Vista de la exposición ‘Ya nada es como antes’, Hessel Museum of Art, Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, NY, April 1, May 28, Tesis de Maestría curada por Abel González Fernández (FOTO Olympia Shannon 2023)
Vista de la exposición ‘Ya nada es como antes’, Hessel Museum of Art, Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, NY, April 1, May 28, Tesis de Maestría curada por Abel González Fernández (FOTO Olympia Shannon 2023)

Llené el álbum de estampitas…
Benito Antonio Martínez Ocasio

Como antes es una carta de amor de Bad Bunny. El conejo descargándole a los mejores tiempos que vivió con la jevita. ¿Por qué ya nada es como antes? Anda triste el conejo sacando fotos del cajón. La letra de este tema no tiene un voltaje heavy. Es un trap blando. El conejo escupe una ristra de ey pegajosos luego de cada remembranza. Asegurándote que ese pasado no vira.

Ey, ey, ey.

La expo que curó Abel González Fernández para el Museo Hessel del Centro de Estudios Curatoriales del Bard College se llama Ya nada es como antes y se condiciona en los modos diversos de reinterpretar el pasado. Aunque tiene a Bad Bunny en su lista de artistas, la expo va más allá del “¡Que se vayan ellos!” en el video El apagón que gira en loop. Bad Bunny es el pretexto curatorial de una muestra que, aunque desmonta la colonialidad, se esparce sobre otros bordes de resistencia. Intención de imitar ese gesto que tuvo el conejo al abrirle a otros la puerta del trap, aligerar el paso para las voces que el reguetón veía, muy de lejos, como incomparables.

Si “¿Por qué ya nada es como antes?” fuera una pregunta que tuviera que responder un fanático del trap, después de decirle a un fanático del reguetón en su mismísima cara que: “¡Ya nada es como antes!”, tal vez encontraríamos en la respuesta del fanático del trap muchas de las claves que exhibe la exposición del Bard College.

El fanático del trap responde que a estas alturas se pasa por la entrepierna el estribillo con olor a gasolina del macho alfa de Daddy Yankee, que le da todas las gracias a Yankee por escribir reguetón en letra de molde bien legible, pero que termina pasándoselo igual por la entrepierna. Que hoy donde nadie pensó ver parado a un maricón está dándola toda Villano Antillano, rapeando paʼlas fucking locas, callándole el pico a Anuel como solo se lo sabe callar el flow de un pato hasta la muerte. Las voces de elle y trans colándose en la cadencia del trap. Villano diciéndote que es la nueva Gabriela Mistral. Anuel que no tiene ni la más puta idea de quién es la Gabriela esa.

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El fanático del trap recitando de memoria los mete y saca de Tokischa y sus ganas de perrear encuera en el OnlyFans. Y ahora dice Don Omar que no quisiera ver jamás ninguna de esas malas palabras en la boca de su hija. También le damos las gracias a Ivy Queen. Pero el bandidaje de Tokischa hace ruborizar toda la discografía de Ivy como si fuera una cantante pop. Donde Daddy Yankee escribía la palabra terremoto, en plan metáfora, y te hacía creer que lo que él formaba podía sonar como el soundtrack de una escena porno, ahora llega esta mulata y suelta su retahíla de palabrotas, sin aliento figurativo, con la cadencia del más violento de los bareback. Aunque hayamos oído casi la misma retahíla en otras voces del género, aquí esa retahíla huele a otra violenta cosa.

Esa rebeldía sobre la que se rinde el nuevo trap, las confesiones de Antillano y Tokisha en los modos de abordar con orgullo la toponimia de sus paisajes, estrechez entre lo racial y lo sexualizado a la cara, son parte del discurso en Ya nada es como antes. Una acción tan categórica como ese gesto de Bad Bunny al abrirle la puerta a los nuevos tiradores.

Vista de la exposición ‘Ya nada es como antes’, Hessel Museum of Art, Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, NY, April 1, May 28, Tesis de Maestría curada por Abel González Fernández (FOTO Olympia Shannon 2023)
Vista de la exposición ‘Ya nada es como antes’, Hessel Museum of Art, Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, NY, April 1, May 28, Tesis de Maestría curada por Abel González Fernández (FOTO Olympia Shannon 2023)

Darle oídos a un conejo que anda soltando su protesta en loop.
Donde se queda en el aire una invitación a leer Walden.
(el desobediente Thoreau rodeado por un coro de voces de la IA)

El apagón es una pancarta contra la estafa y el desalojo en la capital del perreo. Una protesta que deja colgando la pulsión de ese sonido de resistencia sobre el camuflaje como representación. Ya nada es como antes está pensado desde la insubordinación de esa fachada.

