Erick Ginard: “Mi relación con el diseño cubano es de continuo descubrimiento”

Damos continuidad a una serie de entrevistas (+imágenes) que busca informar sobre quiénes son los actores del diseño cubano contemporáneo. Vamos construyendo un mapa actual de la producción gráfica que expande las fronteras físicas y simbólicas del territorio de la isla.

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Erick Ginard

Erick Ginard (La Habana, 1979) me dice que, con gusto, responderá cualquier pregunta, aunque, “personalmente”, no cree ser un diseñador muy popular. Hoy el diseñador cubano reside en Ciudad de México, donde ha fundado, junto a Katherine R. Paz, el estudio de diseño Tojosa. Antes, en Cuba, hizo casi de todo. Recuerda, con un cariño manifiesto, su trabajo en el Centro Memorial Martin Luther King Jr., donde, casi recién graduado, diseñó pautas y perfiles de colección, maquetó, corrigió textos, ilustró, fotografió, revisó pruebas de impresión, improvisó… Él, Erick, me asegura que, “definitivamente”, prefiere el diseño editorial. Pese a su creída impopularidad, ha ganado premios en medio mundo; pero hubiera querido hacer, se lamenta, unos cuantos carteles. Para empezar, todos los de Lautrec. Sus proyectos actuales y futuros son: “libro, cartel, libro, cartel, libro, cartel, cartel, cartel, cartel”. Cuando le pregunto por el comienzo me dice que no sabe con exactitud por qué estudió diseño, pero sí recuerda un entusiasmo antes de comenzar la carrera, como esa especie de ceremonia donde, a la hora de inaugurar un barco, a la hora de echarlo a navegar, se rompe sobre el casco de la embarcación una botella de champán. Eso que se llama en marinería “hacer la botadura”.

Edgar Ariel

Erick, una vez aseguraste que tu “obra muestra una falta de estilo crónica”. ¿Sigues pensando de esa manera?

Pues sí. A veces me gustaría que en lo que hago se apreciaran rasgos de estilo muy propios e inconfundibles, muy míos, pero la realidad es que no creo que las tres o cuatro cosas que he logrado crear muestren un hilo conector único. En otras ocasiones pienso que tampoco me lo he propuesto porque, aunque he fantaseado con la idea, en el fondo no me interesa.

¿Sigues creyendo que es la “torpeza de no haber podido hacer algo mejor” lo que une y, de cierta manera, traza una línea alrededor de tus obras?

Eso sigo creyendo. Desafortunadamente, casi nunca logro consumar de manera exacta lo que me propongo al diseñar o ilustrar algo, esa idea primera que es como un rayo de perfección y deseo. En todo nuevo proceso intento no mirar atrás, pero casi siempre hay cositas que sigilosamente se me van colando y que sin darme cuenta terminan ahí, como un trazo que repito de modo inconsciente y que, más que unir, va enredando todo mi trabajo.

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Cartel para el filme de Almodóvar ‘La piel que habito’ (2019) para el proyecto CartelON y la Embajada de España en Cuba.

Entonces, Erick, ¿hay algo que pudiéramos identificar como tu estilo?

Tú lo has dicho: la torpeza. Y quizás también la intención permanente de descifrar una idea “pura” que siempre se me escapa.

¿Por qué minimalista, “si pudieras”?

Cualquier cosa más allá de lo mínimo (y lo mínimo como reflejo de lo justo y necesario) es un desperdicio de energía, de tiempo, de recursos. Ojalá pudiera ser tan eficiente.

¿Por qué experimental, “siempre”?

Sin experimentación, sin esa búsqueda de nuevos caminos, estamos varados, condenados a la inmovilidad en todos los sentidos. A ser lo opuesto de lo vivo.

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Cartel para el Museo de Tipografía de Creta (2019).

Naciste en La Habana, pero siendo muy pequeño tus padres te llevaron para Las Tunas. Tus padres eran médicos y los mandaron a cumplir un “servicio” a esa provincia. ¿Es así? ¿Cómo recuerdas esos tiempos?

Así es. Recuerdo esos tiempos salvajes como algunos de los mejores de mi vida. A Las Tunas llegué con cinco años junto a mi hermano un año y medio menor. Y bueno, ya con seis o siete no había quien nos parara. Nos convertimos en exploradores de todos esos montes y en los “matapollos” oficiales del barrio. Realmente, no creo que en La Habana hubiésemos tenido la libertad que disfrutamos en aquel entonces.

¿Qué te llevó a querer estudiar cualquier otra cosa menos medicina?

