Antón Arrufat
Antón Arrufat

Va a terminar el 2023 y no quisiera que el año se esfumara sin antes saludar la aparición de uno de los libros más interesantes y mejor pensados de todo este periodo. Concebido por la investigadora Cira Romero, se trata de un volumen que puede sumarse al concepto de una valoración plural acerca de uno de los escritores cubanos más importantes de su generación. De este modo En boca de otros, que al fin vio la luz gracias a Ediciones Matanzas, viene a ser un retrato múltiple de ese protagonista tan curioso y singular que es Antón Arrufat (Santiago de Cuba, 1935-La Habana, 2023), mediante un álbum que recopila textos muy diversos (desde ensayos y reseñas hasta notas de su archivo y correspondencia), y que tiene como principal virtud la de brindar al lector, conocedor o no del teatro, la poesía, los cuentos, novelas, ensayos y crónicas de este autor un amplio abanico de apreciaciones, juicios, matices y contrastes provocados por este hombre a lo largo de sus casi noventa años de vida. En boca de otros recopila, como bien señala su subtítulo, opiniones de muchos “testigos/cómplices/antagonistas”, y de ahí proviene la extrañeza y utilidad de este retrato a muchas voces, que incluye, cómo no, la del propio Arrufat. Una especie de “repaso final” que pretende poner “en claro” (jugando con los títulos de dos poemarios de Antón) más que su perfil literario e intelectual, su carácter.

Compuesto por dos grandes bloques de textos (“Asedios” y “Asedios II”) a los que divide una zona que rescata fragmentos de cartas, mensajes, emails, y que culmina con “Otros asedios”, una cronología comentada y anexos, entrevistas, así como una cuidada bibliografía; En boca de otros puede entenderse también como un acto que testimonia el respeto y la amistad que la compiladora profesó hacia Arrufat, quien alcanzó a ver un ejemplar de este volumen de unas 370 páginas antes de fallecer, el 21 de mayo pasado. A falta de alguna fotografía de su rostro, que se echa de menos en este libro, podemos adivinar la faz de quien lo provoca desde cardinales muy diversos, y esa mezcla de criterios y opiniones seguramente alegraría a Antón, animador como era de rumores, chismes, provocaciones y hasta malentendidos que le acompañaron durante toda su vida, durante la cual lidió con varias sombras, como las de su maestro Virgilio Piñera, y el aura de censura que cayó sobre su nombre tras la aparición de Los siete contra Tebas, en 1968. Ganadora del premio José Antonio Ramos de la UNEAC en 1968, en la misma convocatoria de los lauros de esa institución en la cual se alzó triunfante el poemario Fuera del juego, de Heberto Padilla, cayó en el mismo agujero negro en el que se hundió ese cuaderno, cosa que no siempre se recuerda debidamente.

En el reciente y útil documental de Pavel Giroud que recupera la filmación de la autocrítica que Padilla escenificó en 1971 para arrepentirse de ese libro (El caso Padilla, 2023), apenas se menciona a Los siete contra Tebas como parte del mismo proceso de negación y veto que Arrufat compartió con aquel otro libro. En la “Declaración de la UNEAC” que se impuso como prólogo a los ejemplares de sus ediciones, tanto los versos de Padilla como la obra de Antón son denunciadas como obras ideológicamente contrarias a la Revolución, como un eco de los ataques que ya ambos habían padecido desde las páginas de Verde Olivo, en esas columnas firmadas por el espectral Leopoldo Ávila. Tras esa noche de abril de 1971, Antón perdió su trabajo como asesor de Teatro Estudio (había sido parte del equipo de creación de La noche de los asesinos, de Pepe Triana y con puesta de Vicente Revuelta); y pasó por más de una década al oscuro papel de bibliotecario, hasta que lentamente se le concedió la rehabilitación, en las páginas de la revista Revolución y Cultura. En 1984, al publicarse su novela La caja está cerrada, pareció al fin romperse el conjuro maligno de la censura. Habían pasado 16 años desde la aparición de su libro Escrito en las puertas. Ganó el Premio de la Crítica Literaria con esa novela, cuya lectura es aún una especie de desafío incluso para algunos de sus fieles, y poco después vendrían otros poemarios, libros de narrativa, piezas teatrales, ensayos, etcétera. En el 2000, tras varias nominaciones, se alza con el Premio Nacional de Literatura. Y en el 2007, a casi 40 años del affaire Los siete contra Tebas, la obra se estrena en Cuba, dirigida por Alberto Sarraín.