El camuflaje, a medio camino entre lo abstracto y lo selvático, entre la impronta de la cultura urbana y lo militar, es el empaque en las piezas de David Cordero y Joiry Minaya. Minaya con Redecode: a Tropical Theme Is a Great Way to Create a Fresh, Peaceful, Relaxing Atmosphere apuesta por reivindicar un patrón de wallpaper de los años cuarenta que prioriza lo arborescente, hojas de palmeras brotando en la esencia estándar del camuflaje y su simulación. Sobre esa pared del tropicalismo cuelgan unos ponchos que activan precisamente el tono urbano-militar y hay un reguero de códigos QR. El ademán por retener una naturaleza virgen antes del coloniaje se completa con esas disimiles lecturas a las que accedes por celular.

Leer desde los QR amplía nociones del patrón del camuflaje con cierta dosis de sarcasmo, donde el decorativismo de lo selvático reproduce información de su propia naturaleza. Internet devolviéndote páginas diversas: la descripción de un pixelado botánico que le da sentido a una instalación del 2018; prendas impresas al estilo hawaiano, piñas, palmas, flores de hibiscus; la genealogía del plátano como si fuera un catálogo razonado. Y conjunto a esas citas sobre lo tropical, bordeadas de kitsch y de crítica hacia la fetichización del exotismo, se enuncian páginas de protesta: el reiterado yankee go home. La confabulación con el video de Bad Bunny y sus ganas de enmarcarse en una teoría anticolonial a golpe de YouTube.

David Cordero tiene una marca de ropa que se llama South. La imagen donde ves a Cordero retratado con una de sus prendas retoma el camuflaje y ya se le puede declarar dentro de la expo como narrativa (SSPOØ (Poncho). Cordero envuelto en una capucha, poncho, tienda de campaña, el oversize. Como si el patrón de Minaya pudiera ser un bosquejo para emancipar el sentido urbano de lo fashion en los diseños de Cordero. Es la alusión hacia ese cliché del trópico que ahora nos pudiera estar lanzando hacia el street style. Hay suficiente voltaje para desubicar el matiz militar en una pieza que parece portada de la revista Ebony. Allí donde está la raza primero que todo.

Vista de la exposición ‘Ya nada es como antes’, Hessel Museum of Art, Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, NY, April 1, May 28, Tesis de Maestría curada por Abel González Fernández (FOTO Olympia Shannon 2023)
Vista de la exposición ‘Ya nada es como antes’, Hessel Museum of Art, Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, NY, April 1, May 28, Tesis de Maestría curada por Abel González Fernández (FOTO Olympia Shannon 2023)

Cordero y Minaya dejan expuesta la topografía de una naturaleza, que va a tornarse más alegórica cuando el ocultamiento que el camuflaje siempre predetermina se expanda sobre lo cyborg y la postura retadora del travesti. Esas maneras de apostar por el desvanecimiento de un yo que va más allá de la esencia mágico religioso, cuando se aferra a los modos de entender lo latino, es la clave en las piezas de Liz Cohen y Luis Manuel Otero Alcántara.

Un video (Hidroforce) donde Cohen aparece embarazada como una de las primeras modelos en la portada de la revista Lowrider. Sobre los términos low y slow se construyó toda una cultura reconocible desde la tipología de un automóvil. Aún hoy esos automóviles son el principio de un discurso de sedición. Lowrider definiendo a un movimiento y a la vez expresándose desde una revista multicultural con el mismo nombre.

La subcultura chicana desajustó la visualidad del Chevrolet, dejando claro que quien manejara un Chevrolet transformado estaba emancipando sus orígenes. Pegar las ruedas lo más cercano a la carretera fue la ironía perfecta para declarar una identidad. El chicano le baja la suspensión lo más que puede al carro americano por antonomasia, apuesta por gomas más pequeñas, altera también la suspensión para que el vehículo pueda subir y caer en dependencia del antojo con que el lowrider quiera expresarse desde sus amortiguadores. Dejar una estela de chispas por toda la carretera es como estar frente a la cadencia de un perreo. El chasis bajando lo más que puede y el chicano haciéndose notar por las autopistas de LA. Conducir la relectura de un imaginario clásico. Una transfiguración que incluso tornó ilegal el clamor ante la fuerza de un estereotipo con la suspensión de estos Chevrolets Chicanos.