El contacto con esa vida al aire libre me dejó con muchas ganas de más. Pero también el pasar tantos sábados y días completos en los hospitales donde trabajaban mis padres creo que me cansó un poco de ese ambiente. En Las Tunas no teníamos familia y, desde nuestra llegada, esos hospitales fueron casi una segunda casa para mi hermano y para mí. Por supuesto que igualmente exploramos con muchísimo entusiasmo cada recoveco de esos edificios, cada sala, cada oficina, cada clóset de medicamentos, pero hasta un laberinto tenebroso tiene un interés limitado para dos bandidos sin correa.

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Cartel para el filme ‘Túnel’, de Luis Feld. Ciudad de México, 2020.

¿Por qué entraste al Instituto Superior de Diseño (ISDi)?

Aún no lo tengo claro. Aparte del hecho de no querer ser médico, la carrera de diseño me resultó en ese momento la menos conocida, la más misteriosa. Y tal vez la que, por ese mismo desconocimiento, sentí que me prometía algo así como “más libertad”.

¿Cómo recuerdas ese tiempo antes de entrar, ese tiempo de entusiasmo?

Antes de estudiar en el ISDi pasé, como todos los varones en Cuba, un año de servicio militar obligatorio. El día que me dieron de baja, y unos días antes de comenzar el curso académico, recuerdo que sentí una emoción rara. Pudo haber sido ese entusiasmo que mencionas. Aunque después de pasar el servicio militar, me hubiera entusiasmado incluso volver a la primaria.

¿Mantuviste el entusiasmo durante toda la carrera?

¡Ja! No creo.

Después, ¿has podido mantener algún tipo de entusiasmo?

Siento que el entusiasmo regresó a mí durante los últimos dos años de la carrera. Desde entonces me esfuerzo por no abandonarlo y por alimentarlo para que no me abandone.

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Cartel para RadioJazz.fm. Varsovia, 2020.

¿Qué te hace no perder el entusiasmo?

Hacer cosas que me gustan y que disfruto, como libros y carteles. Participar en eventos de diseño con nobles causas y en aquellos que enaltecen el buen oficio porque sí, sin lucrar con la vanidad de no pocos diseñadores ni exaltar mediocridades con propósitos grises.

A grandes rasgos, ¿cuáles han sido los momentos que han marcado tu recorrido como diseñador?

Trabajar en el Centro Memorial Martin Luther King Jr. casi recién graduado. Hacer prácticamente de todo en Cuba. Fundar Tojosa, en la Ciudad de México.

¿Pudieras comentarme qué es Tojosa?

Tojosa es como el taller de dos artesanos, y a veces de más. Es el lugar físico y espiritual donde Katherine R. Paz y yo realizamos un ejercicio continuo de diseño. Es un estudio donde se estudia y se intenta aprender cada día con cada proyecto que emprendemos.

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Cartel para Warm it! Melbourne, 2018.

Erick, ¿es verdad que sufres faltas esporádicas de concentración?

¡Ja! Es verdad. Como ha de ocurrirle a la mayoría de los diseñadores, las ideas no suelen llegarme de una manera ordenada o lógica. Concentrarme completamente en su análisis a veces no me resulta posible.

¿Es verdad que no puedes retener una idea por mucho tiempo?

También es cierto. Los estímulos de todo tipo en las sociedades contemporáneas son muchos y el mantener una idea sin dispersión, o transformación constante, se me dificulta a menudo. Es como si padeciera un estado subdesarrollado de la memoria contra el que lucho con las armas que tengo a mano: la ilustración, el cartel…

En diseño, ¿qué significa tener una idea?

Imagino que es como tener un tesorito que la mayor parte del tiempo sobrevaloras y que en ocasiones desechas sin miramientos o penas. Pero que siempre, en cualquier caso, te alegra poseer o reencontrar.

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Cartel ecológico sobre el tema “Cero Desperdicio”. Moscú, 2020.

Has hecho mucho cartel, ¿qué relación tienes con este formato?

Creo que le debo mucho al cartel. En el ISDi no recibí un adiestramiento formal en esta disciplina, pero he disfrutado mucho explorándola. Muchos colegas de este y otros tiempos definen con vehemencia el cartel como la máxima expresión del diseño de comunicación visual. Para mí es un amigo muy cercano con el que puedo hablar incluso sin palabras.

Hacer carteles me ha proporcionado muchas satisfacciones y algún que otro piropo. Hace unos meses, un diseñador latinoamericano escribió a raíz de mi participación en un evento: “Erick Ginard se ha convertido en el cartelista cubano contemporáneo más premiado internacionalmente”, o algo por el estilo. No supe en ese momento, ni me interesó saber después, qué sustento podría tener su afirmación, pero me causó gracia que asociara este hipotético logro a mi incursión en un medio que oficialmente nunca aprendí.

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Cartel en homenaje al noventa aniversario de Titón. La Habana, 2018.

Pudieras contarme cómo es, en tu caso, el proceso para hacer un cartel. Supongo que no utilices una sola metodología, pero quisiera saber la que más utilizas.

