Fotograma de ‘El matadero’ (2021); Fernando Fraguela (TRAILER Facebook / Fernando Fraguela Fosado)
Fotograma de ‘El matadero’ (2021); Fernando Fraguela (TRAILER Facebook / Fernando Fraguela Fosado)

Una pistola de sacrificio de ganado. Eso no existe en Cuba, al menos no en los mataderos comunes, estatales o particulares, más o menos intrincados, más o menos improvisados. Tampoco lo tienen los matadores de cualquier índole. Esa pistola es el arma que obsesiona y posee (a) Benny, el niño alemán del video de Michael Haneke de 1992. A Haneke se le ha dicho cirujano de la sociedad, un disector ahí donde pone su cuchilla. Fernando Fraguela sería entonces un matarife, pero con un cuchillo fino, uno perseguido por las autoridades que (se) cuidan de los animales. Fernando se embarra, aunque en El matadero (2021) nos da una lenta puñalada que se escurre por los huesos. Y los hace gráciles.

Crudeza total por acumulación donde el final del video de Fraguela es el inicio del de Benny: la matanza de un cerdo. El día de la muerte del cochino. Al niño Benny le causa una especie de trauma/ fascinación esa escena. Pero la sociedad cubana malvive en una situación, desde hace tantos años, que ese conjunto de imágenes de sangre, mondongos, grasa, cuchillos, ron, perros lamiendo moscas, agua, cigarros, fango, la pueden ver niños y niñas incluso, y cualquier persona en general, sin que les cause ningún problema, ninguna repulsión extrema. Es parte de nuestra supervivencia acabar con esos puercos sin piedad, de la manera que sea; criarlos en cochiqueras, garajes, baños, patios, refugios, de la manera que sea. Se volvió cotidiano hasta el hueso.

Proyectos de vida que engordan a medida que se ceba el puerco. La cubeta de sancocho como puerta de agujero de escape, de mejora. La sociedad revuelta en esas sobras de caldos y agua y pestilencia. La suciedad atada al noticiero de la televisión y al miedo por barrerlo todo de una vez. Una donde ya no se sabe si embarrarse hasta lo último que se tiene también es un acto de resistencia.

Benny se obsesiona con la filmación de la violencia física, directa, cruda, en la que él quiere ser testigo e infractor; quiere filmar y dañar. Fernando filma una violencia que también es física, pero sobre todo psicológica, una violencia reposada, acumulada. La puñalada al corazón por el punzonazo lento, quizá como la tortura a los cristianos en el Silence de Martin Scorsese: todo el tiempo amarrado boca abajo con una herida mínima y precisa por donde gotea la sangre, pero la diferencia con esos condenados es que en Cuba no todos somos conscientes de eso.

Fernando Fraguela filma y es dañado. Víctima y testigo. Pero no tiene más remedio que filmar. Donde Benny ha visto y quiere sangre, Fernando ha visto y padece una hemorragia interna. Los padres del niño de Austria, como la madre del adulto en Cuba, se agobian por protegerlo, pero no saben cómo. El comportamiento de sus hijos los supera.

Y Fernando cuenta todo eso desde un edificio de microbrigada. Un no-lugar creado por un sapo malvado, nos muestra. Un espacio que pudiera ser el sitio donde vive el amigo que ve al lado mío el documental y que después recordara que cerca de su casa hay una cochiquera parecida. Una cochiquera donde pasa la cámara con una música generada del piano de Angelo Badalamenti y la cabeza de David Lynch: el sonido del singular Twin Peaks ante la homogénea microbrigada. Porque la forma de rebelarse de Fraguela ante el no-lugar es crear un espacio otro, que puede ser (y quizá es) un espacio cinematográfico. Un espacio de conexiones sutiles. Como si el Benny de Haneke se diera cuenta de su padecimiento y se pusiera a buscar desesperadamente, más allá del video, qué lo llevó a ese punto, por qué es así o se siente así.

- Anuncio -

Entonces Fraguela rescata Puerta de Golpe, el pinareño pueblo natal de Heberto Padilla, como mismo rescata el Bebo, apodo familiar del poeta. Puerta de golpe luce como otro pueblo cualquiera del interior del occidente del país, con una estación de ferrocarril parecida a la del Rincón o la de la Salud. Con un cementerio atiborrado de tumbas en la que un epitafio dialoga con lo sufrido, con Fernando en el servicio militar. Como el pueblo no se diferencia de otros, el dolor tampoco se diferencia de otros, hay, pero no hay geografía distinta en el país: el sufrimiento repartido a partes iguales, la pérdida a partes iguales. Los edificios de microbrigada con un golpe de fondo que bien pudiera ser el sonido de una cubeta de sancocho; que bien pudiera ser casi toda Cuba.

Mientras Benny filma para sí mismo, Fernando además lo hace para establecer un dialogo con un amigo, otro microbrigadopadeciente, otro tipo del barrio, otro que pudo ser él mismo, pero que por un detalle distinto le tocó llevar la cámara en la mano. Junto al espacio, hay una resistencia cinematográfica, porque donde Benny arma un video para inculpar a sus padres y salvarse de prisión, Fernando Fraguela crea un documental (donde deliciosamente inculpa al padre de todo) para salvarse del exilio; para no tener que pensar nunca en una pistola de sacrificio de ganado.

Colabora con nuestro trabajo
Somos una asociación civil de carácter no lucrativo, que tiene por objeto principal la promoción y fomento educativo, cultural y artístico. En Rialta nos esforzamos por trabajar con el mayor rigor profesional en la gestión, procesamiento, edición y publicación de los contenidos y la información. Todos nuestros contenidos web son de acceso libre y gratuito. Cualquier contribución es muy valiosa para nuestro futuro.
¿Quieres (y puedes) apoyarnos? Da clic aquí.
¿Tienes otras ideas para ayudarnos? Escríbenos al correo [email protected].

Deja un comentario

Escriba su comentario...
Por favor, introduzca su nombre aquí