Liz Cohen se posiciona en hermandad con este frenesí identitario. La mirada retadora que ensaya, tanto desde su fotografía (Hood) como desde su video, pareciera la de una gogó calentando un taller de mecánica. Esos fetiches que han rodeado la subcultura latina desde lo mediático y que han fomentado su discurso, acá más en sintonía con el imaginario del magazine y el videoclip, se expresan en el diálogo que la artista establece con esa especie de automóvil cyborg-trans que construye. Liz Cohen crea un nuevo modelo de lowrider y abre el fetichismo más allá de un enfoque propiamente americano. Cohen lo mismo yuxtapone de espíritu capitalista a la desvencijada Alemania del Este cuando crea El Trabantimino, que parodia la esencia de economía mixta americana desde la osamenta sarcástica de su androide.

El Trabantimino es la unión de las partes de un Trabant de 1987 y un Chevrolet El Camino de 1973. El Trabant es un rara avis, aquel automóvil típico de las calles de RDA que hoy despierta fetichismos por la mitad del muro. Un impecable Chevrolet El Camino del año 1973 puede ser para muchos el summum del coleccionismo americano a la hora de exhibirse sobre una autopista. Junto al tono irónico del automóvil chicano y su actitud contestaria, Cohen expone la apropiación de una extravagancia histórica, un fetiche comunista que le sirve como declaración de una lectura mordaz. Cohen fracciona estos dos carros, y une sus mitades, dejando abierta la posibilidad de representación de una carretera por donde conducir hacia la crisis de las utopías. Cuando Luis Manuel Otero Alcántara asumió la pose de Miss Bienal se acercó a la intensidad que debe provocar ver a un Chevrolet, fotografiado para las páginas de Lowrider, en las afueras del taller de unos mecánicos chicanos.

2015. Era la 12 Bienal de La Habana. Casi todo el medio artístico en Cuba andaba confiando muy ingenuamente en el deshielo que la política de Barack Obama nos regalaba. Como si el primer presidente negro de Estados Unidos fuera a ser el presidente eterno del enemigo, el que le pondría fin a la farsa del bloqueo e iniciaría uno de esos largos etcéteras de donaciones que siempre salvan a aquella isla incurable.

Vista de la exposición ‘Ya nada es como antes’, Hessel Museum of Art, Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, NY, April 1, May 28, Tesis de Maestría curada por Abel González Fernández (FOTO Olympia Shannon 2023)
Vista de la exposición ‘Ya nada es como antes’, Hessel Museum of Art, Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, NY, April 1, May 28, Tesis de Maestría curada por Abel González Fernández (FOTO Olympia Shannon 2023)

En esa bienal, ante la proliferación de nuevos espacios expositivos, artistas sin obra alguna hablando constantemente de Christieʼs, visitas de estudios casi ininterrumpidas, guaguas y guaguas de “entusiastas” coleccionistas y curadores, Luis Manuel Otero Alcántara lanza su performance Welcome to Yumas. Luis Manuel a su aire, travestido de Miss Bienal, colándose frescamente donde no era invitado. Una mulata con toda la indumentaria de figurante del cabaret Tropicana. La cadencia performática de Miss Bienal también fue leída desde el cómo canalizaba simbólicamente, tanto negritud como homofobia, ante la resistencia que le imponía la institución arte. Pero lo más efectivo del gesto era la pompa llamativa y descarada sobre la actitud del outsider y la batahola que su entrada provocó en el lugar que fuese, esa inmediatez hacia el escándalo, el desactivar por momentos una proyección o una exposición cualquiera. Ahí Luis Manuel era el más legítimo representante del arte de la otredad, haciendo notar aquel discurso de a por todas. Su obra repleta de aliento trash, casi completamente desconocida, de disímiles registros y que mantenía una esencia conscientemente ingenua, también conectaba con toda la indumentaria estrafalaria de Miss Bienal como si fuera vestimenta para una de sus esculturas. Welcome to Yumas cerró con una tarjeta de presentación del artista. En la tarjeta la periferia era un foco. Justo cuando se podía trazar un mapa de la centralización de estudios en zonas neurálgicas que favorecían esas visitas de coleccionistas y curadores, Luis Manuel le hacia una loa al suburbio. Su cuartel general era en el Cerro.

