ʻAbisal’, de Alejandro Alonso, triunfa en Documenta Madrid

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Fotograma de ʻAbisal’, Alejandro Alonso, dir., 2021
Fotograma de ʻAbisal’, Alejandro Alonso, dir., 2021

Cada estreno de Alejandro Alonso confirma su obra como una de las más trascendentes del cine cubano contemporáneo. Junto a otros realizadores de relieve del panorama audiovisual de la isla, él especialmente ha conseguido reinventar los paradigmas estéticos dominantes en nuestra filmografía. Alonso ha consumado ya un hermoso repertorio de imágenes que repasan los quiebres históricos, los conflictos emocionales, los traumas físicos de la Cuba postrevolucionaria.

Luego de su paso por la competencia oficial del festival Visions du réel en el pasado mes de abril, el más reciente filme de Alejandro Alonso, Abisal (2021), producido por Vega Alta Films y La concretera producciones, tuvo su estreno en España el día 28 de mayo, durante la última edición de Documenta Madrid, evento donde obtuvo el premio del público internacional.

Además de ser demostrativo del prestigio alcanzado por el cine cubano contemporáneo en la escena global, el excelente recorrido que ostenta este documental de Alonso deja ver también el notable trabajo de producción y distribución llevado a cabo por Vega Alta Films, un actor del campo audiovisual cubano que va resultando cada vez más determinante en la favorable diversificación institucional que ha venido experimentando nuestro cine en las dos últimas décadas.

La imagen instrumentada por el realizador resulta siempre un ensayo sobre las capacidades y valores de la propia superficie visual.

La consistencia adquirida por la voz autoral de este cineasta deriva del personal virtuosismo expresivo y la corrección caligráfica del diseño visual, sonoro y escénico de sus filmes, dotados de una originalidad en la administración del lenguaje audiovisual que los hace sustancialmente distintivos en la tradición cinematográfica del país.

En particular, la fotografía, heredera del expresionismo y resuelta desde un altísimo valor simbólico, evidencia una capacidad de revelación y una agudeza antropológica impactantes. Y es que la imagen instrumentada por el realizador resulta siempre, también, un ensayo sobre las capacidades y valores de la propia superficie visual. La fuerza alegórica de la filmografía de Alonso parte, antes que todo –me atrevería a decir–, del impacto matérico de sus imágenes.

Pero quizás sea él también uno de los autores que mejor ha conseguido imprimir, en nuestra contemporaneidad, una resuelta intencionalidad al sonido y la música; comparable con lo que en su momento perpetró, en ese sentido, Nicolás Guillén Landrián. La música y el sonido no sólo contribuyen a la conformación de la atmósfera, al trazado narrativo, o a dotar de densidad dramática a las situaciones registradas, sino que resultan definitorios en el sentido último del discurso y en la estructuración de la referencia estilística.

Alejandro Alonso (Foto: Reynier Leyva Novo)
Alejandro Alonso (Foto: Reynier Leyva Novo)

Desde su singularidad, Abisal continúa las obsesiones creativas e intelectuales desplegadas por Alonso en películas anteriores. Aquí volvemos a confrontar la radiografía de personas de contundentes individualidades, presas de sus circunstancias, inscritas a espacios que parecieran fugados de la Historia.

Por supuesto, todas estas “otredades” devienen brechas que permiten palpar las tensiones y problemáticas de la actualidad cubana; son excepcionalidades identitarias que alcanzan a explicar el país que menos vemos. Si bien Alonso se interesa por el saldo negativo del devenir revolucionario, sus películas registran menos la suerte de un proyecto político de cultura o de país que su repercusión en los cuerpos particulares, en la conformación de los sujetos.

La preocupación de este cineasta por estas subjetividades excéntricas no busca jamás exaltar el espectáculo de una personalidad, sino explorar el humanismo de un carácter, hurgar en experiencias que se escapan a las dinámicas de la vida cotidiana, ausentes de los discursos hegemónicos, los mismos que excluyen esas vidas otras por medio de brutales sistemas de exclusión.

