Robert Creeley
Robert Creeley

Presentación

Robert Creeley fue un poeta norteamericano nacido en Arlington (Massachusetts) en 1926, conocido por su asociación al grupo Black Mountain Poets, aunque, más allá de esto, Creeley es ampliamente reconocido como uno de los poetas de lengua inglesa más importantes e influyentes del siglo XX. Entre su extensísima obra encontramos los libros de poesía For Love: Poems 1950-1960, The Charm: Early and Uncollected Poems, Selected Poems, y The Collected Poems of Robert Creeley 1975-2005, de donde se han tomado los poemas aquí traducidos. En toda su poesía se encuentra tanto una delicada concisión como una fuerza emocional que nos arrastra a pensar en cierta y no equivocada cercanía con otro gran poeta norteamericano, con quien Creeley mantuvo una gran amistad, William Carlos Williams. Creeley dedicó hermosos ensayos a su amigo, y los dos breves textos que acá publicamos hacen referencia a ello. Fueron tomados del libro The Collected Essays of Robert Creeley. Además, añadimos tres cartas que Creeley envía a Williams, estas traducidas del libro The Selected Letters of Robert Creeley. William Carlos Williams le puso en contacto con otro destacado poeta que marcó definitivamente su literatura, especialmente por sus ideas sobre la escritua: Charles Olson, bajo cuya influencia Creeley comenzó a desarrollar un estilo personal y original. No obstante a esto, la marcada cercanía de Creeley con Williams es una hermosa manera de homenajear a este extraordinario poeta que, un 30 de marzo del año 2005, falleció. Estos poemas suyos, más dos textos sobre William Carlos Williams acompañados de tres cartas al autor de Paterson, son una forma de recordar su trascendencia en la poesía moderna.

10 poemas de Robert Creeley

De Espejos

El sonido

Amaneciendo, con la luz aún
tenue que hace que las piedras, garzas, hierbas
de pantano sean casi indistinguibles en el lodo,
uno mira al lado opuesto del sonido, al lado
de la arena donde crecen pequeños arbustos
y juncos, al extenso y horizontal borde de la tierra,
donde está el mar, en ese
otro lado, ese afuera, lugar de
imaginada amplitud real, agitado y eterno océano.

Sueños

Debía haberme levantado,
pero no lo hice,
dormí viendo
cabezas y rostros,

brazos, piernas,
las partes aisladas
de una persona. Como siempre
uno es llevado

hacia el final, al lugar
donde asoma el horror
y uno ha matado
o ha muerto.

Entonces despertar a tiempo
no sería de ayuda.
La luz gris irrumpe en el
amanecer. El día comienza.

De Ventanas

Escalas

Para Buddy

Por último, esta pequeña
dimensión, su cómodo
final, la gente
se desvanece, el mundo
se reduce al recuerdo
del sitio en el que una vez estuvo,
y alrededor un sonido
de ir y venir, los susurros
del barrio donde lo que uno finalmente
ve, escucha, quiere, espera
aún reconocer—¿es
el sol? La hierba, el suelo,
el ladrido del perro, un ave,
las altas nubes que se abren, nuevas,
levantando el día—¿alguien?

Lugar

Tu rostro
en la mente, lento amor,
lento crecer, lento
para aprender lo suficiente.
Paciencia para aprender
a estar aquí, a saborear
lo que sea que haya
ahí fuera, aquí
sin ti, aquí
solo.

Eco

Toda la memoria
cuelga del árbol
para ver
un pájaro ser—
pero ahora tartamudea
para trabajar, cierra
las ventanas, se estremece
se sienta y murmura—
porque no puede
volver atrás, todavía
no puede
salir. Todavía no puede.

Cadena

¿Si te hubieran dicho que
eras “cuatro o más células
unidas de extremo a extremo”, el latín
catena, “una cadena”, el bucle,
el salto al cielo real
que se derrama en mis aturdidos
pies y vierte los aprisionantes
hilos del génesis,
oh collar de cuentas de luz,
cadena alrededor de mi cuello, mi
inexorable forzoso nacimiento, la dulce
curva cerrada de la vida que se desvanece?