Bajo la capa de esa primera biografía, se oculta otra, mucho más interesante que el mero repaso de acontecimientos y fechas. Arrufat es, más allá de esas evidencias, un personaje que sobrepasó el rol del escritor y testigo de su tiempo para desplegar ese papel desde una noción incómoda, recordándonos con su presencia las dificultades, peligros y discusiones que en un proceso de cambio puede ocupar o no un intelectual, un artista. Pese al maltrato, al silenciamiento que padeció él y quienes fueron sus contemporáneos, optó por quedarse en Cuba, llevando como un as bajo la manga su historial de no-persona, y acudiendo a él cuando deseaba dejar caer un dato, un chisme o una referencia que acallara determinados argumentos. Fue amigo de Cabrera Infante, Severo Sarduy, Calvert Casey, Reinaldo Arenas…, los vio partir a todos y los sobrevivió. Para mi generación, fue un hombre de obra discreta, acompañado por el mito de su obra vetada, que sin embargo se acercó a nosotros y nos sorprendió con nuevas obras en las que demostró que no estaba dormido en su mito, a partir de mediados de los años noventa. Lirios sobre un fondo de espadas, El viejo carpintero, Ejercicios para hacer de la esterilidad virtud y claro está, Virgilio Piñera: entre él y yo (que fue ampliando a través de varias ediciones) nos hicieron regresar a los cuentos de ¿Qué harás después de mí?, a su primera poesía, a las crónicas de ese libro tan grato que es Las pequeñas cosas, a otras obras como Todos los domingos o La zona cero.

Cubierta de 'En boca de otros'
Cubierta de ‘En boca de otros’

Tuvo en nosotros un grupo de amigos y lectores, entre los cuales no dejó de alimentar determinados debates y disensos, tratando en todo momento de dejarse ver como una figura viva, que necesitaba estar, efectivamente, “en boca de otros”, para ocupar ese sitio que la literatura que creó le proporcionaba, pero también para dilatarlo en esas otras nociones de presencia que en las letras cubanas puede conceder un aire de leyenda urbana. En este volumen de Cira Romero, todo eso se combina una y otra vez, y asistimos a un juego donde los textos elegidos deconstruyen constantemente al hombre y al escritor, al ser público y privado, al castigado y al rehabilitado, al provocador y al de sus concilios que no siempre miramos con agrado, para dar una visión de 360 grados alrededor de quien fue él. O de lo que creemos que fue. Y este libro ayudará a repensar eso, ahora que ya no podemos llamarlo por teléfono o encontrarlo por el Prado o la calle Obispo, para provocarlo y comprobar que su ingenio y su memoria no se habían adormilado.

En ese sentido, la selección apuesta por recordarnos desde su arranque esa incomodidad que Arrufat siempre provocó. Tras la inclusión de su “Pequeña declaración de fe”, que Antón leyó en la UNEAC al cumplir los 60 años, es un texto que lo ataca el primero del conjunto, firmado por ese Leopoldo Ávila que todos sabemos era en verdad Luis Pavón, desde su esquina en Verde Olivo. “Antón se va a la guerra”, publicado en noviembre de 1968, regala al joven dramaturgo epítetos que resumen lo que de él se decía por los pasillos de varias instituciones de la época, donde caía mal “por sus majaderías, su carácter variable, y en fin, una serie de cosas y cositas de distinta índole”. Es un texto de gran utilidad, pues si se lee paralelamente a la “Declaración de la UNEAC” que se le colgó a Los siete contra Tebas y Fuera del juego, se descubren ahí más elementos de recelo que los enunciados en el infame prólogo, en el cual se analizan largamente los “errores ideológicos” del libro de Padilla, y se explica menos, en solo un par de párrafos, por qué esa versión de la tragedia de Esquilo merece denunciarse de igual modo. La propia “Declaración…” también aparece en este volumen, y es de ahí que proviene esa noción de lectura cruzada, donde los artículos y ensayos dialogan entre sí, coexisten, se complementan y se enfrentan en un ejercicio que el lector debe asimilar como un juego de dados en pos de una noción más amplia de la realidad a la que esas palabras aluden.

