Sin título (Árbol de la vida), de la serie ‘Siluetas’, Ana Mendieta, 1976

Las impresiones de Ana Mierdeta comienzan en el cristal donde pega la cara y en la placa fotográfica que la recoge: la jeta apretada contra el lente, en contra del lente, como si lo penetrara o impregnara, contra cristales de haluro de plata, un material vivo que resulta extraordinariamente apto a los propósitos de la artista. Será la única huella viva que quede de ella y su obra. El material fotográfico remeda, en reacciones químicas, los procesos vitales y, en tal sentido –no solo en el figurado– la fotografía es imitación de la vida. Registra eventos del continuo mediante un proceso que permite plasmar la durée en la placa. En sus primeras impresiones, con la cara apurruñada contra el cristal, Ana anticipa al Bowie de Ledger (1979). El cantante encarna, en la carátula del disco, a alguien que se ha estrellado contra un techo de vidrio, estrella que se precipita desde el empíreo, o las alturas de la gloria. [Desconfiar de los ascensos meteóricos].

Caída

Ana besa el piso [por donde Carl camina].

Caer reventada

Magnesium Copper Plain: cuadrado mágico para cazar brujas.

Copper brick road

Ana hace salir del suelo una silueta: el gnomo del lugar, su doble parido por el suelo [patrio]. Carl cubre el suelo con láminas de magnesio: parche de aterrizaje para volatinera cubana. Copper brick road: Carl se postra para recibirla, padre protestante.

Humpty Dumpty

El cuñado de Ana visita la morgue. Separa la sábana que cubre el cadáver de la artista. Dice: “¡Que ese hijo de perra venga a ver esto!” [Se refería a Carl]. Añade: “Quizás baste con que vea la cabeza”.

La cabeza de Ana es el huevo lanzado contra la Historia del Arte.

Humpty Dumpty sentado en un muro / Humpty Dumpty cayó y se dio duro.

Humpty Dumpty, el huevo caído.

Ana Dumptey. Ana Humptey.

Droppings, droopy, dripping, dopey

Ana Mierdeta, Cuba Mierdonga. William Figueras: “¿Qué escribes?” “Mierdas…”

El huevo es el proyectil de la guerra intestina de 1980.

Mierdeta

Años más tarde, en una insignificante galería de Coral Gables, alguien describe la semana que pasó con Ana y los otros en el Bolívar, un catamarán alquilado en Varadero, cuando le dio por explorar los cayos: Cayo Piedras, Cayo Cruz del Padre, Cayo Blanco.

Ana buscaba lugares comunes “donde poner el huevo” [sic]. Muladares flotantes, manglares prehistóricos, basureros inhóspitos. Nada del otro mundo. Traía un humor de perros, algo normal en ella, según decían. Venía con Cary Leopard y un grupo de yumas conectadas al Instituto de Amistad con los Pueblos, que era otra dependencia de la policía. “La barca de las tontas útiles”, le llamaban. Mientras tanto, los cubanos jaraneaban y tomaban fuerte. El choteo le resultó intolerable a las extranjeras. Cada vez que veían la huella de un marrano revolcado en el lodo, decían: “Por aquí pasó Anita”, pero evitando que los oyeran. Porque Mierdeta no se andaba con cuentos cuando se trataba de su obra. Se tomaba absolutamente en serio. No soportaba que la contradijeran. Era dada a enfrascarse en porfías por cualquier cosa.

Los Muppets

A alguien se le ocurrió mencionar lo maravilloso que era un cierto episodio de Los Muppets que habían pasado, con años de retraso, en la televisión cubana. ¡Cuestión de perspectiva! Eso provocó la furia de Ana. ¡Tamaña idiotez! No había nada de extraordinario en Los Muppets. Los Muppets eran mierda. Se había dado unos palos, nos confió el tipo de la galería, y el alcohol no le sentaba, dijo, de solo olerlo se ponía insoportable, sobre todo con las mujercitas de los pintores. No se las tragaba, ni siquiera se dignaba a dirigirles la palabra. Hubo situaciones muy desagradables en el reducido espacio del catamarán. Ana había discutido con Pérez Guy, lo había acusado de copiarla: ¡Tú me plagias! Guy palideció, los reflejos del agua le pintarrajearon la carota de campesino, pero de alguna parte sacó fuerzas para ripostar: No, Anita. Me inspiré en Arte Tierra… Ana no le dio tiempo a terminar la frase: ¡Arte culo! Eso era Mierdeta, recordó el galerista. Un dolor de.

