Marta María Ramírez, feminista, periodista, comunicadora, activista, está a cargo de organizar la campaña de crowdfunding que permitirá filmar la película El Trono del Rey, y además hacerlo en Cuba y con actores cubanos, gran e irrenunciable imperativo de su director, el cineasta italiano Matteo Faccenda.

El largometraje es fruto de un trabajo colectivo entre el equipo de realización y los actores protagónicos; los personajes no pueden ya pensarse sin sus rostros, sus vidas, sus esencias personales. Hay una simbiosis inconmovible, cuyo rompimiento, al decir de su realizador, solo llevará a la cancelación del proyecto, concebido desde 2017, cultivado con paciencia y persistencia durante un quinquenio muy gris y muy triste para Cuba y para el mundo.

Marta María se validó en el territorio del cine independiente cubano cuando igualmente concibió la campaña de crowdfunding para una obra como Quiero hacer una película (QHUP), de Yimit Ramírez, que merecería una análisis comunicativo aparte como brazo transmedial de la cinta, generador de contenidos creativos de valor estético apreciable, sobre todo en el terreno de la gráfica. Ahora, la comunicadora asume la campaña que ayudará a concretar en imágenes y sonido el sueño largo que ya resulta El Trono del Rey.

Crowdfunding El Trono del Rey¿Cuáles crees que fueron las claves del éxito de la campaña de crowdfunding de QHUP y cuáles son las diferencias estratégicas entre esta y la de El Trono del Rey? ¿Cómo incide en la película la Cuba en que se gesta tal estrategia?

QHUP era una película rara en el contexto cubano. No podía trabajar sobre un guion, ni sobre un tráiler, ni sobre un resultado. Era lo documental incidiendo en una ficción no acabada. No llegaban ni a la mitad del rodaje cuando me involucré.

A partir de ahí todo es diferente frente a El Trono del Rey. En QHUP mostrábamos algo que llamamos “imágenes de investigación” y nos centramos en el metraje encontrado, lo novedoso de este tipo de narrativas en el contexto cubano, en la línea argumental tan particular, en lo lúdico para hacerla también participativa y en la capacidad infinita de Yimit para trabajar y crear y jugar, que impregnó toda mi estrategia, al equipo (Neysi, Tony, Camelia, Naty) y a muchxs amigxs que se sumaron. El público meta de la campaña estaba más relacionado con la cinematografía independiente cubana, gente que quería ver un cine no habitual, digamos.

No podría evaluar a qué se debió el éxito, de verdad. En Cuba nunca da el tiempo para estudiar los fenómenos de comunicación. Ojalá alguien se animara a hacer esa investigación. Cuando quise hacer un test, razón por la que el equipo aceptó presentar un primerísimo corte en la Muestra Joven ICAIC, fuimos censuradxs. Pero como observadora participante, puedo decir que tuvimos una cobertura mediática sin precedentes para una película, el apoyo de espacios como La Marca, de unxs 12 diseñadorxs gráficxs cubanxs, en y fuera de Cuba, que crearon carteles para la película, amigxs que se sumaron a los juegos que nos inventamos (ahora se llamarían retos/challenge) y una recompensa casi inmediata en las caricaturas que de lxs mecenas hacía Yimit. Pero esto no es serio, insisto.

El Trono… es más serio. Este thriller lo leo como un pretexto para hablar de identidad, de su valor en una Cuba donde los poderosos se reparten un pastel que no toca otra vez a lxs más pobres. No es casualidad que sean negrxs y pobres. Es la Cuba de 2030. Pero fue la Cuba del supuesto deshielo en la que solo un sector fue favorecido. Pero las personas afrodescendientes, negras, de Cuba, tienen una fuerza en sus raíces, en su historia negada, silenciada, que a veces en la cotidianidad racista ellxs mismxs desconocen.

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Quiero que hablemos de héroes y heroínas negrxs en la historia y en el presente. También hablar de la Cuba del futuro. Aquí no hay juego. Hay historias. Hay patakíes que podemos rescatar hoy.

