'La muerte en pelota', Antonia Eiriz 1966
'La muerte en pelota', Antonia Eiriz 1966

Desde su fundación en marzo de 1959 a su fin en 1961, Lunes de Revolución, semanario cultural del periódico Revolución, mantuvo un carácter ecléctico y abarcador evidenciado en la promoción de textos de gran variedad temática y de géneros literarios. El magazín publicó artículos sobre literatura, arte, arquitectura, fotografía, filosofía, historia, antropología y política, así como cuentos, obras de teatro, y poesía. También incluyeron reportajes periodísticos sobre economía, deportes y agricultura, y un gran número de traducciones de textos de autores reconocidos.

Muchas de las tiradas eran organizadas por temas y por áreas geográficas. Dedicaron números a asuntos como la clase obrera, los sindicatos, el libertarianismo, los intelectuales de izquierda, el cooperativismo, la reforma agraria, los kibutz, el Movimiento 26 de julio, y la visita de Sartre a Cuba, así como a África, China, España, Estados Unidos, la Unión Soviética, Francia, Yugoslavia y Rumania.

Sin embargo, a pesar de esta sobreabundancia de temas, geografías y ángulos, hubo ausencias notables en el magazín, las cuales no pasaron desapercibidas para sus propios contemporáneos. Una de ellas fue la de El Puente, editorial autónoma (1961-1965) codirigida por José Mario Rodríguez y Ana María Simo, con la cual coincidirían en tiempo al menos durante un año, pero a la que apenas harían mención en sus páginas. ¿Cuál fueron las razones para la omisión?

Encuentros y desencuentros

La polémica sobre el rol del intelectual y el arte dentro del proceso revolucionario cubano definía las dinámicas literarias y configuración de un canon posible desde aquellos tempranos años. Una primera lectura pudiera llevarnos a pensar que la omisión de El Puente de las páginas de Lunes se debió a una divergencia en posicionamientos con respecto a este tema.

Sin embargo, existían entre ambos grupos más puntos en común que diferencias en este particular. Tanto la línea editorial de Lunes como los prólogos y textos publicados por El Puente exhiben una oscilación entre el respeto a la libertad del creador, y el convocar a posiciones de explícito compromiso con el momento que se vivía.

Integrantes de El Puente. Ana María Simo, José Mario Rodríguez , Gerardo Fulleda León y Ana Justina (foto cortesía de la autora)
Integrantes de El Puente. Ana María Simo, José Mario Rodríguez , Gerardo Fulleda León y Ana Justina (fotos cortesía de la autora)

Ya desde el primer número, los editores de Lunes establecen franca ruptura con el “torremarfilismo” de las generaciones anteriores. Expresan en el editorial “Una Posición”: “Creemos que la literatura –y el arte, por supuesto– deben acercarse más a la vida, y acercarse más a la vida es, para nosotros, acercarse más a los fenómenos políticos, sociales y económicos, de la sociedad en que vive”.[1]

En la misma página, bajo la sección Libros, publicaban la reseña “Un cubano en la poesía”, donde su autor, Enrique Berros, señala que Vitier encarna “la actitud de todo un tipo de intelectuales que se empeñan en vivir en una mítica torre de marfil que, aunque habitación idónea para el monje medieval, es escasamente adecuada para el intelectual que tiene que vivir y trabajar en una época en la cual la violencia se ha convertido en ciencia y los aspectos económicos y sociales de la realidad se han convertido en la realidad misma”.[2]

Declaraban así su filiación a una estética comprometida con el pueblo y con la gesta revolucionaria, intención con la cual fueron coherentes en la dedicación de un espacio considerable, no solo a piezas de literatura y arte comprometidos, sino a la cobertura de eventos de importancia política como Playa Girón y la explosión de La Coubre. Dieron muestras también de también un marcado antiimperialismo, con textos sobre la alienación en el capitalismo, los afroamericanos y la discriminación en los Estados Unidos, y las acciones intervencionistas y de sabotaje de los Estados Unidos a Cuba.