Figura-fondo

—¿Qué ve aquí?

—Un jarrón griego…

—Muy bien…

—Un jarrón negro…

—Mire otra vez…

—¡Son dos perfiles!

—Carl & Ana.

Bronca

Ven una película, beben ginebra, discuten de arte y filosofía. De celos, de sexo. Bronca en apartamento. Barajan la posibilidad del divorcio. Miden en el muro el tamaño de unos hijos que no tendrían. El poyo le daba por la cintura. Ella Wendy, él Peter [¡Pan-Pum-Pow!]. Las niñas emigran. Los padres quedan atrás. Nunca jamás. Nevermore.

Ventana indiscreta

La película podría haber marcado el tiempo de la representación. Tuvo que ser así. Si Ana grita a la ventana indiscreta, alguien la oirá. El cine lo decía. Damisela en apuros. Windex. En el poyo, Humpty & Dumpty. Aparece la policía, se lleva esposado al esposo.

Rikers Island

La pequeña latina de telenovela irá a visitarlo a Rikers Island. Aunque aún lo ignoran, ellos anuncian, con sus gestos y señas, el final de una era. Tal vez, el fin de los tiempos. Ana lo sabe y se lo echa en cara en medio de la bronca. Sabe demasiado. Too much con too much. Carl también. Sus obras son problemas, brujerías, ecuaciones de campo del arte moderno. Ana vuela hacia esa flama. La cárcel abre al preámbulo de Fidelia, donde no existe un país, sino un esbozo de escenas penitenciarias.

Escena del crimen

Carl le grita: “¡No hagas una escena!”, pero eso es, precisamente, a lo que ella se dedica, todo lo que sabe hacer. Su obra, desde los tiempos del Instituto de Iowa, consiste en “hacer escenas”. En realidad, le daba igual la vida o la muerte. No a ella, personalmente, sino a su obra, con la que va a encontrarse en vuelo desde el piso treinta y pico. Le interesa el conocimiento, a cualquier precio: Knowledge comes with death release, había dicho Bowie diez años antes, en algún lejano tocadiscos. Pero Ana lo dejó dicho en cada una de sus piezas, que son [todas] ensayos de caídas. Besar el suelo. Al contrario de Carl, que no tuvo el valor de saltar y se quedó atorado en la ventana: Rear Windeath. Pacto suicida degradado a asesinato en segundo grado.

Fall

Supongamos que Carl también salta. Salta de miedo, patalea en el aire, cae mal, cae reventado, pero aún con vida. Digamos que no ha caído con ganas. Así se separan. Ella se adelanta: “Hasta que la muerte nos…”.

Kelifot

En la ceremonia, Ana Mendieta corta de un hachazo la cabeza de la gallina y entra en Sitra Ahra, kelifot, el otro lado. Juega a la muerte sabiendo que está condenada. Quema las naves. Para ella no hay retorno. Vestal solicita babalawo. De esa brujería no saldrá ilesa. Ha sellado, delante de la cámara, su suerte. Está salada. Las dos ceremonias, decapitación y caída, son la misma. Ana es la gallina y el huevo. Humpty & Dumpty, Incorporated. Incarnated, añadió Gott. Yes, cuerpo y alma. Félix incluye en su ópera la película de la gallina, solo por indicar el origen galo del libreto, reminiscencia de la magia negra. Cacareo, stacatto. Ana vuela en un palo de la escoba en llamas. Escoba amarga. Carl es protestante e impotente. La bruja voladora se cuela en su apartamento. Transvección. Trayecto del piso treinta y cuatro al suelo.

