No es exacto decir que Flaubert se retira de sus libros para convertirse en Dios, porque Dios no existe. No, lo que Flaubert hace es retirarse al lugar que Dios ocuparía si existiese.
En el populoso panorama de la narrativa anglosajona del siglo XXI, el más conspicuo descendiente de Edgar Allan Poe es, quizá, el escritor inglés Patrick McGrath.
Sólo algunos de los artistas verbales de primer orden han convertido “la diferencia sureña” en el tema de sus narraciones. Y es en ese linaje que se inserta Harry Crews.
Aunque László Krasznahorkai, como buen discípulo centroeuropeo de Thomas Bernhard, posea, cómo dudarlo, una sombría imaginación creadora, es por encima de todo la muy inusual cualidad alucinatoria de su prosa lo que determina su grandeza estética.
Es la inusitada amalgama de hombre de acción y fanático de la forma la que convirtió a Herzog en el hombre capaz de filmar ese portento llamado 'Fitzcarraldo'.
Entre los “maestros menores” de la novela cómica inglesa, Anne Fine ocupa, qué duda cabe, una posición importante y 'In Cold Domain' es, acaso, su mejor libro.
En 'Vía férrea', Aharon Appelfeld no se ocupa del genocidio nazi, sino del devastador efecto de esa catástrofe sobre la conciencia de los sobrevivientes.
Muy pocos volúmenes escritos sobre Borges en los últimos treinta años merecen el esfuerzo de sacarlos del librero. Uno de estos es el excéntrico 'Borges y yo', de Jay Parini.