Junto al explícito interés en proyectarse como intelectuales de izquierda, también estaba el de desmarcarse del comunismo, como hacen evidente en el editorial del número del 6 de abril de 1959:

Pero nosotros, los de Lunes de Revolución, hoy, queremos decir, simplemente, que no somos comunistas. Para poder decir también que no somos anticomunistas. Somos, eso sí, intelectuales, artistas, escritores de izquierda, tan de izquierda que a veces vemos al comunismo pasar por el lado y situarse a la derecha en muchas cuestiones de arte y de literatura.[3]

Curiosamente, en los prólogos a los textos publicados por El Puente, que funcionaban como una suerte de manifiestos, los directores de la editorial se declaraban también antiorigenistas a la vez que trataban de acomodar una posición de compromiso social junto al reclamo por el respeto a la individualidad creadora. En el Prólogo a la Novísima de Poesía Cubana I, sus autores, Reinaldo Felipe (García Ramos) y Ana María Simo establecen en referencia a Orígenes que “con esta poesía fleuve, monumental y contemplativa, cuya atmósfera recuerda la de ciertas églogas de Virgilio, se buscaba un equilibrio clásico” pero que “mediante la adición de palabras, únicamente se llegó a una expresión críptica, a un caos exuberante”.[4] Igualmente, si bien publican textos “comprometidos” como el poemario El orden presentido (1962) de Manuel Granados, o Poemas en Santiago (1962), de Joaquín G. Santana, que reivindicaban la importancia del triunfo revolucionario,[5] promocionaban también otros que con los cuales lanzaban una suerte de alerta tácita ante posiciones totalitarias y el discurso triunfalista de la Revolución, tales como “La marcha de los hurones”, de Isel Rivero, o Acta, poemario existencialista de Reinaldo Felipe.[6]

Sin embargo, aunque promover lo experimental y el derecho a la individualidad creadora fue común a ambos grupos literarios, existen diferencias importantes. Mientras en El Puente se le daba voz a un número considerable de outcasts –homosexuales; negros y negras en gran número; pobres muchos de ellos y ellas, como es el caso de Georgina Herrera, quien había trabajado en una casa como sirvienta– los de Lunes, hombres blancos en su mayoría, se centraban en promover colaboraciones y traducciones de autores europeos quienes eran, también, en su mayoría, hombres, blancos, y reconocidos representantes de la alta cultura occidental. Aunque también hay que destacar que dedicaron sendas tiradas a lo afrocubano (abakuá), a Latinoamérica, y a países asiáticos.

Ana María Simo y José Mario Rodríguez
Ana María Simo y José Mario Rodríguez

Un Puente ausente

Sumado a la proyección elitista de Lunes, muchas de las voces nacionales que publicaba el magazín eran las de sus propios fundadores, hecho que notaron los propios lectores. Uno de ellos comenta en la sección “Cartas de Lunes”:

¿Hasta cuándo van a bombardearnos con artículos de gente que ni son conocidas ni les [sic] interesan al pueblo de Cuba? Aquí, a pesar de la HEROICA REVOLUCION [sic] no se hace más que tratar asuntos desligados de la realidad nacional. Lunes debe estar por entero dedicado a los escritores y artistas del patio, a la REVOLUCION [sic] y a sus LIDERES [sic]. ¿Qué pasa que se le da preferencia a un argentino, a un francés y a un pintor europeo, cuando aquí los hay tan buenos o mejores que todos ellos? No olviden que Cuba es de los cubanos y la REVOLUCION [sic] es de los REVOLUCIONARIOS. Marcos Jiménez, Calle 17 No. 105, Vedado, Habana.[7]

En el mismo número, una maestra de la Víbora comenta: “Yo no voy a leer más ese Magazine que ustedes publican porque no saben hacer otras cosas que publicar indecencias, irreverencias y pedanterías. […]. ¡Basta de basura!”.[8]

¿Pecaban acaso de torremarfilescos los entusiastas antiorigenistas de Lunes? ¿De elitistas europeizantes, a pesar de que se declaraban contrarios a ello?

Ana María Simo y Reinaldo García Ramos
Ana María Simo y Reinaldo García Ramos

El asunto de las cartas toma mayor vuelo cuando publican en la sección “Punto de mira” una carta abierta dirigida Guillermo Cabrera Infante del lector Odilio González, donde González critica a Lunes por no publicar a más jóvenes cubanos, asunto este que es tratado muy bien por Leandro Estupiñán en el capítulo “Una carta abierta pide apertura”, de su libro Lunes: un día de la Revolución cubana. Comienza la carta citando su autor estas palabras de El Escriba (pseudónimo usando por Virgilio Piñera):

