Manuel Díaz Martínez (FOTO Nieves Delgado)

Publicados sin interrupciones desde Madrid durante 13 años, entre junio de 1996 y septiembre de 2009, los 54 números de la revista Encuentro de la Cultura Cubana se convirtieron en el espacio más importante para la práctica cultural de escritores y artistas cubanos dispersados por el mundo. Su principal fundador, Jesús Díaz, concibió el proyecto con el claro propósito de evitar que la fragmentación de la cultura cubana se hiciera definitiva, después de tantos años de divisiones aparentemente irreconciliables, invocando principios como la autonomía, la diversidad de pensamiento y la libertad de expresión para el ejercicio democrático de la convivencia entre cubanos insulares y diásporicos.

Polémica por naturaleza, al estimular el examen de la realidad nacional, la revista Encuentro promovió relecturas y debates sobre varios temas artísticos, sociales, históricos, políticos o económicos, se mantuvo abierta a la pluralidad de una extensa red de colaboradores de distintas generaciones de cubanos, cubanistas o simpatizantes, valorando siempre los criterios de calidad del material a ser publicado.

Distribuida informalmente dentro de Cuba, donde leerla se convirtió en un acto transgresor, en diciembre de 2000 fue pionera en el uso de Internet, al crear el portal Cubaencuentro y su publicación digital Encuentro en la red (diario independiente de cultura cubana). Apoyada por instituciones internacionales que fomentan la cultura desde países como España, Suiza y Estados Unidos, además del soporte de muchas otras para promover eventos en ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia, Nueva York y Miami, Ciudad de México y Guadalajara, París, Zúrich, San Juan de Puerto Rico y São Paulo, Encuentro despertó la ira del gobierno cubano y por eso fue blanco de una intensa campaña internacional de difamación y acusaciones, que terminó generando aún más visibilidad sobre la publicación.

Hito indiscutible para la amplia gama de revistas culturales cubanas, la lectura de la revista Encuentro de la Cultura Cubana es fundamental para descubrir cómo se dieron las discusiones contemporáneas más importantes sobre Cuba durante el cambio de milenio. Por esta razón, Rialta busca cumplir su rol de heredera de este linaje editorial, presentando a sus lectores la publicación quincenal de una serie de entrevistas con algunos de los principales impulsores de Encuentro, elaboradas y organizadas por el investigador brasileño de la Universidad de São Paulo, Vítor Kawakami. Con esto, pretendemos homenajear, en el curso de este año, el 25 aniversario del lanzamiento de la revista, estimulando así que la cultura cubana continúe, en los próximos años, brindando nuevos encuentros.

Me gustaría que nos contara cómo fue su acercamiento a Encuentro de la Cultura Cubana. ¿Cuáles fueron las razones que le hicieron creer en la publicación desde el principio?

Jesús Díaz, creador de esta revista, me envió una carta en la cual me expuso su proyecto y me invitó a formar parte del mismo. Le respondí afirmativamente porque yo pensaba que al exilio cubano, del cual formábamos parte numerosos intelectuales, le sería muy útil un espacio de pensamiento y debate como la revista concebida por Jesús.

¿Cómo fue su participación en las actividades editoriales durante el período que formó parte de la Redacción, entre las entregas nº 4/5 y nº 24?

En esa etapa colaboré con la revista aportando textos de mi autoría, ideas y temas relacionados con la historia y la actualidad cubanas y evaluando textos ajenos presentados al Consejo de Redacción para ser publicados.

Usted fue director de la revista durante mucho tiempo, más que el propio Jesús Díaz, del nº 25 hasta la entrega final nº 53/54. ¿Qué le llevó a aceptar la difícil responsabilidad de dirigirla, a pesar de encontrarse físicamente lejos de Madrid?

Acepté esa responsabilidad porque en Madrid permanecían, al frente de la revista, dos personas amigas mías, ambas muy competentes y de mi absoluta confianza: Annabelle Rodríguez, presidenta de la Asociación Encuentro de la Cultura Cubana (editora de la revista), y Luis Manuel García, que se desempeñaba como Jefe de Redacción.