Entonces aquí, aunque hay guion y tráiler, todo acabado, también propongo al equipo ser transmediales. Legarle a la película toda esa identidad, toda la religiosidad yoruba que una parte del público de la campaña desconoce y otra reverencia, sigue, profesa como fe más o menos sincrética. Quiero que hablemos de héroes y heroínas negrxs en la historia y en el presente. También hablar de la Cuba del futuro. Propongo se abra al público, que la gente participe, haga suya la campaña. Aquí no hay juego. Hay historias. Hay patakíes que podemos rescatar hoy. El diseño gráfico también cambia. En función de esto, Frank Aguiar, un joven artista gráfico, interviene fotos y crea imágenes que cuentan historias. Hay videos que cuentan historias desde lxs personajes, que filma el propio director de la película.

He tenido que buscar asesoría en temas religiosos, porque no soy una experta. Y he aprendido no solo de comunicación como antes, sino también de religión yoruba, de historia negra de Cuba. En lo personal ha sido y es un gran reto. No he conformado mi identidad como mujer blanca, pero lo soy para las estructuras racistas cubanas. Y no podía hacer una estrategia desde ese privilegio ni desde el desconocimiento.

Espero que incida en apoyar un debate sobre las discriminaciones por color de la piel, del racismo. Pero también en la posibilidad de conocer y empatizar con historias que nos han sido negadas en los libros de texto de historia y hasta en la Constitución del país. Ojalá. Podría irme a dormir menos intranquila si así resultara. Y por supuesto, que se consiga rodar la película en Cuba, generando puestos de trabajo no solo para actores y equipo técnico, sino también para emprendedorxs y gente común afrodescendiente.

La activista, feminista y comunicadora cubana Marta María Ramírez. (Foto: María Lucía Expósito)
La activista, feminista y comunicadora cubana Marta María Ramírez. (Foto: María Lucía Expósito)

¿Cuáles son las líneas de mensaje que se manejan para la campaña de crowdfunding de una película como El Trono del Rey?

Trabajamos sobre la identidad, los referentes, la representación en el audiovisual cubano, la religiosidad yoruba y la Cuba que soñamos. Todo tiene un enfoque de género, aunque la película es, llamémosle, realista, y las mujeres siguen en el guion teniendo los roles tradicionales.

En esta campaña es vital la participación del equipo técnico como emisorxs y la gente que se anime a participar de nuestros retos, que apuntan a las líneas que te mencioné antes.

El Trono… es una película de tema cubano, con actores cubanos, con conflictos universales, contextualizados en Cuba, pero con un director extranjero, de nacionalidad italiana. ¿Esto incide de alguna manera en las concepciones estratégicas de la campaña de crowdfunding?

Fue de lo primero de que me cercioré. Estoy harta de la pornomiseria en la cinematografía nacional. Matteo es un italiano aplatanao no solo en la EICTV sino en las calles cubanas, en el audiovisual cubano independiente. Matteo se sonroja cuando yo hablo de su trabajo descomunal como editor en QHUP. No estuvo en el proceso. No directamente. Por lo que le fue más difícil. Y el último corte, censurado en Cuba, es una joya pulida entre tanto metraje, o como se diga en términos digitales.

Había construido toda la línea argumental, el personaje protagónico con Rey y Everlane Moraes, una artista brasileña a quien conocía no personalmente, pero es una fuerza, una mujer negra con un compromiso absoluto con sus raíces africanas y afrolatinas.

Que Matteo sea italiano quizá influye en que tenga dos productoras no cubanas, una italiana y una dominicana, y en su empeño de rodar aquí, sí o sí. En Dominicana podría hacerlo mañana. Pero él no quiere renunciar al espíritu de Cuba ni a su equipo cubano.

Me comentabas que la campaña de crowdfunding de El Trono… abordará el problema del racismo y del racismo en Cuba, que desafortunadamente queda implícito cuando se discursa sobre temas que colocan en el eje protagónico a los cubanos descendientes de africanos y la cultura afrocubana.

El apoyo de la campaña al rescate de la historia negra de Cuba es un eje antirracista. Trabajar la representación de las personas negras en el audiovisual cubano es otro eje vital de esta campaña.