Vamos a reproducir lo que El Escriba asevera. “Me dicen Guillermo Cabrera Infante y Pablo Armando Fernández, director y subdirector respectivamente del magazine Lunes de Revolución: Nunca hemos logrado tener por adelantado dos o tres números de esta publicación. La gente no manda colaboraciones. Nos pasamos la vida martillando y aun así, el material que nos cae resulta bien escaso. Dentro de este material son poemas lo que más abunda, algunos cuentos, y prácticamente ningún ensayo. Después se quejan porque el magazín peca de exceso de traducciones, pero si ellos mismos no mandan nada o muy poco, ¿cómo confeccionar nuestros números con un material netamente nacional?”[9]

A lo que riposta González:

Pero, ¿cómo “El Escriba” no sabe que ello es al revés completamente? En Cuba, amigo Cabrera Infante, además de usted, de Pablo Armando Fernández, De Fayad Jamís y de Fernández Retamar, hay una pléyade notabilísima de jóvenes dedicados a las letras. Se lo asevero a toda responsabilidad. Y tienen una obra —fíjese en los adjetivos— organizada, valiosa, abundante. La mayoría de ellos con libros en proyecto, listos para las rotativas careras.[10]

Procede González a citar una retahíla de autores omitidos por Lunes, que incluye un número considerable de mujeres como Nivaria Tejera, Carilda Oliver e Isel, entre muchas otras. Esta última es Isel Rivero, publicada por El Puente, así como Joaquín Santana mencionado en el párrafo siguiente, también publicado por las Ediciones.[11] “Invítelos usted, Cabrera Infante. Entonces no tendrá que lamentarse más de tener que publicar improcedentes traducciones. La juventud literaria cubana, admirado cuentista, es de veras asombrosa”.

En los párrafos que siguen, los editores califican de patética la carta y dicen que si no han sido publicados es por la ausencia de calidad literaria. Se sienten, afirman, motivados a “seguir la labor de divulgación de nuestra literatura”.

Virgilio Piñera sería clave en acortar las distancias entre los creadores del patio y Lunes cuando, para darle voz a estos, crea la sección “A partir de cero”, inaugurándose esta precisamente con la publicación de “El paseo” de Jesús Abascal, autor publicado por El Puente. No obstante, el vacío seguía siendo notable. Era de esperarse que más puentistas hubieran encontrado en Lunes el espacio ideal para difundir sus noveles creaciones y que el magazín los hubiera promocionado por todo lo alto.[12] Y si bien la casi total ausencia es algo entendible ya que solo coincidieron temporalmente en 1961 (año en que El Puente publica su primer libro y Lunes llega a su fin), no lo es tanto la omisión de voces individuales en el magazín de futuros puentistas como Nancy Morejón, Rogelio Martínez Furé, Miguel Barnet, Reinaldo García Ramos, Georgina Herrera, José Mario e Isel Rivero, quienes venían ya escribiendo antes de la fundación de las Ediciones y buscaban ansiosamente espacios donde promover su trabajo.

Nancy Morejón
Nancy Morejón

Es obvio que la carta de González encarnaba el sentir de estos jóvenes. Quizás hasta él era uno de ellos, enmascarado tras un pseudónimo. Lo cierto es que muchas de estas voces fueron preteridas e ignoradas por aquellos que se declaraban antitorremarfilescos, pluralistas, y volcados hacia el “sentir del pueblo.”

Un círculo cerrado y exclusivo

Es la propia sección de “Cartas de Lunes” se continuó el debate sobre la exclusión. En número posterior al que incluye la mencionada carta abierta de González, aparece en la sección de “Cartas de Lunes” del 26 de octubre de 1959, una nota dirigida a Cabrera Infante firmada por una misteriosa “Isel” (mentada en la lista de González, recordemos), que reza:

Debo agradecerle a Odilio González su carta abierta, no solo por recordarse de mí, sino por la proclama en sí que abría a los ya cansados ojos de los poetas JÓVENES [énfasis de la autora] (ya sean de esta generación o de la próxima, no sé cómo nos clasifican ustedes). Hazle llegar, si te es posible mi agradecimiento, él se hace eco, sin duda, de nuestras inquietudes. Es muy loable su ingenuidad, ¿no es cierto Caín?, muy loable, porque nuestro amigo Odilio González aún cree que con cartas abiertas dirigidas a un emisario del demonio, como lo eres tú, al primer criminal, puede esperarse una solución al gastado y constante problema “piñático”[13]

Isel, como señala Leandro Estupiñán, y como aclara la propia autora desde el presente en la entrevista de la cual citamos a continuación un fragmento, no es otra que Isel Rivero, publicada por Ediciones El Puente. Su misiva apunta a las posibles razones que explican la ausencia de tantas voces jóvenes de las páginas de Lunes: el espíritu de “piña”, de elitismo y de caciquismo (término usado por el mismo Piñera en uno de sus artículos para referirse al fenómeno de dominación dentro de los grupos literarios pre-revolucionarios, pero que parece repetirse aquí, con diferentes tonos), que dominaba el panorama de Lunes.