De Vida y muerte

Vieja historia

Como un niño en un bloque
de hielo que se hunde
en la laguna, el campo había hecho
de la nieve derretida en el invierno

tanta sabiduría acumulada
para desintegrarse
en conductos del cerebro
en circuitos neuronales desvanecidos

mientras los músculos sombríos se encogían
la mente suavizaba los caminos
que su pensamiento había forjado
que sus hábitos habían creado

hasta que, como niño a flote
sobre un bloque de hielo roto,
se mantuvo en pie
o fue abandonado.

De Sobre la tierra

Para Ric, que amó este mundo

Los sonidos
de su peculiar

música siguen haciendo eco,
permanecen en el suave

aire meses después
de que todo haya desaparecido

en la hierba, en las sombras
que se alargan, en el sol

que se inclina sobre el agua cambiante,
en los bordes de la luz tardía

sobre los altos árboles—
a pesar del inútil

grave
pensamiento

Cuevas

Gran parte de mi infancia parece
haber transcurrido en habitaciones—
al menos en la memoria, las persianas

bajas para hacerla más oscura, el
rayo de sol en el borde de la ventana.
Podía escuchar las abejas reuniéndose

alrededor de las lilas, el gorjeo de los pájaros
mientras el sol, todavía alto, empezaba a caer.
Era verano, en el paraíso del pequeño pueblo,

campos de heno, crujidos y graznidos
de troncos, de casa, de árboles, perros,
ancianos hablando, el solitario coche girando en alguna

esquina lejana de la calle Elm
lejos del ancho prado.
Abríamos cuevas o las encontrábamos,

bajando por el campo hacia el bosque. Teníamos
cabañas que construimos luego de sacudir
árboles, para conseguir ramas-

como recintos, frondosos, densos e in-
sustanciales. La memoria es la cueva
en la que uno finalmente vive, se arrastra
de manos y rodillas para entrar.
Si la Madre dice que no dibujes
las páginas del libro, que no colorees

a esa pequeña persona en la foto, entonces
no lo haces a menos que la compulsión, la distracción
te lo dicten y estés flotando

en alas de la fantasía, de la visión persistente
de lo que se ha visto aquí también, justo aquí,
en esta página abstracta. ¿Puedo usar el verde
cuando hayas terminado? Qué se supone que sea eso,
dice alguien. Todos los niños se agolpan
en lo que había sido una habitación vacía

donde uno intentaba al menos
dormir la siesta, estar callado, pensar
en nada más que en uno mismo.

Ausencia

El sol en los bordes de las hojas,
patrones de placer ausente,
todo lo que eso significó
está ahora reunido.

Días en que todo estaba lejos
y las nubes estaban distantes
y el cielo era el paraíso mismo,
uno quiso permanecer

solo para siempre, tal vez
donde no había nadie
y aquí está de nuevo
donde estaba.

Traducción de Luna Marina Companioni.

Robert Creeley
Robert Creeley

Dos textos de Robert Creeley sobre William Carlos Williams

El hecho

(Cuadros de Brueghel y otros poemas, de William Carlos Williams, New Directions, New York, 1962).

No hay manera sencilla de hablar sobre este libro. Es tan singularmente la obra de un hombre, un solo hombre, que por ello se mueve para involucrar a todos los hombres, sin importar lo que asuman como sus propias preocupaciones.

Si debo hablar, ¿qué diré?
¿Que he encontrado cura
para los enfermos?
No hallé ninguna
cura
más que esta flor torcida:
con solo
mirarla
llos hombres sanan.[1]

(“La flor amarilla”)

La insistencia en nuestra vida se ha convertido en una plétora de planes, de soluciones, de, finalmente, una red de compromisos abstractos— que nos dejan sólo con confusiones. Contra estos el Dr. Williams ha puesto el hecho de su propia vida, y todo lo que encuentra sustancia en ella. Anteriormente había insistido: “No hay ideas sino en las cosas”, lo que significa que todo lo que se mueve a un lugar más allá de abstracciones, de engañosos relieves, debe ser visto como falso. Vivimos como y donde estamos. Es, por ejemplo, literalmente aquí:

El mundo reducido a una imagen reconocible
a punto de curarme de una enfermedad
hubo una lámina
probablemente japonesa
que me atrapó por completo

 una imagen absurda
excepto porque era lo único que yo podía reconocer
la pared cobró vida para mí en esa lámina
y yo me así a ella como una mosca[2]

Qué dispositivo, medio, ritmo o forma puede adquirir el poema para su coherencia es una cuestión precisa de su ocasión. La mente y el oído están, en este sentido, despojados para escuchar y organizar lo que se les da, y la danza o la música que Williams ha utilizado como metáfora de este reconocimiento y su uso es lo que nos sustenta, poetas u hombres y mujeres.