Noticiosamente veremos qué sucede y cómo reaccionar, como equipo. Habrá que llegar a consensos. Esta es una campaña para una película, no una campaña de activismo. Pero hemos llegado al acuerdo de que buscaremos soluciones comunicativas para no hacer silencio y lograr luego los permisos necesarios para rodar en Cuba. Cada unx de nosotrxs, como individuxs, sí seremos libres de reaccionar desde la posición que entendamos justa, como hemos hecho antes. Pero en las redes de la película tenemos un mandato claro, y habrá que hacer política para poder filmar sin tantos inconvenientes en una Cuba cada vez más cerrada a cualquier disenso y sus expresiones públicas.

Existen muchos y extendidos estereotipos de corte, digamos que costumbrista, pintoresquista o “turístico”, acerca de la cultura y las religiones afrocubanas. ¿Buscaría de alguna manera la campaña de crowdfunding de El Trono… desafiarlos, criticarlos, deconstruirlos?

No es un enfrentamiento frontal, pero sí es un posicionamiento respetuoso que redunda en nuestra postura. Hemos buscado asesoría para trabajar de la manera más respetuosa el tema de la religiosidad. Pero queremos que sea más que una lección, una propuesta de debate que va desde lo estético hasta lo discursivo.

La “misión” que mueve al antihéroe protagonista de El Trono del Rey a su recorrido transita por la religión, por el simbolismo místico, es una efigie de Eleggua. ¿Cómo abordará la campaña de crowdfunding la arista religiosa, mística, de la película?

Si Rey no hubiese sido un hombre negro y pobre en Cuba, habría sido un héroe. Me niego a tratarlo como antihéroe. Creo que esas categorías dramatúrgicas son demasiado blancas. Nuestra precampaña comienza con un Ebbó. Se le pide permiso a Eleggua para hacer la película e impulsar la campaña. El resultado es una fiesta al aire libre en la que las personas del equipo lo reverenciamos con cantos y dulces, vestidxs de blanco o colores claros.

Todxs estuvimos de acuerdo, aun lxs ateos o no practicantes de la religión yoruba. Es lo justo. Fíjate que yo había pedido que iniciáramos con un toque de fundamento (no performático, sino religioso) a Eleggua y no es esto lo que él dispone cuando se le consulta en la ceremonia.

Vamos a presentar a todos los santos que están en la película, relacionados con sus personajes, y a ellos en sus esencias, sus significados. Queremos mostrar y que nos muestren cómo son sus familias religiosas. Queremos contar patakíes que nos sirvan para el hoy, el ahora y ese futuro. Con esto pretendemos que las personas no religiosas tengan un acercamiento a la religiosidad yoruba en Cuba.

¿Cuáles son, a tu entender las claves del éxito para una campaña de crowdfunding de una película como El trono del Rey?

Que el equipo logre involucrarse y hacer suya la campaña, que la gente común lo haga. Cuba sufre una desconectividad sin precedentes. Desde la llegada de la 3G a los celulares es muy caro el servicio. Y esto es un inconveniente grande. Pero con QHUP teníamos “wifi de contén” y lo logramos. Cuento con que el universo del cine independiente cubano y las personas relacionadas compartan. Y es fundamental que los medios de comunicación se hagan eco. Ojalá logremos la cobertura de QHUP. Creo que podemos. Y sería lo justo.


* En portada: la activista, feminista y comunicadora cubana Marta María Ramírez, fotografiada por May Reguera.

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Antonio Enrique González Rojas (Cienfuegos, 1981). Periodista y crítico de arte. Textos especializados suyos aparecen en publicaciones como La Gaceta de Cuba, Cine cubano: La pupila insomne, El Caimán Barbudo, Hypermedia Magazine, Altercine (IPS Cuba), Cine Cubano, Esquife, Noticias de Arte Cubano, Bisiesto (Muestra Joven ICAIC), Enfoco (EICTV), la revista del Festival de Cine de La Habana, y otras. Ha sido guionista de varios programas televisivos especializados en audiovisual como Lente Joven, Banda Sonora e íconos del celuloide. Ha integrado jurados de la prensa en eventos como el Festival de Cine de La Habana. Ha publicado libros de ficción y crítica de cine, entre los que se encuentran: Voces en la niebla. Un lustro de cine joven cubano (2010-2015) (Ediciones Claustrofobias, 2016) y Tras el telón de celuloide. Acercamientos al cine cubano (Editorial Primigenios, 2019). Un tercer volumen titulado “Críticas, mentiras y cintas de video” está en proceso de edición.

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