Tanto Rivero como José Mario se refieren a esto a posteriori. A la pregunta de Reinaldo García Ramos: “¿Y esa gente nueva no hallaba acogida en las estructuras que habían surgido en el país?”, responden José Mario e Isel:

JM. Esas estructuras, por el contrario, estaban cerrando el acceso a la gente joven. Todo el mundo sabía que Lunes de Revolución, el suplemento cultural del periódico Revolución, órgano del gobierno, era un círculo cerrado, controlado por Guillermo Cabrera Infante, el director de ese suplemento. Cuando Isel Rivero y yo publicamos nuestros primeros libros en 1960, La marcha de los hurones El grito, Virgilio Piñera fue el único que hizo una reseña y la publicó en Lunes. Pero eso fue casi un milagro, porque en Lunesno se reflejaban las actividades de nadie que no perteneciera al círculo de Guillermo, no se comentaban libros de escritores jóvenes.

IR. Lo que queríamos era remover un poco las aguas. Yo había escrito dos cartas a Lunes, criticándoles esa actitud y reprochándoles que se hubieran cerrado a los jóvenes. Si la revolución era tan abierta como se decía, un fenómeno que se suponía que abría puertas y creaba nuevas posibilidades, ¿cómo esa gente se había auto-otorgado la prerrogativa de ser los únicos que publicaban? José Mario y yo nos entendimos perfectamente al conocernos, porque ambos estábamos furiosos por lo que estaba pasando.

La respuesta de los editores de Lunes (presuntamente Cabrera Infante) a una de las cartas de Isel visibiliza, sin embargo, otro aspecto que puede haber tenido un peso sustancial en la exclusión; esto es, la cosmovisión machista y sexista de algunos de sus editores.

Responden estos a la carta de Rivero:

Isel, ¿Cómo una muchacha tan bella puede ser tan injusta? ¿O no debo hacer esta pregunta? “Lunes de Revolución”, para su bien o para su mal, tiene intención de publicar… todo lo publicable. Y esto (la consideración de si un material es publicable o no) es un derecho que todas las publicaciones del mundo se reservan.[14]

Proceden después a llamarle histérica, y calificar su carta de agresiva y snob. En el número del 9 de noviembre, se refieren a Rivero como “a una muchacha con sensibilidad y talento”; como una “criatura encantadora que en todo momento no ha hecho otra cosa que ser simpática, dulce”.

La proyección sexista y heteropatriarcal de los editores del magazín sería acaso, además del mencionado elitismo y de las pugnas generacionales, razones de peso en la borradura de sujetos incómodos que reclamaban su lugar dentro de la publicación.

Ana Justina
Ana Justina

Entre “dandys y novietas”

Vale la pena detenernos en un momento posterior que establece continuidad con este patrón de canon exclusivista. En la “Encuesta generacional” se le pregunta a una serie de intelectuales cómo definían a los escritores de su generación. A esto responde Jesús Díaz:

Su primera manifestación de grupo fue la editorial El Puente, empollada por la fracción más disoluta y negativa de la generación actuante […]. Fue un fenómeno erróneo política y estéticamente”.[15]

Ana María Simo, codirectora de la editorial, refutó las acusaciones de Díaz señalando que los de El Puente colaboraron en la elaboración de los estatutos de la Brigada Hermanos Saíz, con la formación de un grupo de teatro callejero que llevara las obras a los barrios, y que publicaban poemas de corte revolucionario, junto a otros de tono más existencial.[16] El cariz homófobo del comentario de Díaz se haría más evidente aun en la contrarrespuesta a la autora, cuando expresara este: “durante la Crisis de Octubre no pude entregarme al peligro de una profunda reflexión generacional: estaba dirigiendo una batería de cañones antiaéreos”.[17] Ya desde el presente, llama la atención Simo sobre el sexismo de Díaz:

