Joseph Brodsky, Leningrado, 1963

I

1
Llegué a la Navidad sin nada en el bolsillo.
El editor pospuso sin fecha mi novela.
El Corán ha infectado las fechas moscovitas.
No puedo levantarme para ir a visitar
ni siquiera a mi amigo, donde lloran los niños,
ni el hogar familiar, ni a alguna conocida.
Para ir a cualquier sitio hace falta dinero.
Sentado en una silla, lleno de rabia, tiemblo.

2
¡Maldito sea mil veces mi oficio de poeta!
El teléfono calla y me espera el ayuno.
Puedo pedir prestado dinero al sindicato,
pero sería lo mismo que pedirle a las chicas.
Perder la independencia me parece un pecado
a la larga peor que perder la inocencia.
Supongo que es muy grato soñar con un marido
y da placer decir “ya es hora de casarse”.

3
Al tanto de mi estatus, hace ya cinco años
que mi novia se niega a casarse conmigo;
ahora mismo no sé dónde diablos se encuentra,
y ni el diablo podría sacarle la verdad.
Me dice: “No te aflijas en vano. ¡Lo que importa
son nuestros sentimientos! ¿Quién puede estar en contra?”
Es cierto que mi estado le parece perfecto.
Pero se queda en donde pueda tomarse un trago.

4
En general, no creo demasiado en el prójimo.
Otro estómago siempre ofende la cocina.
Además, doy fastidio con tantas opiniones
sobre el papel del hombre, su lugar en la vida.
Ellos me consideran un bandido ilustrado
y a menudo se burlan de mi buen apetito.
No parece probable conseguir que me fíen.
Al contrario, reclaman: “Sírvele más aguado”.

5
Al mirarme al espejo aparece un soltero.
No alcanzo a comprender una cosa tan simple:
¿cómo he llegado al mil novecientos sesenta
y siete de los años de nuestra era cristiana?
Ya sumo veintiséis de continuos vaivenes,
de tundas judiciales, de rascar los bolsillos,
de evadir a la Ley haciéndole señitas,
de fingir y de hacerme, cuando conviene, el tonto.

6
En tanto, alrededor, todo va sobre ruedas.
(Y me estoy refiriendo, por supuesto, a las masas.)
Marx no se equivocó. Aunque si por él fuera,
hace mucho debían haberme apuñalado.
No sé bien hacia dónde se decanta mi saldo,
como si mi existencia fuese una paradoja.
Escapo de mi época con una voltereta.
¡Tendrán que disculparme por esa agilidad!

7
Así que todo llama a mantener la calma.
Ya no hay nadie capaz de gritar: “¡A las armas!”
Hace mucho extirparon toda la aristocracia.
No hay ningún Pugachov, ni tampoco un Stenka.
Se cuenta que tomaron el Palacio de Invierno.
Ese tal Dzhugashvili se conserva enlatado.
Enmudeció el cañón del castillo de proa.
Dentro de mi cabeza, nada más que dinero.

8
El dinero se oculta en bancos, cajas fuertes,
bajo el suelo, en las medias y en las vigas del techo,
en armarios ignífugos, en los giros postales…
¡Inunda cada esquina de la Naturaleza!
Los fajos de billetes nuevos susurran como
las copas de abedules y de esbeltas acacias.
Empiezan a cercarme las alucinaciones.
Por favor, ¡necesito que me pasen oxígeno!

9
Anochece. Allá afuera, el rumor de la nieve.
Por lo bajo, una pala que raspa el empedrado.
Enfrente, en la ventana, se ha encendido una luz.
Sigo aquí, lastimado por un muelle de acero.
Sólo se ve la luz. No logro distinguir
el ícono que alumbra. Me acerco a mi balcón.
La nevada ha cubierto de blanco los tejados
y las casas del barrio me resultan extrañas.

II

10
Toda igualdad, hermano, excluye por decreto
cualquier fraternidad. Tengamos esto claro.
La esclavitud engendra siempre la esclavitud.
Incluso con la ayuda de las revoluciones.
Primero el capital engendró el comunismo.
Luego los comunistas se volvieron ministros.
Que después incubaron a nuestros morfinistas.
Si quieren saber más, deben leer a Luciano.

