación intelectual con que surgió, regresa cada vez con autores extranjeros a fin de enfrentar cualquier estrecho concepto nacional y favorecer la diversidad de visiones y motivaciones estéticas entre los escritores y lectores cubanos.

Cuando La Noria apareció por primera vez dejó perplejo a todo el campo literario cubano. Desde el Oriente insular –esa fue la primera de las transgresiones–, este proyecto de autor reunía los imaginarios jóvenes que, con mayor originalidad en el manejo del lenguaje, estaban reevaluando el canon de nuestras letras. Se proponía una relectura de la tradición literaria nacional.

Ese brío se hace patente también en este doble número, repleto de matices y erupciones estéticas e ideológicas –aun cuando el espíritu grupal que se respiraba en las páginas de la revista ha menguado–. Esta edición trae narrativa, poesía, ensayo, traducciones, autores emergentes y consagrados, creadores de dentro y fuera de la isla, en una amalgama sumamente proteica. El metraje no posee tiempos muertos; diversidad y heterodoxia, La Noria es una maquinaria que desautomatiza cualquier pureza receptiva.

La revista abre con un relato de Erick J. Mota. Una pieza de ciencia ficción donde se demuestra, una vez más, el potencial que este género supone en términos de inventiva literaria. La sutileza con que Mota elabora ideológicamente su historia, y las aperturas que experimenta en pocas páginas la psicología del personaje confirman que la ciencia ficción puede mantener, incluso en la narración corta, un sólido cable a tierra, y que resulta idónea para cifrar lecturas socioculturales. En materia narrativa, La Noria también incluye, del escritor francés Louis-René des Forêts, un fragmento de su relato «Desgracia en Lido», traducido por Jorge Miralles. Oscar Cruz y José Ramón Sánchez, en una suerte de trabajo arqueológico, y con el propósito de contribuir al desmontaje de resabios estilísticos y enclaustramientos temáticos, presentan a los lectores cubanos este singular autor francés, contemporáneo de George Bataille, Maurice Blanchot e Yves Bonnefoy.

También llegan en esta ocasión poemas de Robin Myers (Nueva York, 1987) y Kristin Dykstra (Wooster, 1970), traducidos por Ezequiel Zaidenwberg y Tina Escaja, respectivamente. Dykstra fue galardonada con el Premio PEN de Traducción de Poesía 2020 por The Winter Garden Phorograph, su versión al inglés de un volumen de Reina María Rodríguez. Sus piezas se mueven entre el objetualismo y la alegoría. Instalada en estructuras narrativas, su poética cristaliza en instantáneas de marcado aliento trascendental. La joven Myers es también traductora; lleva tiempo empeñada en dar a conocer en lengua inglesa la poesía latinoamericana contemporánea. Su escritura es de una sorpresiva claridad, enhebrada con suma limpieza retórica que bosqueja las circunstancias que rodean al individuo y que lo confrontan éticamente.

Siguiendo con la poesía, que ha sido siempre el plato fuerte de La Noria, vale destacar la inclusión de un poema de Jamila Medina Ríos titulado “Azul y yodo el corazón –penúltimas noticias–”. La estructura de un guion cinematográfico y la visita de la autora a la última locación donde se filmó Corazón azul –el más reciente largometraje del realizador Miguel Coyula–, sirven de pretexto para urdir un performático andamiaje lingüístico que medita sobre el Yo. Como gestos sobre un cuerpo, los versos de Medina Ríos se instalan para fijar los pasajes de una memoria en constante efervescencia, una subjetividad estremecida por el recuerdo.

‘La Noria’, No. 18/19, 2020
‘La Noria’, No. 18/19, 2020

También aparecen un grupo de poemas de Oscar Cruz, de su producción más inmediata. Resueltos en el vigoroso y eficaz estilo ensayado por su singular voz autoral, estas piezas son evidencia de la madurez creativa alcanzada por el creador, y de la resistencia con que su escritura ha viajado en el tiempo sosteniendo la potencia discursiva que la convirtieron en uno de los hallazgos más auténticos de la Generación Cero.

Se pueden leer en las páginas de este número los versos de Carlos Gil Calderón (Santiago de Cuba, 1992), un joven poeta que, continuador de la tradición coloquial, con fuerza eruptiva pone este estilo en función de una marcada crítica cívico-ideológica. Y los del español Víctor Pérez, exponente de la virulenta transgresión (estilística, temática) que ostenta la poesía española en la actualidad.

El índice se completa con otras dos mujeres: Paula Fernández Hernández y Martha Luisa Hernández Cadenas. La primera desembarca desde España para diseccionar las escrituras de Legna Rodríguez Iglesias, Jamila Medina Ríos y Gelsys María García Lorenzo. En su ensayo, esta investigadora penetra en la médula conceptual de las poetas cubanas para explicar sus cauces feministas y generacionales, y fundamentalmente el vínculo singular que mantienen sus respectivas obras con Cuba. La segunda se ha instalado en el panorama literario cubano actual como una de las voces literarias más descolocadoras. El estilo de Martha Luisa Hernández Cadenas se ha paseado por los más variados géneros literarios, con un fragor que desconoce normativas tiránicas. Aquí la escritora presenta una obra dramática, una poética pieza teatral, que emplaza en los días del tornado que azotó La Habana a inicios de 2019 para aprovechar la radicalidad del acontecimiento y erigir una escritura performática, de una abrasante carga alegórica, que expone la dinámica de un entorno familiar, epítome de la sociedad cubana.

Todas las invitaciones literarias de este número 18/19 de La Noria reafirman el corajudo impulso con que la publicación continúa dando batalla. Mejor lo dejamos en palabras de Oscar Cruz: “La Noria COVID es la confirmación de que seguimos en el juego”.

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Ángel Pérez (San Germán, Holguín, Cuba, 1991). Licenciado en Historia del Arte. Artículos y ensayos suyos aparecen en libros, antologías y publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Compiló y prologó con Javier L. Mora, Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Editorial Casa Vacía. Richmond, Virginia, 2017) y con Jamila Medina, Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, Guatemala, 2019). Ha obtenido los Premio Caracol de crítica y ensayo cinematográficos de la UNEAC (2017 y 2019), el Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas (2019), además de la Beca de Creación Dador (2018) y el Premio Pinos Nuevos de Ensayo (2020), ambos otorgados por el Instituto Cubano del Libro. Es programador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Integra el staff de Rialta.

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