Me pareció entonces ridículo su comentario. A la vez, me molestó mucho el que hiciese ostentación de sus privilegios masculinos: por ser mujer, yo no podía tener acceso a una batería antiaérea ni al prestigio consiguiente. Ahora veo también que estaba dejando al margen a los “maricones” –que por definición (machista) no son guerreros.[18]

En Los hijos de Saturno. Intelectuales y Revolución en Cuba, Liliana Martínez Pérez presenta una serie de entrevistas a Jesús Díaz y demás miembros de El Caimán, donde se sugieren útiles pistas para seguir reflexionando sobre el papel de los roles de género en la conformación del campo literario posrevolucionario. Llama Martínez Pérez la atención sobre el tono de Díaz: califica de “novieta” a una de sus novias; dice que andaba con putas por las cantinas de La Habana; se refiere a sí mismo como un dandy “que iba a ver cine europeo porque en el americano no podía ver tetas”. Cuenta también de su “afición al juego, al baile, a andar con lumpen y putas”.[19] Debemos dar las gracias a Jesús Díaz por su inconmensurable honestidad ante la cual no podemos simplemente seguir de largo.

José Mario Rodríguez, Gerardo Fulleda Léon, Ana María Simo y Ana Justina
José Mario Rodríguez, Gerardo Fulleda Léon, Ana María Simo y Ana Justina

Se imponen las preguntas: ¿de qué diletantismo y “disolución” acusaba Díaz a los de El Puente. ¿Hubiera sido él capaz de reconocer a una mujer como homóloga, al frente de un proyecto intelectual? Igualmente, hubiera sido Caín, desde las páginas de su Lunes, capaz de reconocer las voces de tantas mujeres jóvenes, negras y gay muchas de ellas, que empezaban a escribir en paralelo al surgimiento del semanario del viril periódico Revolución?

Es cierto que nos encontramos en este punto pisando el terreno de lo especulativo y que estamos juzgando, con herramientas actuales, un momento lejano a nuestras miras actuales. Sin embargo, es válido comenzar a insertar otras variables dentro de la narrativa de la exclusión. Y sí, sin duda, los cierres de Lunes y de El Puente estuvieron motivados en gran medida por la imposición, desde lo ideológico-político, de una visión estéticamente reduccionista y estalinista de la cultura que cedería el paso a fenómenos tan onerosos como el Quinquenio Gris, cuyo impulso y nervio no han sido aún del todo superados.

Pero la omisión de las voces de El Puente de las páginas de Lunes y del campo literario posrevolucionario da fe también de otro tipo de borradura, deudora de una concepción elitista, sexista y heteropatriarcal de la cultura, perpetuada muchas veces por quienes –como es el caso de los actores de Lunes— fueron a su vez borrados del canon por otras razones (estético-ideológicas; etc.).

Se trata en el caso de ambas borraduras, de gestos aparentemente inconexos pero que, en lo profundo, se configuran como los tentáculos de un mismo biopoder que intentó e intenta, logró y aún logra, ahogar el disenso y el pluralismo no solo en el terreno de lo político ideoestético, sino también en el de los derechos de género. El resultado ha sido un canon heteropatriarcal, exclusivista y blanqueado. Es hora de comenzar a decolonizarlo.


Notas:

[1] “Una Posición”, Lunes de Revolución, 23 marzo, 1959.

[2] Enrique Berrios: “Un cubano en la poesía”, Lunes de Revolución, 23 marzo, 1959. Los ataques a Lezama y a Orígenes eran parte de este perfil anti-torremarfilesco de Lunes. En “La poesía en su lugar”, Heberto Padilla se referiría al grupo como “ejemplo de nuestro más pronunciado mal gusto y como prueba de nuestra ignorancia, evidencia de nuestro colonialismo literario, y de nuestra esclavitud a las antiguas formas literarias” (Padilla, Lunes de Revolución; 14 de diciembre, 1959). También es cierto que publicaron numerosos textos y colaboraciones de Lezama.

[3] “Una Posición”, Lunes de Revolución, 23 marzo, 1959. En el número del 1ro de junio del 1959, incluyen una traducción de Sergio A. Rigol del artículo “Los intelectuales de izquierda en Francia”, donde se percibe este interés en explorar los matices de la izquierda desde su distanciamiento de posiciones comunistas. El artículo dedica una sección a Sartre, donde explora la conflictiva relación del filósofo con el marxismo, el comunismo y la Unión Soviética.