11
No vendrá un Pececillo Dorado a complacernos.
Marx, de la producción, nunca tuvo ni idea.
La fuerza de trabajo no es simple mercancía.
Hablar de esa manera ofende al proletario.
El trabajo es la meta del ser, su forma interna.
Y el dinero sería como su plataforma.
Algo más que su modo de ganarse el sustento.
Voy a desenrollar mejor esta madeja.

12
Las cosas representan mucho más que su precio.
Ahora, la economía se ha convertido en centro
de toda la atención. Sustituye a la Iglesia,
mantiene la unidad y explica las conductas.
En fin, cada individuo en esencia resulta
bastante parecido a una simple doncella.
Alguien con muchas ganas de encontrar su pareja.
Un par de pantalones que piden una falda.

13
Es normal que la bola corra hasta su tronera.
(Y está bien demostrado que torturo a mi Musa.)
El mañana feliz ya no le pertenece
a la cruel Competencia, sino a la Cohesión.
(De ninguna manera aspiro a ser profeta.
Pero probablemente estos versos que escribo
terminen acortando cualquier expectativa.
Recordemos que “un año en realidad son dos”).

14
Ha sonado la hora y llegado el momento
de las bodas que enlacen Trabajo y Capital.
El brillo del llamado vil metal (y también
las efigies impresas) será más agradable
que la cruel sensación del bolsillo vacío,
más simple que cualquier rotación de tiranos;
mejor que una cultura de gente drogadicta
y que una sociedad crecida entre jeringas.

15

No fue el primer pecado lo que nos hizo huérfanos.
Aunque muchos, sin duda, prefieren lo bestial.
Siempre ha sido más fácil encontrar diferencias:
“Trabajo y Capital no han de tener contacto”.
Por suerte, no crecimos bajo el severo Islam,
basta de charlas sobre las camas separadas.
La atracción de los sexos es algo irrefutable.
Son los polos los que hacen girar este planeta.

16
Como cualquier soltero, anhelo el matrimonio.
Por supuesto, no espero que lo resuelva todo.
La vida familiar no es camino de rosas.
Pero al menos los cónyuges son los únicos dueños
de aquello que han creado con el placer común.
Y no les hace falta lo de “No robarás”.
De lo contrario, todos rogaríamos por Cristo.
Así que ya lo saben: ¡cuiden a sus pequeños!

17
A mí, como poeta, todo eso me es ajeno.
Bien que recuerdo aquello de “a cada cual según…”
Lo escribo y me estremezco: tremendo disparate.
¿Acaso estoy en contra de poderes legítimos?
El tiempo mostrará si están equivocados.
Yo ya tengo bastante con mi pésima fama.
Pero no cabe duda que la mala política
corrompe la moral. ¡Eso sí nos concierne!

18
Al final, el dinero es como la virtud.
Tomo a Alá por testigo de que no cae del cielo,
pero a menudo el viento se lo lleva volando
como mismo sucede con sinceras promesas.
Allá donde uno vaya, no hay que pedir prestado.
A la tumba, seguro, no nos lo llevaremos.
Está en su propia esencia lo de multiplicarse,
bien lo cuenta Krylov en una de sus fábulas.

19
Los pensamientos que uno prefiere reservarse
son más sólidos siempre que los que manifiesta.
¡Cualquier alma se mueve más veloz que un glaciar!
Por supuesto que nuestra sociedad no requiere
de profetas, prefiere científicos u oficios.
Pero mientras no llegue el momento del fin
—y para no caer en los brazos del vicio—,
propongo mantener las manos ocupadas.

20
En general, ignoro la dicha de los otros.
Por mi parte, sin duda, parece un bello gesto.
Prefiero dedicarme a mejorar por dentro:
a medianoche, media botella, con la lira.
Aprecio más los árboles que el bosque en su conjunto.
Ya saben: no comparto el interés común.
Pero avanzo por dentro, y mi propio progreso
es mucho más veloz que ese que arrastra al mundo.

21
Se trata de la base de cualquier aislamiento
conocido. Estrechar lazos con el abismo
se ha vuelto hoy un asunto puramente privado.
Además, ese estado resulta incompatible
con lo de la hermandad, la igualdad y demás:
la honestidad es algo que no tiene reemplazo.
En fin, no es admisible y nada lo compensa,
sobre todo en el caso de quien está casado.