Desde la poesía antropológica de la mirada documental de su director, Abisal se adentra en el habitus de un grupo de trabajadores del desguazadero de barcos localizado en Bahía Honda, en la costa norte del país. La capacidad anecdótica y la fuerza dramática que consiguen las situaciones a través de las cuales se retratan a estos trabajadores, confirman la inteligencia de Alonso para hacer de la exposición documental un ensayo discursivo pleno de revelaciones, denotan su profunda sensibilidad para comunicar el abatimiento.

Este crédito es compartido con Lisandra López Fabé. Responsable junto a Alonso del guion, López Fabé aporta a la película una sólida estructura interna, hace que el documental crezca dramáticamente por medio de una progresiva acumulación de información sobre el entorno descrito y las personas que lo ocupan, potenciando por medio del entrelazamiento de los bloques de imágenes las capacidades argumentativas de las mismas.

López Fabé es a la fecha una de las cineastas cubanas más sólidas en el campo del documental, un género tan rico como incomprendido en términos dramatúrgicos. La también directora logra en el caso puntual de Abisal una sorprendente ordenación de las imágenes.

Organizado en bloques, Abisal muestra a los personajes inmiscuidos en sus tareas en medio de ese espacio residual donde terminan los barcos desechados, devenidos chatarras, basura que estas personas deben procesar. Ya al inicio, donde vemos a un hombre ascender por una escalera metálica hacia un faro, Abisal advierte su inmersión en determinados pasadizos del destino humano.

La ambición retórica de la imaginería de Alonso entrega un fresco contundente de nuestra sociedad contemporánea.

Los planos de la gente realizando sus faenas en medio de los desechos parecieran presagiar una sumersión en las fauces misma del infierno, un micromundo erigido en la basura. Al observar ese entorno, la ambición retórica de la imaginería de Alonso entrega un fresco contundente de nuestra sociedad contemporánea: también las de esas personas son vidas residuales.

Esta particular parábola se sopesa mejor durante el segundo bloque narrativo del documental, cuando nos adentramos en el interior de un barco que algunos personajes transitan como si exploraran los círculos del abismo. En ciertos instantes escuchamos un par de conversaciones, que sirven para puntualizar la caracterización de estos individuos, para hacer aflorar una sensibilidad y una visión del mundo. Contra la imagen triunfalista, tropical, vitalista de la Cuba de hoy, presenciamos acá las trazas de una zona extrínseca al sistema, la precariedad de unas vidas que tienen su mejor explicación en las condiciones físicas del propio lugar donde existen.

Alonso reinterpreta el desguazadero, lo trasfigura, lo estetiza para hacer de ese habitus un diagrama histórico del presente cubano. Hay una escena en la que, al interior del barco, los personajes persiguen / buscan algo entre los oscuros pasillos. Descubriremos al cabo que se trata de una paloma blanca mensajera, que no sabremos bien como entró al lugar. Con este fragmento, esencial a los efectos de la enunciación discursiva de la película, el director fija un contraste entre la libertad del animal y la vida fantasmática de estas personas.

Para mejor perfilar su discurso, Abisal finaliza con uno de los personajes mirando, desde la cima del faro, un barco iluminado que transita por la bahía. Desde la distancia, en su espacio de muerte, él parece añorar la vitalidad de ese mecanismo que, allá en la distancia, tal vez no se sabe condenado también al descenso. Alejandro Alonso se entrega así a otra reflexión sobre espacios que, a su vez, le permiten trazar nuevos mapas de su realidad.

 

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Ángel Pérez (San Germán, Holguín, Cuba, 1991). Licenciado en Historia del Arte. Artículos y ensayos suyos aparecen en libros, antologías y publicaciones periódicas nacionales e internacionales. Compiló y prologó con Javier L. Mora, Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Editorial Casa Vacía. Richmond, Virginia, 2017) y con Jamila Medina, Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, Guatemala, 2019). Ha obtenido los Premio Caracol de crítica y ensayo cinematográficos de la UNEAC (2017 y 2019), el Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas (2019), además de la Beca de Creación Dador (2018) y el Premio Pinos Nuevos de Ensayo (2020), ambos otorgados por el Instituto Cubano del Libro. Es programador del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Integra el staff de Rialta.

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