Voces relevantes de la cultura rusa condenan la invasión a Ucrania y, de paso, desafían la rusofobia al uso

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Teatro Bolshói de Moscú (FOTO Wikimedia Commons)
Teatro Bolshói de Moscú (FOTO Wikimedia Commons)

Una parte significativa de los gremios del arte y el espectáculo en Rusia han levantado sus voces contra la invasión a Ucrania decretada el 24 de febrero último por el presidente Vladimir Putin. Entre los efectos colaterales desatados por la contienda, uno de los más lamentables es la avalancha de cancelaciones a la cultura rusa que germinan alrededor del orbe. En medio de tal emergencia de la rusofobia, al interior de la propia Federación Rusa se han organizado algunas redes de resistencia y de oposición a la guerra: manifestaciones en las que cientos de ciudadanos han sido reprimidos y arrestados, iniciativas de reprobación por parte de colectivos feministas y, evidentemente, pronunciamientos de importantes figuras del medio artístico.

Tal vez el ejemplo más difundido en la prensa internacional sea la publicación de una carta abierta en que un grupo de creadores y profesionales rusos –en los primeros cinco días eran más de 17 mil las adhesiones– solicita a Putin el cese inmediato del ataque. Curadores, arquitectos, escritores, periodistas, músicos, directores de orquesta… plasmaron su absoluto desacuerdo con la guerra, y exigieron “el cese inmediato de todas las hostilidades, la retirada de las tropas rusas del territorio de Ucrania y la celebración de conversaciones de paz”.

El texto ha circulado junto a las firmas, por sólo mencionar unos pocos nombres relevantes, de Vladimir Urin, director del Teatro Bolshói de Moscú; Valery Fokin, Premio Europa de Teatro y director artístico del Teatro Alexandrinsky en San Petersburgo; Andrei Moguchy, del Teatro Dramático Bolshói de San Petersburgo, y Vladimir Spivakov, uno de los más prominentes violinistas contemporáneos. Los infrascritos reconocen, al valorar el futuro que la ocupación puede acarrear, cómo la guerra también les quitará “oportunidades de trabajar plenamente, hablar, crear proyectos, popularizar y desarrollar la cultura, y nos quitará el futuro. Todo lo que se ha hecho culturalmente en los últimos treinta años está ahora en riesgo: todos los lazos internacionales se romperán, las instituciones culturales privadas o estatales quedarán suspendidas, las asociaciones con otros países se suspenderán”.

“Hablamos aquí no sólo como figuras culturales, sino como gente corriente, ciudadanos de nuestro país, nuestra patria”, aclaraba la misiva aparecida un día después de la invasión en Spectate, web especializada en arte. “Entre nosotros están los hijos y nietos de los que lucharon en la Gran Guerra, testigos y participantes de ese enfrentamiento. En cada uno de nosotros pervive una memoria genética de la guerra. No queremos una nueva guerra, no queremos que la gente muera. El pasado siglo XX ha traído demasiado dolor y sufrimiento a la humanidad. Queremos creer que el siglo XXI se convertirá en un siglo de esperanza, apertura, diálogo, un siglo de conversación, amor, compasión y misericordia. Hacemos un llamamiento a todos aquellos de quienes depende, en ambos los lados del conflicto, a detener la acción armada y sentarse a la mesa de negociaciones. Hacemos un llamado a la preservación del valor más alto: la vida humana”.

Al final de la misiva –asumida como insuficiente, “pero necesaria, en el camino hacia la paz entre Rusia y Ucrania”– también figuraron los nombres de figuras como Oleg Basilashvili, Mikhail Bychkov, Igor Zolotovitskyi, Igor Kostolevsky, Dmitry Krymov, Evgeny Mironov, Eugene Pisarev, Konstantin Raikin, Maria Revyakina, Victor Ryzhakov, Yuri Rost, Nina Usatova y Alyssa Freindlich. Todos preocupados, en primer término, por “el destino de los ucranianos, sus vidas y su seguridad”, más adelante advierten que la “operación especial” lanzada por Putin “llevará a Rusia al completo aislamiento internacional”.

Vladimir Urin, director del Teatro Bolshói de Moscú, habla con el presidente Vladimir Putin en 2013 (FOTO kremlin.ru)
Vladimir Urin, director del Teatro Bolshói de Moscú, habla con el presidente Vladimir Putin en 2013 (FOTO kremlin.ru)

Pero dicha misiva no es más que uno de los eventos de este tipo reseñables en las últimas dos semanas. Nada más conocerse la apertura de las hostilidades, dimitió la directora del Teatro y Centro Cultural Estatal “Vsevolod Meyerhold” de Moscú: “Amigos, en protesta contra la invasión rusa de Ucrania, abandono mi puesto como directora del teatro. Es imposible trabajar para un asesino y cobrarle un sueldo”, escribió Elena Kovalskaya en su perfil de Facebook. Su dimisión tenía lugar mientras el Departamento de Cultura de la capital rusa declaraba que cualquier expresión contraria a la invasión se consideraría traición a la patria.

Por esos días también renunciaron en Moscú cabezas visibles de importantes instituciones como Mindaugas Karbauskis, director del Teatro “Vladimir Mayakovsky”, y Rimas Tuminas, director artístico del Vashtangov.