Realmente no soy consciente de tener una metodología para elaborar nada, aunque últimamente me he sorprendido más de una vez preguntándome qué me gustaría ver en tal o más cual cartel para comprender sin ruidos su mensaje. Tal vez sea este el proceso que más utilizo por estos días con todos los riesgos que implica: el de pretender ser yo el receptor, el público de ese mensaje.

¿Cuál es el cartel que hubieras querido hacer?

Hubiera querido hacer unos cuantos carteles. Para empezar, todos los de Lautrec.

¿Es verdad que prefieres el diseño editorial?

Definitivamente. La interacción con el medio impreso me provoca sensaciones de las buenas.

¿Existe una portada de libro que te fascine?

Sí. Muchas…

¿Qué no debe faltar en la portada de un libro?

El título (expresado textual o gráficamente). Sin lo demás creo que puedes arreglártelas.

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Diseño de cubierta para el libro “Corazón”, impreso en la Ciudad de México.

Y dentro del libro, en materia de diseño, ¿qué no debe faltar?

En mi opinión, si hablamos de un libro convencional, una composición adecuada donde estén eficazmente establecidos la caja y, por consiguiente, los márgenes. Una correcta elección tipográfica donde se equilibre el puntaje, el interletrado, el interlineado. Todo en función de facilitar, en primera instancia, la lectura.

Y con la ilustración, ¿qué relación tienes?

Creo que una parecida a la que tengo con el cartel. Quizás menos pública.

Ya que hablamos de relaciones, ¿qué relación tienes con el diseño gráfico cubano, el contemporáneo?

La verdad es que cuando salí del ISDi ya nunca más regresé y mi relación con el diseño gráfico contemporáneo, con la comunidad que representa a ese diseño, se limitó al contacto con tres o cuatro amigos con quienes coincidía en ocasiones y a mi participación en los escasos eventos de diseño que se organizaban por esos años, casi todos en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.

Tampoco es que estuviera muy “conectado” cuando estudiaba. No recuerdo haber sabido de asociaciones u organizaciones de diseñadores a las que me hubiera gustado pertenecer. Durante mi tiempo en Cuba nunca supe de eventos internacionales que, al participar en ellos, pudieran unir a los diseñadores cubanos como en un gremio o comunidad de colegas fraternos, aunque, una vez que dejé el país, me percaté, no sin sorpresa, que ciertos colegas y profesores del Instituto participaban desde esa época en concursos y bienales a cuyas convocatorias no sé cómo accedían y que, obviamente, no compartían.

Actualmente conozco (al menos de modo virtual) a más diseñadores cubanos que en cualquier otro momento. Siento que iniciativas independientes como CartelON y Diseñadores Cubanos por el Mundo sostienen un esfuerzo incesante en pos de la unidad y el espíritu de colaboración que personalmente nunca experimenté en Cuba. Mi relación actual con el diseño gráfico cubano contemporáneo es de grato y continuo descubrimiento, de participaciones y alegrías compartidas.

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Cartel para la puesta en escena de ‘Don Juan’, por Paper Theater Collective. Los Ángeles, 2020.

¿Y con el histórico?

Con el histórico no creo tener más relación que la que me he inventado leyendo las entrevistas y artículos de todos sus exponentes, que nunca tuve el placer de conocer. Sin embargo, acá, en México, descubrí que existen generaciones de diseñadores que han tenido la suerte de aprender y convivir con maestros cubanos como [Félix] Beltrán, [René] Azcuy, Ñico [Antonio Pérez]. Y bueno, ciertamente he sentido algunos celos por ahí.

¿Sigues a algún diseñador cubano?

Intento seguir a todos los que pueda, especialmente a los más jóvenes, cuyo empuje es contagioso. Por otro lado, lo que hacen los egoístas, los autoproclamados consagrados, los “vendedores de espejitos”, me resulta, en el mejor de los casos, indiferente.

¿Qué opinas sobre el diseño cubano contemporáneo?

Creo que el diseño cubano contemporáneo está en un momento de confrontación, de una nueva autentificación con respecto a lo que se hace en el mundo. El acceso a Internet que propicia que muchos diseñadores vean lo que se realiza en otros escenarios, que facilita la participación democrática en eventos y concursos, que permite el intercambio, se está convirtiendo en un elemento clave para redefinir lo que se ha hecho y lo que actualmente se cocina al interior de la isla. Al menos eso me parece, desde el punto de vista de un diseñador cubano que no diseña en Cuba.

¿Cuáles son los proyectos actuales y futuros?

Creo que en esencia serían: libro, cartel, libro, cartel, libro, cartel, cartel, cartel, cartel.

Si te pidiera un cartel para que acompañe esta entrevista, ¿cómo lo harías?

¿Qué entrevista? ¿Qué cartel? Ya me perdí…

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