Cira Romero comentó, en la presentación de este libro ocurrida en la Biblioteca Nacional, que lo aquí recopilado es solo una parte de lo mucho que encontró, para su sorpresa, escrito acerca de Arrufat. En algún momento, debido al cúmulo de reseñas, estudios, acercamientos a su obra, se llegó a pensar en una edición en dos tomos. Esa idea finalmente cedió a lo que tenemos hoy en las manos, un volumen único (aunque la portada deslice la errata que lo anuncia aún como “Tomo I”), y lo cierto es que dada la crisis editorial que Cuba atraviesa ahora mismo, poder levantar este libro de casi 400 páginas es todo un acontecimiento. Tras años de espera, provocada por la falta de papel o tinta y por la inclusión en el índice de algún autor vivo no grato al régimen, Ediciones Matanzas pudo finalmente añadirlo a su catálogo, y es sin dudas impresionante la relación de nombres que, desde perspectivas tan diversas, conforman ese núcleo de “testigos, cómplices y antagonistas” que aquí conviven.

Desde Virgilio Piñera y Lezama hasta Manuel Díaz Martínez, César López y Pepe Triana, sus contemporáneos, a Elina Miranda, Jesús J. Barquet, Verity Smith, Abilio Estévez, Rine Leal, Reina María Rodríguez, Bladimir Zamora, Sigfredo Ariel, Emilio Bejel, a Rogelio Riverón, Abel González Melo y Christian Frías, pasando por Rafael Rojas, Atilio Caballero, Emilio Ichikawa, Víctor Fowler, Rufo Caballero, Damaris Calderón, Leonardo Sarría o Eberto García Abreu, En boca de otros organiza su propia coral. Y sigue añadiendo cartas y fragmentos de José Emilio Pacheco, Carilda Oliver Labra, Luis Antonio de Villena, Graziella Pogolotti, J. M. Cohen, Luis Cremades, Ricardo Salvat, Matías Montes Huidobro, Adolfo Gutkin, Elizabeth Mirabal, así como entrevistas realizadas por Marilyn Bobes o Charo Guerra, que revisitan todos los géneros abordados por Arrufat, a los que Ricardo Repilado se refirió desde el afán que los enlaza en una concepción entrelazada, como un corpus que ahora podría empezar a leerse desde ese empeño unitivo. Varios autores se repiten (soy uno de ellos) lo que demuestra que la obra de Antón nos ha interesado en diversos momentos, ya sea desde una cercanía muy peligrosa o un afán crítico más señalado. Hombre que solía despertar pasiones y rencores, ahora recuerdo la discusión del Premio de la Crítica Literaria en la cual los cuatro poetas del jurado votamos por su poemario final, Vías de extinción, a pesar de la mirada punzante de una respetada latinista que obraba como presidenta del certamen. Y eso ocurrió en el 2015. Ni qué decir tiene que el nombre de esa profesora no aparece en el índice de En boca de otros. Pero no dudo que a Arrufat le hubiese encantado añadir a este plato tan variado la sal de los comentarios de esa “antagonista”.

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Cira Romero y Antón Arrufat en 2019
Cira Romero y Antón Arrufat en 2019

Aunque Cira Romero confiese en su prólogo no sentirse del todo satisfecha con lo aquí recogido, el libro, que debió haber salido de las prensas en el 2015 como saludo a las ocho décadas vividas por Arrufat, traza un mapa posible de sus lecturas y paradojas. Del extenso índice de este “tomo I” (algún día habrá que pensar en una secuela que recoja lo que aquí no alcanzó a aparecer o a localizarse), sugiero al lector, entre muchas opciones, los textos de Margarita Mateo y Pedro de Jesús López, no solo porque me parezcan excelentes, sino porque dan la medida del seguimiento a una obra a la que ambos han leído con inteligencia, suspicacia y demandas que se cumplen y se renuevan en el tiempo. Son ejemplos válidos de cómo las provocaciones de Arrufat no han caído en el vacío, y ello abarca no solo los estudios de corte académico aquí recogidos, sino también los “asedios” más rápidos y breves que se preguntan, una y otra vez, quién es realmente este autor, este hombre a ratos impredecible y otras veces tan cercano como distante. Otra recomendación sería la de atender especialmente a los textos que aquí se acercan a Los siete contra Tebas, que ya deberían recogerse en un volumen único, algo que la segunda edición de esa obra a cargo del sello Tablas-Alarcos adelantó en el 2007. Por encima de la anécdota de su censura, se trata de una pieza aún atractiva, escrita con pulso firme, y con posibilidades escénicas que todavía resisten más de una exploración. En ese punto, quiero agradecer a manera personal la publicación aquí de un texto mío que permanecía inédito, y que leí justamente en el acto por el 80 aniversario de Arrufat, durante los días en los que el director Juan Carlos Cremata recibía la notificación de que se le censuraba un espectáculo y se le negaba la posibilidad de seguir al frente de su colectivo: una prueba de que algunos fantasmas se resisten al exorcismo. No recordaba ese texto, y verlo aquí me ha suscitado nuevas interrogantes.

