‛Agwe’: la espera como destino

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Fotograma de ‘ Agwe’ (2023, Haití); Samuel Suffren
Fotograma de ‘ Agwe’ (2023, Haití); Samuel Suffren (IMAGEN Cortesía del Festival de Cine INSTAR)

Agwe (Samuel Suffren, 2022) empieza y termina en el mar. Para sus protagonistas, el mar es salvación y condena. Agwe cuenta una historia de amor, el sacrificio de una pareja subyugada por hostiles circunstancias de vida. François y Mirlande cifran la suerte de su amor, y el futuro del hijo que ella lleva en su vientre, en la posibilidad de dejar el pueblo pesquero donde viven, en Haití, y llegar a Estados Unidos. Dice François a un amigo mientras pescan: “No sé cómo lo haré, pero tengo que irme. No puedo permanecer más aquí viendo cómo la situación empeora”. El mar es el único camino.

En el vodú haitiano, Agwe es patrón de los pescadores. Ese es el nombre que François escoge para su hijo cuando está a punto de partir hacia Estados Unidos en una embarcación bastante precaria y cargada de personas. Mirlande observa el bote alejarse con la esperanza de ver pronto a su compañero; con la ilusión de, en breve tiempo, poder reunirse los tres (ellos y su hijo), en mejores condiciones de vida.

Enfrentar los peligros de esa travesía marítima es una apuesta por el mañana, por la felicidad. En un inhóspito entorno rural subsiste esta pareja de amantes, golpeados por la pobreza, el hambre, la inseguridad sanitaria y la falta absoluta de oportunidades. La descripción del entorno –resuelta por Suffren con economía dramática– permite explicar las decisiones de los personajes; no hacen falta palabras. En cierta escena, Mirlande, embarazada, recoge con resignación su puesto de venta de pescados, con el rostro consternado y el cuerpo exhausto; en esa breve secuencia se advierte su desasosiego y se justifica el sueño americano de François.

Cuando François comenta a su mujer, durante la cena, en la penumbra de la pequeña casa donde viven, que saldrá pronto un bote hacia Estados Unidos, y que debe aprovechar la oportunidad, ella responde, de inmediato, con expresión de azoro: “¿Qué voy a hacer sola sin ti?”. Un instante después, ambos retozan, se abrazan, ríen a carcajadas en la cama, entusiasmados con la sola idea de una vida mejor. El peligro del viaje se desvanece por unos segundos.

Se teje esta historia bajo el propósito declarado de atender la tragedia migratoria en Haití. Pero el realizador no está interesado en las inhumanas dificultades de la travesía, en los accidentes del viaje; quizás el perfil más atendido por el cine. Suffren –que compite con este filme en el IV Festival de Cine INSTAR (del 4 al 10 de diciembre)– aparta el foco de la experiencia de quienes se van y lo coloca en quienes se quedan; examina el impacto de la emigración en aquellas personas que esperan, en silencio, como Mirlande, ahogada por la incertidumbre y la soledad.

Sin demasiados parlamentos ni acentos dramáticos, con un límpido manejo de las curvas emocionales de los personajes, Suffren describe el cisma interior de una mujer que, después de diez años, todavía guarda esperanzas de reencontrase con su marido. Sin noticias, con su hijo crecido, ella no sabe si François llegó a su destino o pereció en el intento. Sin embargo, nada hará que renuncie a ese hombre que alguna una vez juró amar sobre las aguas donde ahora evoca a Agwe.

Una de las virtudes de esta breve película es su inteligente articulación dramática. No se urde el relato como una sucesión de acciones, como una cadena de causas y efectos, según puede esperarse tras los primeros minutos. Presentados los personajes, descrito el ethos del pueblo, el director ensaya algunas sutiles curvas temporales, elipsis visuales y narrativas que, además de conferir síntesis al relato, favorecen su adentramiento en el cosmos afectivo y familiar de los personajes. Llama la atención el orgánico salto temporal que desplaza el argumento unos diez años; de este modo se subraya a nivel dramático, y se describe a nivel visual, el desgaste y, a la vez, la resistencia de la protagonista, ahora acompañada por el niño, ingenuo, quizá, ante el dolor de la madre. Una sucesión de planos contemplativos –de calidad documental e icónicamente elaborados– definen el abismo existencial de Mirlande.

De ‘Agwe’ (Haití, 2022); Samuel Suffren
De ‘Agwe’ (Haití, 2022); Samuel Suffren (IMAGEN estivaldecineinstar.com)

Un momento resulta especialmente efectivo, y no solo en términos de construcción dramática, sino en términos de construcción del discurso: aquel en que se escenifica la boda de los protagonistas, sobre un bote en medio del mar. No se sabe con precisión si esas imágenes emanan de los recuerdos de Mirlande o son fruto de su imaginación. Un plano fugaz deja ver el rostro del hijo mientras los padres se confiesan su amor; ahí no sabemos ya si esas imágenes son un sueño de la protagonista, incitado por la pérdida, o un recuerdo contaminado por el dolor de una larga espera. En su poética presentación visual, esa secuencia alcanza a resumir la profunda tristeza de esta mujer, y explica la decisión de tomar, ella también, el camino del mar.

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A nivel visual, el registro dominante resulta naturalista, marcado por el desaliño de una cámara en mano que acompaña los movimientos de los personajes. Mas ese desaliño es trocado en virtud, en estilo, siempre que describe con certeza el entorno, una geografía que rezuma la misma desesperanza que ha llevado a François a optar por la emigración. Abundan también primeros planos del rostro de los actores; sus expresivas interpretaciones condensan en cada mirada la suspensión que habitan los personajes.

Al principio y al final de Agwe se escucha a Mirlande invocar al loa vodú del océano: “El mejor amigo del cuerpo es el mar, sus olas traen esperanza, la esperanza de una mejor vida en otro lugar”. Esa esperanza es lo único que tienen estas personas. Con el mar a sus pies, la emigración es para muchísimos haitianos principio y fin de sus vidas.

Para Cuba, el Festival de Cine INSTAR exhibe este cortometraje de ficción del 4 al 10 de diciembre a través de la plataforma online Festhome. Llegará también este martes a Argentina, cuando se proyecte en el Centro Cultural General San Martín de Buenos Aires; los días 5, 6 y 7 se exhibirá en el Laboratorio Arte Alameda, en la Ciudad de México, y el propio jueves 7 será presentado en la Zumzeig Cinecooperativa de Barcelona, España.

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Ángel Pérez (Holguín, Cuba, 1991). Crítico y ensayista. Compiló y prologó, en coautoría con Javier L. Mora y Jamila Media Ríos, las antologías Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Casa Vacía, 2017) y Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, 2019). Tiene publicado el libro de ensayos Las malas palabras. Acercamientos a la poesía cubana de los Años Cero (Casa Vacía, 2020). En 2019 fue ganador del Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas, en el apartado de Estudios de Arte y Literatura. Textos suyos aparecen en diversas publicaciones de Cuba y el extranjero. Vive en La Habana.

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