22
Así, mientras desbordo anhelos de excelencia,
al igual que Toptyguin durante su gobierno,
me arranco con un canto sobre la producción.
Ojalá que se entienda de manera correcta
el método propuesto en las estrofas previas:
la sociedad podrá reunir a sus mejores
hijos mientras sostiene de la razón la antorcha,
dando felicidad al primero que venga.

23
De otro modo, me temo, ganarán los telépatas,
los budistas, las drogas o los espiritistas,
neurólogos, psicópatas, o incluso los freudianos.
El nirvana y la euforia serán los encargados
de dictarnos las reglas. Todos los drogadictos
correrán a ponerse botas y charreteras.
En el iconostasio de la Virgen María
y nuestro Salvador colgarán la jeringa.

24
El alma cubrirán con un inmenso velo.
Nos cercarán con una espiral infinita
y nos enchufarán a la moral etílica.
La lengua cotidiana se librará del Verbo.
Gracias a una poción de benévolas hierbas,
entre nubes, daremos vueltas de carrusel.
A nuestra tierra sólo bajaremos a veces,
cuando toque pincharnos alguna nueva dosis.

25
Nuestro mundo ya ha sido totalmente cubierto
por la gran telaraña de los laboratorios.
Una red gigantesca hecha de trayectorias
ha invadido mi techo: ¡sucedió tan deprisa!
Desde luego no es algo muy agradable de ver.
La humanidad, en tanto, aspira a triplicarse.
La raza blanca está condenada a extinguirse.
Lo único inevitable es el asesinato.

26
Tal vez algunos hombres de color nos despachen,
o al otro mundo lleguen por culpa de nosotros.
Volveremos, entonces, a las cervecerías.
Ninguna de las dos son opciones cristianas.
¡Ortodoxos! Lo siento, ese no es el asunto.
¿Qué es lo que están mirando con los ojos atónitos?
Ya todos traicionamos aquel Cuerpo de Dios
despejando el espacio con tal de hacernos sitio.

27
Los sofistas no estaban entre mis profesores.
Y hay algo femenino en cada pacifista.
Pero tampoco creo que tengamos derecho
a separar los puros de quienes no lo son.
No me estoy refiriendo a la ley de Moisés.
Es cierto que otras hordas antes nos oprimieron.
Pero al no ser nosotros quienes los alumbramos,
tampoco es tarea nuestra infligirles la muerte.

28
Hay muchos que prefieren crear comodidades.
(Está bien explicado en un libro de Hobbes.)
Sentado en una silla, pienso y cuento hasta cien.
La purga, ya se sabe, es algo complicado.
Bailar sobre las tumbas tampoco está bien visto.
Generar abundancia en nuestro estrecho mundo:
eso sí que es un acto propiamente cristiano.
En ello es que consiste lo que llaman Cultura.

29
Hoy día todos nuestros múltiples seguidores
del lema “Religión es el opio del pueblo”
se sienten investidos de nueva libertad,
recién desembarcados en una Edad Dorada.
Pero en este registro (disculpen el estilo),
la sola libertad de no elegir es pobre.
Y por lo general, aquel que escupe a Dios,
ya escupió previamente sobre alguna persona.

30
“Dios no existe. Y la Tierra está llena de baches”.
“No puedo verlo. Entonces, me dedico a las chicas”.
Es tan vasta la escala de lo que Él ha creado
que hay demasiado espacio entre objetos. Por eso
emprende interminables incursiones. Aquello
que sí es irrefutable es que está allí Su Reino.
Fuera de nuestro mundo —y de nuestras miradas.
“¡Estimados señores, vuelvan a sus asientos!”

31
De noche. Un callejón. El cerco de la helada.
Los Cárpatos se extienden sobre nuestras aceras.
Los planetas se mecen en sus columpios como
si fueran los candiles que, en majestuoso culto,
Dios hubiera encendido por nuestro firmamento
ante un rostro que no se alcanza a distinguir
(los poetas se ocupan de tales evidencias)
en ese gigantesco altar del universo.

III

32
En Nochevieja, solo, clavado en una silla.
Cegado por el brillo de grandes cacerolas,
procedo a darle un sorbo a mi propio remedio.
Mis nervios brincan como en su lámpara el genio.
Por mi nuca se extiende la suave llamarada.
Me acuerdo de las muchas botellas que he vaciado,
de los guardias de Kresty, de Vologda y Butyrki.
En realidad, no quiero salir a protestar.