No hay aquí una fotografía suya, insisto, pero está su voz, de cuerpo entero. Me digo eso, volviendo sobre una idea apuntada antes. Cuando Antón Arrufat murió, también supo alzar desde su adiós otras reacciones no menos intensas a las que desataba en vida. Un reclamo me hizo reaccionar, al leer en un post de una joven periodista que el autor de Todos los domingos se había ido a la tumba callando demasiado. Y eso me pareció injusto: ya fuera de modo directo (en sus ensayos, en sus entrevistas) o de modo sinuoso (mediante la conversación, su memoria, su gusto por el rumor o el chisme, su manera de indicarnos un libro que leer o una historia por investigar), Arrufat desplegaba su paideia, su método para hacernos ver más allá de lo callado, lo evidente o lo infranqueable. Quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo, teníamos que atravesar ese vado, sabíamos que entrábamos a ese tironeo que él aprendió de Piñera y de otros contemporáneos, y sobrevivirlo significaba que habíamos pasado ciertas pruebas. Calló menos, en ese sentido, que muchos de su generación, y de las siguientes, que optaron por endulzar sus recuerdos o eludirlos cuando se les preguntaba sobre ciertas circunstancias amargas. Y este libro, En boca de otros, también confirma eso, también podrá leerse como una red de referencias que un lector de vista aguda podrá recomponer sucesivamente. Es el primer gesto de Arrufat desde otra lectura posible, más que su despedida. Y que debe complementarse con otros volúmenes, del modo en que ya lo hace la edición de Antón Arrufat, autorretrato sin enmiendas, que Carlos Espinosa acaba de lanzar con Ediciones Furtivas en Miami.

La noticia de su muerte me hizo pensar en una Habana más aburrida, carente de su paso y de su lengua peligrosa, de los recelos y cariños que despertó: una imagen más agrisada de ese panorama cultural en el que no abundan las sorpresas y las sacudidas que de cuando en cuando son imprescindibles. No sé que será de ese Liceo que abrió en la planta baja que le cedió Eusebio Leal en la calle Prado. No sé cómo lo re/leeremos de aquí a cinco, diez años. Sé que lo recordaremos en la multiplicidad de lo que él quiso dejarnos ver y saber de su persona, con la esperanza de que le reclamásemos siempre algo más. Rival o enemigo, confidente y generoso, enredador y cortante, deslenguado o prudente, simplemente Antón o a veces Arrufat, según lo que él mismo permitía o imponía, está otra vez En boca de otros. Lo sucedido el 23 de mayo de 2023 es solo una pausa en esa conversación. Una interrupción brevísima que este volumen negó, con su presentación el pasado 14 de agosto, y que extiende ahora como un nuevo diálogo, como una forma distinta y provechosa de seguir teniéndole, discutiéndole y entendiéndole entre nosotros.

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Norge Espinosa Mendoza (Santa Clara, Cuba, 1971). Dramaturgo, poeta y ensayista. Licenciado en Teatrología por el Instituto Superior de Arte de La Habana. Sus obras teatrales han sido puestas en escena por grupos como Pálpito, Teatro El Público o Teatro de las Estaciones, en Cuba, Puerto Rico, Francia o Estados Unidos. Entre sus textos destacan: Las breves tribulaciones (poesía), Ícaros y otras piezas míticas (teatro) o Cuerpos de un deseo diferente. Notas sobre homoerotismo, espacio social y cultura en Cuba (ensayo). Es un reconocido activista y estudioso de la comunidad LGBTQ cubana. Su poema “Vestido de Novia” se ha convertido en himno de las reivindicaciones de este grupo.

1 comentario

  1. Hermoso texto Norgito, pero no puedo pasar por alto un detallito, mas bien un «chisme», y es el hecho de que Cira Romero, la recopiladora, le negara el premio de la crítica a «El hombre discursivo» porque, según ella, era solo una recopilación de artículitos, y quién lo dude q indague en el acta aquel jurado del q fui parte…

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