¡Pero solo hay certeza del baile!
Acéptalo.
¿Quién puede saber
qué cosa nos deparará?

En los bosques de tu
propia naturaleza cualquier
ramita se interpone, y las ramas desnudas
tienen su propia verdad

esta ráfaga de la tormenta
que nos atrapa,
juega con nosotros y nos desecha
bailando, bailando hasta lo increíble.

(“El baile”)[3]

Es igualmente esa música la que informa a nuestras vidas con una coherencia más allá de su intención o significado aparente. En “The Desert Music” (poema que da título a una colección anterior [1954] incluida en Pictures from Brueghel, como también lo es Journey to Love [1955]) esta música es “una música de supervivencia, apagada, distante, escuchada a medias…” Y contra la música externa de la máquina de discos, banda o lo que sea, el “parloteo nauseabundo”, Williams pone “la forma de la puta de un tugurio / mexicano en Juárez, en el modo en que / meneaba como loca el trasero desnudo. …”[4]:

¿De qué diablos
te ríes
por lo bajo? ¿No
de ella?

       ¡La música! Ella
me gusta. Combina

con la música[5]

Y de nuevo, encontrando la forma sin forma, sin identidad, “para ir a parar a donde / –en el puente entre Juárez y El Paso– / yace una forma inmóvil, irreconocible en / la penumbra. …”[6]:

¿Qué ES? 

¡La música! ¡La

música! Como cuando Casals toca
y sostiene una nota en su violonchelo
y me deja sin palabras[7]

El baile, los actos de una vida, se mueven al compás de esa música, la vida misma, son estas las que el poeta tiene la responsabilidad peculiar de reconocer y recuperar con su arte:

Ahora la música se abre paso
en el solitario momento en que la escucho.  Ahora
me rodea.  ¡La danza!  El verbo se desprende
buscando volverse articulado.

Y yo apenas puedo ayudar pensando
en el maravilloso cerebro
que percibe esa música y en nuestra
ocasional capacidad de registrarla.[8]

Volviendo entonces a los poemas posteriores, lo que se puede decir ahora es que hay toda esa verdad, toda esa vida en ellos. No puedo hacer ese juicio que discutiría entre qué poemas, este o aquel, muestra la mayor maestría. Creo que debe llegar un momento, suponiendo que uno haya trabajado como Williams para definir la naturaleza de este arte, en el que todo sea coherente, y cada poema, o instancia, ocupe su lugar en esa vida que trabaja para valorar, para medir, para ser el hecho. Como aquí:

Para ser recitado a Flossie en su cumpleaños
Que quien pueda
busque entre líneas
interminables

esa torturada constancia
afirma
donde yo persisto

déjame decir
sin intención de tensión
que la flor brotó

luchando por reafirmarse
simple bajo las
luces confusas

créeme
una rosa
para el fin de los tiempos[9]

Prólogo a The Manuscripts and Letters of William Carlos Williams, de Neil Baldwin y Steven L. Meyers

Ningún comentario simple es suficiente para intentar dejar en claro el valor persistente y extraordinario de la obra de William Carlos Williams como escritor. La estimación pública llegó tarde para él en algunos aspectos, pero está claro desde el principio que sus propios compañeros, como Ezra Pound y Louis Zukofsky, un poco más joven, lo tomaron como una medida única de las posibilidades del arte que compartían. Para la generación más joven en ese entonces —Robert Lowell, Charles Olson, Kenneth Rexroth, Robert Duncan– constituyó, como dijo Olson, la única fuente limpia en una actividad a menudo pervertida por la ventaja tópica y la autopublicidad. Para los de mi misma edad, como Allen Ginsberg y Denise Levertov, fue intensamente receptivo y tranquilizador, siempre dispuesto a responder las interminables cartas que le escribimos, a pesar de la delicada salud en los últimos años de su vida. Era verdaderamente nuestro héroe y sabíamos que nos escucharía.

