‘Molina’s Ferozz’, película cubana de culto, llega a la Cineteca de Madrid

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Fotograma de ‘Molinas´s Ferozz’, Jorge Molina, dir., 2010
Fotograma de ‘Molinas´s Ferozz’, Jorge Molina, dir., 2010.

El viernes 16 de febrero, la Cineteca de Madrid, España, exhibirá Molina’s Ferozz, ópera prima y, hasta hoy, único largometraje del director cubano Jorge Molina. Decididamente una película de culto, inquietante y todavía una rara avis en el paisaje cinematográfico insular, Molina’s Ferozz tendrá esta suerte de reestreno en la capital española a propósito de Desvíos: géneros híbridos y películas bastardas, un programa de la Cineteca que, durante todo el mes de febrero, invita a los espectadores a dejar las rutas estéticas privilegiados por la Historia del cine y “reivindicar los caminos secundarios y los pequeños senderos que serpentean al encuentro de sorpresas inesperadas”.

Con presentación a cargo de Víctor Olid, la película se podrá ver en la Sala Borau como parte de la sección La noche Z, consagrada al cine de serie b, de culto, trash, “un cine que es a la vez arriesgado y divertido”. Y ciertamente las producciones de Jorge Molina se instalan, resueltas y satisfechas, en cada una de esas etiquetas. En particular su ópera prima, cuyo cuerpo expresivo y narrativo se desmarca a conciencia de todo precepto industrial sobre “las buenas formas” y disfruta de su incómoda incorrección política.

El público español encontrará en este largometraje un compendio de las obsesiones creativas del autor y de su imaginario. Molina’s Ferozz es un orgánico pastiche de alusiones y referencias, códigos y hasta clichés de géneros, autores y películas. Es un filme cinéfilo, que recicla esquemas del gore o el splatter, del porno y el cine Z, así como parodia y honra a John Waters, Russ Meyer y Walerian Borowczyk, a este último está precisamente dedicada.

Esos autores underground, outsiders militantes del cine son miembros de honor de una estirpe creativa a la que Jorge Molina pertenece por derecho propio. Si algo ha garantizado la condición de “autor de culto” que disfruta el director cubano es su auténtico y consecuente sello estilístico. Por tal motivo resulta tan justa su inclusión en este repaso de la Cineteca madrileña de las tendencias desviadas de la industria y sus cánones.

La obra de Molina es especialmente excéntrica en Cuba. El uso/abuso del sexo y la violencia, del humor negro y las conductas “indecentes”, la propensión a exceder los límites de la moralina social y (re)presentar las pulsiones/instintos sexuales, también deben ser leídos en contraste con el espacio histórico en que estas se producen. La bizarra, frenética, repulsiva y sangrienta narración erótica de Molina’s Ferozz es un puñetazo a la racionalidad absoluta, a la pulcritud de una imagen del individuo falsamente socializada.

Los nuevos espectadores se enfrentarán a una cámara que tiende a identificarse con la mirada del espectador, en una suerte de registro subjetivo voyeur, que hace verdaderamente singular al filme. El espectador se reconoce a ratos como sujeto posible o testigo que disfruta de esos actos de violencia, lujuria, fetichismo o violación que transcurren en la pantalla, la película desnuda, como hace con sus personajes, toda la hipocresía social de la que somos presa muchas veces.

Molina’s Ferozz entrega una reescritura del relato del folclore europeo Caperucita roja, emplazado en cierto ámbito rural cubano, imposible de localizar con precisión, pues en él se cruzan los tiempos republicanos y revolucionarios. Pero la perversión estética de Jorge Molina llegar a ser tal que es posible hallar, además, trazas de una época medieval europea, sobre todo en el vestuario y el carácter goticista de la fotografía y la puesta en escena. Las figuras del leñador, la abuela, el lobo feroz y la caperucita encarnan en la campiña insular para desplegar una incómoda aventura de descubrimiento sexual, pedofilia, incesto y otras “inmoralidades” que distinguen a la singular familia protagónica de la historia.

El espacio campestre resulta especialmente interesante en la lujuriosa perspectiva de Molina’s Ferozz y tal vez ese constituye uno de los atractivos para el espectador extranjero. Los personajes se encuentran privados del ritmo cotidiano de la civilización y están inscritos en el juego de roles que la tradición dicta a hombres y mujeres… Están solos con sus instintos. En ese marco, aderezado estéticamente con motivos de la idiosincrasia campesina cubana y los mitos religiosos nacionales, el director despliega su catálogo de seres sexualmente retorcidos, perdidos, conducidos a la destrucción por desatar sus deseos.

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Cada personaje es en la historia un modelo de sexualidad desviada o más bien un espejo que amplifica el instinto que el dictado civilizatorio obliga a reprimir. Todo es extremo: una abuela fuerza a su nieta a contemplar cómo su padre viola a su mujer; un hijo con problemas, fruto de una relación entre la abuela y su hijo, se masturba obsesivo con las mujeres que se bañan en el río, incluida su sobrina; la nieta seduce a otro de sus tíos y goza mientras este la viola.

Pero todo eso sirve al realizador para entregar, por sobre las exposiciones del cuerpo femenino desnudo, una reflexión sobre la represión y, acaso, la derrota de ese modelo de masculinidad que vive de demonizar a la mujer y culparla de su caída. Ese es un ángulo de lectura que se revela sobre todo en la escena en que el tío Inocencio sueña que su mano es devorada por la vagina dentada de su sobrina. Así también, los rituales de Palo Monte, la mordaz sátira de la religión como entidad represora o velo ideológico, el astuto cruce del mito del hombre lobo con las supersticiones sobre el Cagüeiro en las regiones orientales de Cuba y el humor negro instrumentados por Molina, garantizan la condición de culto de esta obra sobre la que todavía hay mucho que decir.

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Ángel Pérez (Holguín, Cuba, 1991). Crítico y ensayista. Compiló y prologó, en coautoría con Javier L. Mora y Jamila Media Ríos, las antologías Long Playing Poetry. Cuba: Generación Años Cero (Casa Vacía, 2017) y Pasaporte. Cuba: poesía de los Años Cero (Editorial Catafixia, 2019). Tiene publicado el libro de ensayos Las malas palabras. Acercamientos a la poesía cubana de los Años Cero (Casa Vacía, 2020). En 2019 fue ganador del Premio Internacional de Ensayo de la revista Temas, en el apartado de Estudios de Arte y Literatura. Textos suyos aparecen en diversas publicaciones de Cuba y el extranjero. Vive en La Habana.

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