En el ámbito de la música han emergido muchos pronunciamientos similares. El importante pianista Evgeny Kissin elevó su voz para aseverar que “la guerra siempre trae tristeza, lágrimas, sangre y la muerte de miles de personas”. Por su parte, Vasily Petrenko expresó a través de su página web: “La tragedia que se está desarrollando en Ucrania es ya uno de los mayores fracasos morales y desastres humanitarios de nuestro siglo. Los lazos históricos y culturales entre los pueblos ruso y ucraniano, de los que me siento orgulloso, no pueden utilizarse nunca para justificar la invasión de Rusia. En respuesta a estos terribles acontecimientos, he decidido suspender mi trabajo en Rusia, incluidos todos los compromisos futuros como director artístico de la Orquesta Sinfónica Académica Estatal de Rusia «Evgeny Svetlanov», hasta que se restablezca la paz. Creo en la promoción de la amistad y el entendimiento por encima de todas las fronteras. La paz debe restablecerse lo antes posible”.

En el ballet, otra de las expresiones artísticas rusas de mayor reconocimiento y prestigio internacional, las iniciativas de desaprobación de la guerra no se hicieron esperar. El reconocido bailarín francés Laurent Hilaire, maestro de ballet y ex étoile de la Ópera de París, abandonó sus funciones como director del Ballet del Teatro “Stanislavsky” de Moscú. Al respecto, comentó: “He trabajado en armonía en este teatro y me voy con tristeza, pero el contexto ya no me permite trabajar tranquilo”. Del mismo modo, el coreógrafo peterburgués Alexei Ratmansky, quien fuera director artístico del Ballet Bolshói entre 2004 y 2008, y actualmente es residente del American Ballet Theatre, dejó el país euroasiático de inmediato, renunciando así al estreno en la capital rusa de su obra El arte de la fuga.

Otros que rechazaron con prontitud la agresión a Ucrania fueron Kirill Savchenkov y Alexandra Sukhareva. Como protesta, ambos renunciaron a representar a Rusia en la Bienal de Venecia, uno de los eventos más prestigiosos en el mundo de las artes visuales. El evento oficializó la decisión de Savchenkov y Sukhareva, y mostró su respaldo: “Expresamos nuestra total solidaridad por ese noble acto de valentía y con las motivaciones que han llevado a esa decisión, que personifica dramáticamente la tragedia que afecta a toda la población de Ucrania”. En su cuenta de Instagram, Savchenkov explicaba: “No hay lugar para el arte cuando civiles mueren bajo el disparo de misiles, cuando ciudadanos ucranianos se esconden en refugios y protestantes rusos son silenciados”. De modo similar, el curador del Pabellón de la Federación Rusa, el lituano Raimundas Malaauskas, abandonó el certamen italiano y puntualizó: “No puedo continuar con este proyecto al tener presente la invasión militar y los bombardeos rusos”.

En Rusia, el Museo de Arte Contemporáneo Garage, fundado en 2008 por Dasha Zhukova, una estimada coleccionista de arte, comunicó el cese de sus funciones, y en particular la cancelación de sus exposiciones “hasta que cese la tragedia humana y política que se está desarrollando en Ucrania”.

El GES-2, otro centro de arte contemporáneo en Moscú, inaugurado el año pasado en las instalaciones de una central eléctrica de 1907, abrazó una postura similar: “No podemos hacer la vista gorda ante los trágicos eventos de los que todos nos hemos convertido en testigos”, ha explicado la institución en nota de prensa. Leonid Mikhelson, principal inversionista del GES-2 y director ejecutivo de Novatek –el mayor grupo privado de gas de Rusia–, declaró en una entrevista que el programa no abriría nuevamente hasta que “Putin fuera derrocado y tuviéramos una Rusia brillante y hermosa”.

Elena Kovalskaya renunció a la dirección del Teatro y Centro Cultural Estatal “Vsevolod Meyerhold” de Moscú (FOTO Twitter)
Elena Kovalskaya renunció a la dirección del Teatro y Centro Cultural Estatal “Vsevolod Meyerhold” de Moscú (FOTO Twitter)

Reacciones equivalentes también se han producido dentro de la comunidad científica rusa. “Nos condena a ser unos parias”, se lee en una carta suscrita en principio por más de 600 investigadores y divulgadores del país más grande del mundo, incluidos muchos miembros de la Academia Rusa de Ciencias y alguien como el físico Konstantín Novosiólov, ganador del Premio Nobel. El texto –con más de cinco mil adhesiones sólo tres días después de la incursión bélica– consideraba, por supuesto, “injusta y francamente insensata” la invasión ordenada por Putin. Y deslindaba: “La responsabilidad de desencadenar una nueva guerra en Europa recae enteramente en Rusia”.

Por el momento, el Gobierno ruso no ha actuado con particular dureza –aunque el legislador Vyacheslav Volodin no tardó en calificar de traidores a las personalidades que se oponen a la guerra– frente a tan variado catálogo de protestas del mundo artístico.

Tales voces, representativas de lo mejor de la cultura rusa actual, desafían no sólo el autoritarismo del Kremlin y la irracionalidad del propio conflicto bélico, sino también las manifestaciones de terca rusofobia que proliferan en un contexto global donde a menudo la simplificación y la estupidez viral se confunde con la legítima oposición a la violencia y la solidaridad con las víctimas.

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