David Lynch huyó de la perfección para encontrarse con la perfección, lo mismo en encuadres y relieves dramáticos concatenados, que en sonoridades ajustables a una mirada.
Puede que este sea el verdadero y único objetivo de Lynch: meterse en tu cabeza. Parece que le importa más penetrar en tu cabeza que lo que hace una vez que está allí.
La obra de Ricardo Figueredo Oliva (La Habana, 1972) pertenece al no-lugar del añorado Paraíso Comunista. Esta conversación versa sobre su obra, atravesada por la censura.
Una madre soltera de bajos ingresos en Miami tiene las manos atadas y la boca amordazada. Es una persona que recorre el mismo círculo vicioso varias veces y que aprende a recorrerlo a su pesar.
Tras cerrar los canales instituciones, pacíficos y políticos de resolución del conflicto, el chavismo parece condenar a la población venezolana a la rebelión o a la migración forzada.
El territorio de los que escriben novelas tiene la forma, para Murakami, de un ring abierto a quien quiera subirse con su propia invención, y al mismo tiempo tiene límites definidos.
Joseph Brodsky, un hombre sacado de su cauce por un poder político ignominioso, no pierde, durante el transcurso de un tiempo que todo lo malogra, sino que gana lo que produce después, durante el exilio.