En The Autobiography, recuerda las circunstancias que dieron lugar a la presente colección de sus manuscritos y materiales relacionados:

Charles Abbott vino a vernos un día de invierno hace unos diez años. Nos sentamos en nuestra habitación delantera toda la tarde, Floss, él y yo, con un whisky o dos, mirando la leña arder en nuestra chimenea, dejando que la luz se desvaneciera. Apenas nos movimos aparte de volver a llenar nuestros vasos. El teléfono no sonó ni una vez. Pensamos que estábamos en el cielo.

Nos habló de su proyecto: recopilar manuscritos de los poetas vivos, ingleses y americanos –cualquiera que se pudiera tener– material que tantas veces se tiraba o se perdía y que luego pudiera servir para ir armando una comprensión de sus vidas y métodos de trabajo. Me había escrito preguntándome si tenía algo por el estilo en casa que pudiera darle para la Lockwood Memorial Library de la Universidad de Buffalo, donde se había reservado una sala para la colección.

Con generosidad, con entusiasmo, Williams aceptó la invitación, muy posiblemente singular para él en ese momento. Así fue como, de vez en cuando, comenzaron a llegar a Buffalo voluminosos sobres marrones llenos de borradores de su trabajo para depositarlos en la Biblioteca de la Universidad y, con el paso de los años, su acumulación resultó en la colección más extensa de materiales de Williams que tenemos ahora.

¿Cuál es su valor? El mismo Williams, creo, lo deja muy claro: “material… que podría usarse más tarde para construir una comprensión de sus vidas y métodos de trabajo”. Ya sea que uno sea un historiador literario, un crítico, un escritor o, más apropiadamente, un estudiante –cuyo mundo aún no se ha convertido en un hábito profesional– una hoja de papel muy simple, con palabras garabateadas o mecanografiadas en un impulso inequívoco, puede ser una maravilla más allá de todas las demás. Ahí está literalmente, ¡así es como lo hizo!

Pero no son meras explicaciones lo que uno busca. Estas son demasiado simples y sin duda también cambiarán, así como los lectores y los mundos en los que viven. La virtud de lo que escribió Williams es igual a la virtud de la diversa tierra floreciente que amaba. Ambos cambian sin cesar, para seguir siendo los mismos. En ese sentido nunca habrá una respuesta finalmente acertada, ni estos materiales la darán.

Más bien, es la revelación íntima posible cuando uno puede ser testigo del resultado de las palabras que él escribió por medio de algo tan conmovedoramente común como las dos manos de un hombre. La dimensión humana se vuelve tan claramente manifiesta, y todas las pretensiones de fórmula u objetivación abstracta se desvanecen.

Aunque muchos de hecho hicieron antes uso de los materiales aquí catalogados en esta presente grabación de ellos, los dos jóvenes que finalmente han hecho este trabajo minucioso y perspicaz deben sentirse honrados y agradecidos. Claramente, su conocimiento de Williams ahora es íntimo en el sentido en que he usado esa palabra. En pocas palabras, les importaba y, como bien podría haberles dicho Williams, todo lo que se puede hacer con el cariño es convertirlo en un acto, como el de ellos.

Traducción de Ramón Hondal.


Notas:

[1] Traducción de Edgardo Dobry, Juan Antonio Montiel y Michael Tregebov, tomada del volumen Poesía reunida, de William Carlos Williams, Editorial Lumen, 2017 (todas las notas son de Ramón Hondal).

[2] Traducción de Juan Antonio Montiel, tomada del volumen Cuadros de Brueghel, de William Carlos Williams. Editorial Lumen, 2007.

[3] Ibídem.

[4] Traducción de Edgardo Dobry, Juan Antonio Montiel y Michael Tregebov, tomada de ed. cit…

[5] Ibídem.

[6] Ibídem.

[7] Ibídem.

[8] Ibídem.

[9] Ibídem.

William Carlos Williams
William Carlos Williams

Tres cartas de Robert Creeley a William Carlos Williams

Littleton, N.H.
Febrero 11, 1950

Estimado Dr. Williams,

Esta carta será en cierto sentido una intrusión, ya que asumirá que tendrá tiempo para leerla y reflexionar sobre la petición que le hará. Su única excusa es el hecho de su propio trabajo y el interés por la poesía.