33
Solo, sobre una silla, en este inmenso piso,
oigo el fragor del Niágara del retrete vacío.
Me siento como un blanco en el campo de tiro,
el menor de los ruidos ya me pone a temblar.
He echado los cerrojos, pero aun así la noche
me apunta con los cuernos de Aries, como Cupido
con sus flechas, o Stalin con el fusil famoso
que estrenó el diecisiete Congreso del Partido.

34
Enciendo el gas y trato de calentar mis huesos.
Sentado en una silla, lleno de rabia, tiemblo.
No quiero encontrar perlas escarbando en las heces.
¡Esa es mi libertad! ¡Le regalo la mierda
al que quiera indagarla! Un patriota, señores,
no es como aquel gallito del cuento de Krylov.
Ojalá el KGB no se pajee conmigo.
¡Y en mi bolsillo calle la triste calderilla!

35
Aunque respiro plata, es cobre lo que escupo.
Me pescan con anzuelo y una red medio rota.
Luego de alborotar a todo el avispero,
doy un salto directo a la inmortalidad.
¡Una ramita, al menos! Soy ratón en barril.
¡Saca al santo y la foto del Primer Secretario!
En el bosque oigo el hacha del viejo leñador.
Me revuelco en la nieve con tal de refrescarme.

36
No me voy a enfriar. ¡No se hagan ilusiones!
Ya casi estoy a punto de armar una revuelta.
No soy de esos que adoran al gordo Buda bizco,
te capturo una liebre por un par de monedas.
¡Que den por clausurada —¿en dónde está el cincel? —
la fábrica de pan de Yasnaia Poliana!
Lo de la resistencia pasiva me repugna:
es como si una hoz te cortara los huevos.

37
Al igual que Aristóteles en el fondo del pozo,
no sé de dónde surgen las condenadas cosas.
No trates de medirla ni le busques un rostro:
la maldad sólo existe para ser derrotada.
Todos esos a quienes aflige el individuo
o que están preocupados por la conjuntivitis,
que se vayan al diablo, en orden alfabético:
¡así la democracia cobra pleno sentido!

38
Adoro los paisajes de mi tierra natal,
los lagos, las colinas arrugadas, los valles.
Todo muy lindo. Pero sus hombres son basura,
con sus cuerpos fornidos y sus almas tan débiles.
Esta ley que promulgo no parece muy justa.
Nuestro preclaro halcón intenta consolarse.
¡Señores, por lo menos rompan un par de platos!
¿Cómo es que los aguantan todas vuestras mujeres?

39
Hoy es triste mi noche. Desde el empapelado
me contempla un billete de cien de los de antaño.
Podría ir al burdel, la madame —numismática—
seguro que lo acepta. Pero me da pereza
ponerme a despegarlo, toda esa agitación.
Prefiero mi silencio y el ayuno, quedarme
pegado a la ventana y santiguarme mientras
espero que allá enfrente también muera la luz.

40
“¡Llegó el verde verano! ¡Qué verano tan verde!
¿Qué me dice el arbusto cuando brota su flor?
¡Es tan bueno salir sin ponerse el abrigo!
Volverán todos esos colores del verano.
Una niña tocada con un simple pañuelo
se pasea por el campo recogiendo sus flores.
La tomaría por hija, ¡ay! por mi propia hija.
En el azul del cielo vuela una golondrina”.

14 de enero de 1967

Comentarios:

El título del poema es, por supuesto, una referencia al proverbio anglosajón “Dont cry over spilled milk” (“No hay que llorar sobre la leche derramada”). La sabiduría popular advierte que la queja sobre lo ya consumado no ayudará a cambiar las cosas. Así se organiza este poema navideño: catálogo de pérdidas que, sin embargo, no vale la pena lamentar demasiado.

I. 1. 3: El poeta, sometido a un ayuno forzado, parece referirse al Ramadán, o a la imposibilidad de celebrar la Navidad (festividad ausente del calendario islámico ya que para el Corán el nacimiento de Jesús parece haber sido en verano, no en invierno).

I. 7. 4: Referencia a los líderes de las insurrecciones cosacas contra los zares, Yemelián Pugachov (1742-1775) y Stepán (Stenka) Timoféyevich Razin (1630-1671).