Su primera colaboración para la revista fue con el testimonio “La carta de los diez” (nº 2), texto en el que narra los hechos represivos por parte del Gobierno cubano a los intelectuales que firmaron esta declaración, que reivindicaba libertades y derechos civiles, y en el cual relata los episodios indignantes por los que atravesaron sus firmantes, con énfasis en el linchamiento físico y el “acto de repudio” sufrido por María Elena Cruz Varela. En la misma línea, se siguieron publicando otros testimonios suyos, como “El caso Padilla: crimen y castigo” (nº 4/5); también “Ah, la República” (nº 24), en el que relata ejemplos de la estructura democrática que predominó durante el período republicano, especialmente en lo que respecta a la prensa; y aún “La pistola sobre la mesa” (nº 43), sobre las fatídicas reuniones de los artistas e intelectuales con Fidel Castro en la Biblioteca Nacional en 1961. Tales textos demuestran su gran empeño por narrar episodios cruciales para la historia de la cultura cubana de los cuales fue testigo, vinculados a la falta de libertad de expresión en el país luego de los primeros años revolucionarios. ¿Por qué eligió el testimonio en Encuentro, un género literario tan explorado por los relatos revolucionarios en Cuba, por encima de otros como el ensayo o el propio artículo de opinión?

Me interesaba –y aún me interesa– aportar, en primer lugar a los historiadores, el testimonio de hechos importantes vividos o presenciados por mí, y nuestra revista era, por las características del lector al que estaba destinada, un vehículo estupendo para ello.

Al revisar sus publicaciones en Encuentro, algo que también llama la atención es que, a pesar del significado e importancia de su trayectoria como poeta, haya publicado relativamente poca poesía en las páginas de la revista. En el homenaje que le rindió la revista en el nº 40, Raúl Rivero, a través del texto “Prosa de poeta”, enfatiza la necesidad de un examen más profundo de sus artículos periodísticos, convencido de que su trabajo en este campo está relacionado con “su vocación de promotor de la cultura”. ¿Cree que sus artículos, testimonios, reseñas y entrevistas tuvieron un papel cultural más sustancial para el perfil de la revista que sus poemas?

Para el perfil de la revista, desde luego que sí. Encuentro fue ideada, básicamente, como una revista de política, historia y sociología.

Pensando aún en el tema de la represión en Cuba, Encuentro ocupó un lugar fundamental en la denuncia internacional (y, sin duda, nacional) de los hechos relacionados con las detenciones de 75 periodistas independientes en marzo de 2003, así como los que culminaron con el fusilamiento sumario de los tres jóvenes secuestradores de una embarcación para huir a los Estados Unidos. Luego de dedicar a estos episodios aproximadamente un centenar de páginas de la entrega nº 28/29, para el especial “Represión en Cuba”, usted publicó en el nº 30/31 el artículo de su autoría “¿Un callejón sin salida? La represión en Cuba”, insistiendo así en la necesidad de seguir informando a los lectores de la revista sobre las repercusiones y consecuencias de los actos represivos del Gobierno cubano. En términos generales, ¿cómo evalúa hoy el papel denunciante de Encuentro en comparación con el esfuerzo conciliador expresado desde el editorial de su primer número?

Encuentro es una revista que hacían intelectuales cubanos exiliados, ciudadanos que nos oponíamos frontalmente al régimen castrista, pero al mismo tiempo interesados en que el tránsito a la democracia en nuestro país se produjera de forma pacífica, o sea, civilizada. De ahí que en la revista combináramos la denuncia de los males que padecía la población de la isla con lo que usted llama “el esfuerzo conciliador”.

Es notorio que en sus colaboraciones para las páginas de Encuentro se destaca la preocupación con temas relacionados a la libertad de expresión y a los derechos humanos. En “La pistola sobre la mesa” (nº 43), usted afirma: “La libertad de expresión es un derecho natural: responde a una necesidad de la inteligencia humana”. ¿Podría ser este su mayor reclamo cívico como escritor exiliado?

Sí, sin lugar a dudas.

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Vítor Kawakami. Escritor, editor e investigador brasileño. Actualmente finaliza su doctorado dedicado a la revista Encuentro de la Cultura Cubana en la Universidad de São Paulo. Sus estudios sobre revistas culturales y literarias hispanoamericanas han sido publicados en diversas publicaciones académicas internacionales. Ha publicado los libros Descontos (2015, cuentos), Bem-me-queres malmequeres (2008, poemas) y Sem roteiro tristes périplos (2004, cuaderno de viaje). Es colaborador del Suplemento Literário de Minas Gerais y de la Revista Usina, y fundador de la Sempre-viva Editorial.

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