Para ser breve, me gustaría pedirle su ayuda con respecto a una revista que me gustaría publicar en algún momento de este verano. La revista intentará estas cosas: (1) proporcionar una salida para la prosa, la poesía y el trabajo crítico y presentarlo de una manera que evite un énfasis indebido en la posición actual de los escritores en la jerarquía literaria; (2) presentar críticas que refuercen la comprensión de la poesía y la prosa utilizadas, y hacer que estas últimas sirvan como demostración de las actitudes implícitas en el trabajo crítico; (3) hacer que la entidad de la revista como actitud crítica sea coherente y reconocible para sus lectores. No sé si esto es suficiente, o demasiado, para el “programa general” de una revista, pero es el único que se me ocurre como de alguna utilidad práctica. Sé que tengo poca afición por las revistas que no usan ese programa y como me encuentro a punto de editar una, no hay a mano ninguna otra política.

En cualquier caso, lo que usted mismo pueda aportar, prosa o poesía, será muy bien recibido. Para serle sincero, me he puesto a estudiar su trabajo, puedo pensar en muy pocos otros que hayan escrito versos comparables a los suyos, y sería un honor tenerlo representado en la revista. Lo único que no me gusta es la necesidad de unir esa apreciación con una solicitud de contribución.

Suyo sinceramente,
Roberto Creeley


Agosto 1, 1951

Estimado Bill,

Una copia de PATERSON IV, enviada aquí, finalmente llegó este mediodía, y la había estado esperando, sin duda, debido a la calidad de los tres primeros.

En cualquier caso, estaba sentado después de haberlo leído muy rápido, y como mi esposa tenía lista la cena, etc., comencé a leérselo, tratando de averiguar, francamente, si eras tú o yo, como apagado.

Cómo puedo decirlo –pero mientras yo, que todo se me hace difícil, le leía los poemas a ella sentado allí, siendo mejor escuchados, ¡y cómo nos llegaron malditamente bien! Es difícil decirlo, porque, en primer lugar, te venero. Te tomo como algo que puedo tomar, muy en mi propia escritura, y muy exactamente ahí. La dificultad es que se supone que una cosa, un hombre una cosa, como tú, es completo, es una solución, como diría Olson, más allá de las intrusiones inesenciales.

Pero aquí, de cualquier forma, esta distancia de lo que viene a asentarse duro en mis propias entrañas –aquí tengo que hacerlo de todos modos, o decirlo– es la claridad de esta escritura.

La parte del mar, la apertura de PATERSON III y muchos muchos otros lugares son tan hermosos, tan firmes como el suelo que los hace. Maldita sea simplemente –es un organismo, un crecimiento continuo en la cabeza de cualquiera que pueda escuchar.

Muy jodidamente maravilloso saber que estás allí.
Todo lo mejor para ti,
Bob


1835 Dartmouth NE
Albuquerque, Nuevo México
Junio 4, 1962

Estimado Bill,

Me siento culpable por mi silencio, pero he dudado en escribir, Dios sabe por qué, excepto que mis propias confusiones de los últimos meses me han mantenido mudo, y también diversos trabajos, como la enseñanza. Pero Denny había escrito sobre verte, y he logrado pensar en ti, entonces yo también estuve allí.

Es una tarde miserablemente calurosa aquí, mi esposa está empacando la casa (¡al estilo indio!) mientras yo estoy “calificando trabajos”, ¡guau! Es un poco desgarrador e interminable, pero uno que acabo de leer me trajo cosas a la memoria, a saber, una chica que escribe sobre tu The Desert Music, incómoda con este lugar pero abriéndose paso de una manera buena y obstinada, leyéndolo, en fin, que es el placer. Por ejemplo:

Las leyes del mundo ofrecen un cadáver, que puede ser representado por la forma que está en el puente, bailando con la música de la naturaleza, pero solo el poema puede dar la música que hace que la forma cobre vida. . .

O mejor, este tiro ajustado: “El mundo entero impide una fuga de cualquier parte del mundo…” A propósito de cuando dices “No puedo vomitarlo…”

Luego, un poco más tarde: “Si no puede vomitar la fealdad, compondrá un poema, que convertirá la fealdad en belleza. Pero, como dice Williams, la inspiración no es nada; la escritura del poema, o el poema hecho, produce una idea tangible…”

Y luego: “Ahora que el poema está casi hecho, el verbo que lo ha hecho nacer se desprende, y el poema existe; es articulado. Pero antes había escuchado música en soledad, y ahora no se siente solo cuando la escucha, porque él es parte de la música…”

De todos modos, eso es un estudiante de primer año, con esa torpeza feliz y decente, y con eso, por así decirlo, es posible trabajar y/o enseñar, o realmente dar algo, aunque solo sea mi propia confusión a veces, que no puedo sentir la jerarquía crítica impuesta, por lo tanto, pasar por un proceso de “sentir” igual al de los estudiantes. ¡Qué más!