En Ya nada es como antes se expone a un maniquí con la vestimenta, casi completa, de Miss Bienal. Queda la declaración de la huella de un acto travesti, conscientemente disidente, contra la institución arte y sus gestores, que se refuerza con un video donde la postura de Luis Manuel se fija sobre y desde la política, el tomar partido hacia la libertad de expresión más allá del arte. El claro dibujo del preso político que es hoy Luis Manuel Otero Alcántara.

Las piezas de Luis Gispert —Wishbone y Remix (Extended Beasts)— se enfocan en esa noción de reelectura neobarroca que el autor ha fijado como constante en su poética. Gispert se anexa, desde lo híbrido, al objeto construido por Liz Cohen y a las disimiles maneras de abordar lo identitario dentro de la muestra. Habla de la visualidad de Miami. Expone una cercanía hacia la teatralidad y el artificio de las formas, muy en el tono con que Severo Sarduy abordó los análisis de sus simulaciones.

El objeto en Gispert fragmenta las categorías culturales de la diáspora en relaciones de indiscutible sarcasmo. De ahí esa compulsión hacia la joyería tan manifiesta en el regodeo visual del hip hop y el reguetón, en el grosor de una cadena donde va anclada la esencia de valor para cierta tipología de emigrante.

Una de las sillas más icónicas dentro del diseño de Hans J. Wegner es la Wishbone. En la fotografía de Gispert una Wishbone es atravesada por una varilla de metal. La esencia del diseño en esta silla, conjugando la simpleza de la forma con esteticismo y ergonomía, vino a darle otro giro de modernidad a los interiores del déco de Miami en los cincuenta. La Wishbone, tan cara a la visualidad de esos años, es el objeto histórico ahora roto por un simulacro de contemporaneidad. La varilla de metal, al remedar la forma de una imponente cadena, se trastoca casi en el frenesí del trap, amoldado sobre el significado de la Wishbone.

Remix (Extended Beast) mantiene la agudeza en el sarcasmo. Una puesta en escena donde volvemos sobre la connotación del lowrider, una escenografía que dispone con cierto ritmo la condición fragmentada e ilusoria de un automóvil. El remix que especula con la prosperidad y el “voltaje”. Pedrería, madera, bocinas, piel, llantas: una pieza sin sonido pero que bien pudiera ser la disección de un automóvil vintage, con sus formas exuberantes rondando lo grotesco, donde el sonido de la muestra pareciera escaparse de una de las bocinas y soltar un playlist envuelto de auto-tune. Pero ese sería un álbum figurado. A NY Boy, que es al álbum real de la exhibición, también pudiéramos darle oídos desde una de esas bocinas.

No recuerdo cada cuántos minutos se dejaban oír los temas de Kevin Ávila en Ya nada es como antes. Los demos del álbum NY Boy escritos y producidos por Kevin y Ernesto Leal son una especie de rara avis. Kevin, desde la cita y la apropiación, intelectualiza un imaginario que está más en el rango de creación de un outsider, de un indie mezclando samples, ensimismado alrededor de sus fetiches y la electrónica, que de la dimensión conceptual de esta exposición y sus relatos de alteridad. Kevin se inventa un diario de obsesiones, como si creara la sucesión de sus temas en un deambular por New York, y así te los devuelve. Escuchas la invitación a leer Walden de Thoureau desde la página librovox.org. Un tema como WHTM (Whatʼs happening to me) y su tono biopic. Las voces casi porno de la inteligencia artificial: la publicidad del bikini (el diseño top y bottom, So yeah, I absolutely loved all this bikinis), repetir las siguientes palabras: veneno, compromiso, hyper-sensible, hyper-sexual, la ironía de un John Waters que no entiende como no se puede fumar en un teatro, más si estas ante un filme europeo. NY Boy es como la autenticidad de lo naif, del artista ensimismado en un “viaje”, mientras el resto alrededor clama por su reflejo en un pedazo de historia.

Vista de la exposición ‘Ya nada es como antes’, Hessel Museum of Art, Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, NY, April 1, May 28, Tesis de Maestría curada por Abel González Fernández (FOTO Olympia Shannon 2023)
Vista de la exposición ‘Ya nada es como antes’, Hessel Museum of Art, Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, NY, April 1, May 28, Tesis de Maestría curada por Abel González Fernández (FOTO Olympia Shannon 2023)
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