I. 7. 6: La alusión al “Dzhugashvili [el apellido georgiano de Stalin] enlatado” es una manera de resumir lo sucedido tras su muerte, en 1953. Después de ser embalsamado, el cadáver de Stalin se exhibió durante años junto al de Lenin en el célebre mausoleo de la Plaza Roja de Moscú. En 1961, por orden de Jruschov, fue retirado de ese lugar y enterrado cerca, junto a otros líderes menores de la Revolución Rusa.

 I. 7. 7: El cañón mudo sobre “el castillo de proa” es el del crucero Aurora, cuyo disparo habría sido la señal para el asalto al Palacio de Invierno y el comienzo simbólico de la Revolución (en octubre de 1917).

II. 11. 1: Referencia a una fábula popular rusa, Сказка о рыбаке и рыбке (“El cuento del pescador y el pececillo”, de la que hay famosas versiones (de Pushkin y Afanasiev, entre otros). Originalmente, un cuento de los hermanos Grimm.

II. 13. 8: La frase “un año en realidad son dos” es una alusión a los efectos del tiempo cumplido en la prisión. Cuando escribió este poema, Brodsky tenía frescos los recuerdos de su propia condena por “parasitismo social”, en 1964.

II. 18. 8: Iván Andréievich Krylov (1769-1844). Poeta, comediógrafo y el más brillante fabulista ruso.

II. 19. 5: El original dice literalmente “la sociedad necesita menos un profeta que un cerrajero o que a los científicos”. Mi traducción lo modifica por imperativos del alejandrino.

II. 22. 2: Alusión irónica a un personaje de la obra de Nikolai Alexéievich Nekrásov, “El general Toptyguin”, donde los campesinos y funcionarios de una aldea confunden a un oso sobre un trineo con un famoso general.

III. 32. 7: Vólogda, Kresty (Las Cruces) y Butyrki son célebres prisiones rusas de la época.

III. 33. 8: El original dice literalmente “…o como Stalin con su tulka en el XVII Congreso”. La tulka es un fusil que los representantes de la región de Tula, conocida por sus fábricas de armamento, regalaron a Stalin en el XVII Congreso del Partido Comunista Ruso, que se celebró entre el 26 de enero y el 16 de febrero de 1934. Evento apodado primero el “Congreso de los Victoriosos”, y luego el “Congreso de los fusilados” porque de sus 1.996 delegados, 1.108 fueron arrestados y de ellos dos terceras partes ejecutados en primeros tres años de la Gran Purga. En la jerga soviética, se le dio el nombre de tulka a una carabina, la Mosin-Nagant, que a comienzos de los años 30 se convirtió en el fusil por excelencia del francotirador soviético. El símil de Brodsky alude a un fotograma de un noticiero de la época en el que se ve a Stalin que, luego de recibir el fusil, lo apunta sobre los delegados al Congreso, mientras los funcionarios a su alrededor le ríen la gracia. Que acabaría siendo profética.

Stalin en el XVII Congreso del Partido Comunista Ruso
Stalin en el XVII Congreso del Partido Comunista Ruso

III. 34. 6-8: Estos versos sirven para reflexionar sobre el trabajo del traductor a la hora de enfrentarse con las groserías poéticas. Este poema está fechado a principios de 1967, cuando tras el proceso por “parasitismo” y el affaire de Sovietsky Pisátel, Brodsky ya era un apestado, impublicable en su propio país, y podía despreocuparse, por lo tanto, de cualquier tipo de corrección política o autocensura. Usa entonces la poesía para mezclar todos los registros de la lengua rusa, desde el más alto hasta el más bajo, lo culto y lo barriobajero. Hasta ese momento, la poesía rusa era sumamente pudibunda, muy escasa en groserías. Y ni hablar de la poesía soviética.

Tras una alusión a otra fábula de Krylov (versión rusa de un texto de La Fontaine) en la que un gallo encuentra una perla escarbando en el estiércol y es incapaz de apreciar su valor, Brodsky se permite el verso “Пусть КГБ на меня не дрочит”, literalmente “Ojalá el KGB no se haga una paja conmigo”. Masturbación sin sentido, parece decir el poeta, puesto que él no es más que un pobre diablo, con los bolsillos agujereados (por los que se le escurren las monedas).

III. 35: La “plata” del primer verso es una referencia a la Edad de Plata de la literatura rusa, de la que Brodsky fue devoto y en la que vivieron sus dos grandes figuras tutelares: Mandelstam y Ajmátova.