Nos mudaremos, en breve, a Vancouver, B.C., donde tengo un trabajo para el próximo año, y creo que bien puede ser donde nos establezcamos. Me gusta la distancia, y también me gusta la frescura aún abierta de las cosas allí, y esa posibilidad de algún lugar aún no “establecido”, etc. Estuve allí brevemente en febrero, leyendo, y encontré gente muy buena, es decir, abierta, con ganas de ver cosas, etc. La enseñanza, el aspecto más tedioso y finalmente degradante, es que las autoridades crecen al margen de toda la vida literal de las cosas de las que se alimentan y dependen. Es una degradación vacía, bueno, viciosa, de cualquier uso que de otro modo podría estar allí. ¡Ah, bueno!

De todos modos, buscamos una vida allá, todos nosotros. El otoño pasado perdimos a nuestra segunda hija mayor en un accidente repentino, y eso ha dejado un residuo de sentimientos difíciles de manejar en ocasiones –y el lugar tiende a estimularlos, al menos ahora. Además, aquí hay una “manera de hacer las cosas” que a veces me desplaza, es lo que primero tomé como una manera “abierta” por parte de la gente, pero con demasiada frecuencia demuestra simplemente una flojedad o una suposición que no se acepta fácilmente. Por ejemplo, el otro día, en un centro comercial cerca de aquí, estaba sentado en el auto, había comprado algunos sobres para cartas; de cualquier manera estaba sentado escribiendo direcciones en ellos y de repente un hombre estaba mirando por la ventanilla del automóvil, como con curiosidad, y preguntó si recordaba haberlo insultado el día que murió nuestra hija, al haber quedado atrapada en un desprendimiento de tierra en un arroyo cercano a la casa, y si quería ahora disculparme. Estaba estupefacto, aparentemente lo había empujado, o dicho algo, Dios sabe qué mientras atravesaba ese momento. Y ahora, ocho meses después, él pensó en todas esas cosas para recordármelo, aparentemente él mismo mantuvo la “lesión” fresca en su mente todo ese tiempo. Así que lo insulté de nuevo, no pude pensar en otra respuesta adecuada para él –incluso apenas entiendo qué quería realmente de mí. Entonces…

Venimos al este para una breve visita, y quiero llamarte. Me encantaría volver a verte, pero me pregunto si eso sería una imposición, pero te llamaré. He pensado en ti una y otra vez, en los últimos meses, mucho más cuando salió mi libro, con tu complemento muy generoso en la cubierta. Espero que sepas lo que eso significó para mí. Puedo recordar que primero te escribí, muy asustado, y luego te conocí por primera vez, y tu respuesta a mi presentación bastante inestable de mí mismo y el comentario de que estaba muerto de miedo — “¿qué, de mí?” De hecho, has sido muy bueno conmigo.

Creo que las cosas se fortalecen, se definen o comienzan a hacerlo. Siento que lo hacen entre mi generación y amigos, y espero que las cosas sigan funcionando como lo han hecho estos últimos años. Últimamente he estado escribiendo una novela, tratando de romper con los clichés de la costumbre en los poemas, es decir, el libro de poemas incluso pide un cambio, o eso he sentido, y la prosa me lo da ahora. Y todo realmente se siente bien.

Espero que las cosas estén bien para ti y tu esposa. Es imposible agradecerte correctamente, pero al menos puedo decirlo: gracias. Realmente has hecho posible todo un mundo para muchas muchas personas.

Todo mi amor para los dos,
Bob

PD: Solo continuando con la “calificación” aparece un chico con una frase violenta: “Era un atleta natural, moralmente hablando…” Y un poco más tarde: “Stanton cayó heroicamente, tratando de salvar a la doncella de una dama más grande que él…” ¡Realmente deben intentarlo!

Traducción de Ramón Hondal.

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