¡También esto es escultura!

La voz de Ajaxx, a imitación de Gott, salta de mi contestadora. Dejo los espaguetis y me pongo a oírlo: Compré el libro que me dijiste. La biografía de la Mierdeta. Pero su bronca con Carl se me antoja una reyerta de artistas, nada más. Nada profundo. Te aseguro que debió estar pasando hacía tiempo. Normal. Tal vez desde el día en que se conocieron. Con esa bronca la relación entra en crisis. Ana está decidida a imponerse a cualquier precio. Esa noche, uno de los dos debe morir. Ella había asumido el papel de discípula, a sabiendas de que superó al maestro. A Carl no le quedó más remedio que aceptar el papel de asesino. Drama y melodrama. Para Ana, había llegado la hora de probarle al mundo quién era la más grande. Pero Carl había sido su mentor, su primer espectador. ¡Carl lo era todo para ella! Es artistaje, recalcó la voz grave del Gott en la máquina. Lanzarse por la ventana despeja dudas, resuelve incógnitas. Oblitera de una [puta] vez la vida y obra de Carl. Por la época en que compartían estudio en Soho, Frank Stella le dijo a su amigo: ¡Esto también es escultura!, poniendo el dedo en la parte del palo que aún no había sido tocada por la gubia. ¡Esto también!, aúlla Ana, treinta cuatro pisos más abajo. Las losas de cobre y magnesio jamás podrán ser miradas de la misma manera, lamentó Gott. Ni entendidas sin ella, sin su intromisión, sin tenerla en cuenta, sin su dichosa caída. Ana vivió el número de losas, afirmó Gott, bajando la voz. ¿Sabes lo que significa crear otra versión de la caída, con mayúscula? La pulsión de muerte, el capricho exteriorizado, exorcizado, plasmado en concreto. Yo quiero en mi losa un ramo: Andre es la losa, Ana es el ramo.

Riding & Graves

Karl Gott carraspea: “Pasa lo mismo con Laura Riding y Graves. Tengo el libro, he traducido a la bruja. Laura se lanza de la ventana de un cuarto piso, vuela… y sobrevive. Esa fue su manera de imponerse a Nancy, a Robert y al Diablo. ¿Mefistófeles? Geoffrey Phibbs, el tipo siniestro que aparece en el cículo de Graves; y graves, como ya sabes, significa kber en judío. ¡Si lo sabría ella, que componía diccionarios! El hecho violento vindica a Laura y condena a Robert, el maldito puritano. La caída de Laura marca el fin del sistema Graves. De igual manera, los cien overoles engavetados de Andre, su insistencia implacable en lo mismo con lo mismo, en lo inane y lo plano, lo igualitario que pretende reducirlo todo a un nadismo, un nudismo, hacer de los cuerpos tábulas rasas, estatuas de sal, ponerse a ras del piso. Las losas de cobre y magnesio son kber…”.

Note to self

“Ayer pasaron Detour en televisión. ¿Sería la película que vieron? Maama, dicen los personajes de Edgar Ulmer, y no Ma-yami, como es natural”, explicó Félix. Solo entonces noté la extraña pronunciación de mi paciente. La misma. Tiene un diente negro, diente muerto que lo afea todo y delata al criminal, que algo que anda mal. Toca el clarinete en fiestecitas cubanas.

Visión

Cortinas viejas chupadas por el hueco de la ventana.


* Este texto pertenece al libro inédito “Sabbat gigante. Libro tercero: Fidelia”.

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NÉSTOR DÍAZ DE VILLEGAS
Néstor Díaz de Villegas (Cumanayagua, Cuba, 1956). Poeta, editor y ensayista. Fue estudiante de arte, pasó por la cárcel en Cuba, y emigró en 1979 a los Estados Unidos. Ha publicado varios volúmenes de poesía, recogidos todos en Buscar la lengua (2015). Fue el fundador de Cubista Magazine (2004-2006). Su más reciente libro, Poemas inmorales (2022), ha sido publicado por la Editorial Pre-Textos. Reside en Varese, Italia.

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