La rama que pide el poeta podría ser de laurel, y lo de “ratón en barril” es mi manera de comprimir el original: “doy vueltas a lo loco como un ratón [atrapado] en la oscuridad del fondo del barril”.

El “viejo leñador” del penúltimo verso es, por supuesto, Stalin, famoso por la frase: “Cuando se tala un bosque, vuelan las astillas” (“explicación” de los “daños colaterales” de la construcción del socialismo). Recuérdese, también, aquel célebre poema de Pablo Neruda, “Que despierte el leñador” (1948): “En tres habitaciones del viejo Kremlin/ vive un hombre llamado José Stalin…”. Para conjurar el peligro anunciado por el hacha del leñador, el poeta pide sacar las imágenes de los santos y la del Secretario General del PCUS (aludido con las siglas soviéticas GENSEC).

III. 36. 5-8: Además de emplear el lenguaje del rufián callejero, Brodsky se atreve a ir contra una de las sacrosantas instituciones de la cultura rusa: Lev Tolstoi y su doctrina moral, condensada en el topónimo Yasnaia Poliana (“El calvero”, la finca donde el escritor, uno de los primeros apóstoles de la llamada “resistencia pasiva”, fundó una famosa escuela para difundir sus doctrinas). Lo de la “fábrica de pan” es mi pobre solución (aunque tiene la ventaja de que en español se dice de alguien que es “bueno como un pan”). En ruso el poeta usa, después del neologismo “yasnapoliánskaia”, el término хлеборезка (cortadora de pan, pero también, en argot, algo así como “bocota” (cuando uno dice: Заткни свою хлеборезку! ¡Ciérrale su bocota!). En resumen, lo que quiere decir Brodsky es: “Que paren ya con las monsergas tolstoianas”. Definir la “resistencia pasiva” como una emasculación con la simbólica hoz que aparece en el escudo soviético resulta algo inimaginable en ningún otro poeta ruso. La virtud poética de Brodsky es justo ese atrevimiento, y esta mezcla de registros lingüísticos que vuelve casi imposible la tarea del traductor.

Una versión al inglés del poema, hecha por el propio Brodsky junto con Glyn Maxwell, mantiene el esquema de rimas del original pero reformula su contenido y diluye, al mismo tiempo, la fuerza imprecatoria de la estrofa:

The hell I will. Forget it, friend.
A riot’s what I have in mind.
Slant-eyed Buddha’s not my kind.
Me, I’d catch a hare for peanuts.
Vegetarianism?-swing
the wrecker’s ball. That lettuce gang.
Non-violence, gents, is cattle-dung.
May as well kick me where it hurts.

III. 38. 6-8: El “preclaro halcón” (ясный сокол) evoca un personaje de un cuentos de hadas ruso (“Финист ясный сокол”), un antiguo tópico para referirse a los hombres bravíos, como si en español dijésemos, por ejemplo, “sastrecillo valiente”. Ese prototipo del guerrero ruso intenta consolarse por el triste diagnóstico del poeta, que exige a su pueblo algún signo de virilidad. Lo de “rompan un par de platos” es mi traducción contextuada de la frase literal “rompan un par de cristales”.

III. 39. 1-5: Por esa época, Brodsky y varios de sus amigos leningradenses acostumbraban a usar los antiguos billetes rusos fuera de circulación para empapelar las paredes de sus habitaciones.

III. 40: La intensidad acusatoria de la tercera parte del poema es reemplazada de pronto por una estrofa bucólica. El poema se cierra con esta nota folclorista entrecomillada: una canción popular que parece inspirar esperanza con la imagen de la niña y la golondrina que anuncia el verano. A mi juicio, se trata de otra jugada sarcástica de Brodsky —aunque algún crítico ruso prefiere considerarla una “reconciliación” del poeta con su realidad vital.


* Agradezco a Verónica Proskurnina y José Manuel Prieto por aclarar varias de mis dudas.

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Ernesto Hernández Busto (La Habana, 1968). Poeta, ensayista y traductor. Su libro Perfiles derechos. Fisonomías del escritor reaccionario ganó en 2004 el III Premio de Ensayo Casa de América y fue editado por Península. Ha publicado numerosas traducciones, sobre todo de poesía, en editoriales de España y Latinoamérica. Sus obras más recientes son el poemario Ariles (Godall, 2021) y un ensayo: Cerdos y niños. Por qué seguimos siendo carnívoros (InterZona, 2011). Vive en Barcelona desde 1999.

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