[4] Reinaldo García Ramos y Ana María Simo: Novísima de poesía cubana I, Ediciones El Puente, La Habana 1962, p. 9.

[5] Expresa el sujeto lírico del poema “Enero”: “Enero, mes que siempre era triste, / entonces fue claro, / fue tibio como un soplo de luz / para el invierno mío”, pues llega con “aceras que no están prohibidas”.

[6] Véase sobre esto “Isel Rivero y el Canto de Jeremías”, de Rafael Rojas.

[7] “Cartas de Lunes”, Lunes, 19 de octubre, 1959 (énfasis del autor).

[8] Ídem.

[9] Lunes, 19 de octubre, 1959. Curiosamente, Guillermo Cabrera Infante da implícitamente la razón a González cuando expresa, años más tarde, contradiciéndose a él mismo: “Una vez impuesto cada lunes el magazín no tenía que solicitar colaboraciones, sino contener el aluvión de manuscritos que llegaba cada día. Hubo una ocasión en que sí se solicitaron colaboraciones y fue el número extraordinario” (Cabrera Infante: “Un mes lleno de lunes”, en William Luis, Lunes de Revolución. Literatura y cultura en los primeros años de la Revolución Cubana, Verbum, Madrid, 2013, p. 161.

[10] Lunes, 19 de octubre, 1959.

[11] Fue práctica común entre muchos de los escritores publicados por Ediciones El Puente omitir el apellido, en gesto iconoclasta.

[12] Hay que señalar, no obstante, que además del texto de Abascal, Lunes publicó en la edición 65 del 27 de junio de 1960, el cuento “El ladrillo”, de Ana María Simo, directora de las Ediciones, y en el número 73, del 22 de agosto de 1960, “Igual es igual a muerte”, de la misma autora, con ilustración de Antonia Eiriz, junto a “La isla”, de Ada Abdo. En edición no. 85 del 5 de diciembre de 1969, aparecía el poema “Regreso: mi calle”, de Gerardo Fulleda León, y en la 95, del 13 de febrero de 1961, su obra de teatro en un acto “La muerte diaria”. Los poemas “Estoy alegre y lucho”, “Te veré mañana”, “Un retrato con Checo P.P. Cha”, y “Un óleo con fusiles fal”, de Francisco Díaz Triana, con dibujo de A. Eiriz, aparecieron en el número 102, del 10 de abril de 1961. Está también el mencionado cuento de Jesús Abascal, de 1960.

[13] Isel [autora firma solo con su primer nombre], Lunes, 26 de octubre, 1959.

[14] Lunes; 26 de octubre, 1959.

[15] Jesús Díaz: “Encuesta Generacional”, La Gaceta de Cuba, n.o 50, 1966, p. 9

[16] Ana María Simo: “Encuesta generacional II. Respuesta a Jesús Díaz”, La Gaceta de Cuba, n.o 51, 1966, p. 4.

[17] Jesús Díaz: “Encuesta generacional III. Jesús Díaz responde a Ana María Simo. El último Puente”,

La Gaceta de Cuba, n.o 52, 1966, p. 4.

[18] Para leer entrevista completa, cfr. María Isabel Alfonso: Ediciones El Puente y los vacíos del canon literario cubano: Dinámicas culturales posrevolucionarias, Ediciones Universidad Veracruzana, Xalapa, 2016.

[19] Liliana Martínez Pérez: Los hijos de Saturno. Intelectuales y Revolución en Cuba, Porrúa Ciudad de México, 2006, p. 76.

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MARÍA ISABEL ALFONSO
María Isabel Alfonso. Licenciada en Letras por la Universidad de La Habana y doctora en lenguas romances por la Universidad de Miami. En su investigación analiza las dinámicas culturales y políticas editoriales de la década de 1960 en Cuba. Su libro Ediciones El Puente y los vacíos del canon literario cubano (Universidad de Veracruz, 2016) aborda el tema de El Puente (1961–1965), editorial que existió autónomamente durante los primeros años de la revolución. Ha investigado sobre la sociedad civil cubana, tema que aborda en su documental Rethinking Cuban Civil Society (Icarus Films, 2019). Es profesora de literatura y Chair del Departamento de Lenguas Modernas de St. Joseph’s University en New York.

6 comentarios

  1. Gracias a María Isabel Alfonso por abrirme una gaveta de recuerdos complejos, donde los textos publicados en Lunes y los libros de El Puente (hasta aquella Primera Novísima, la Segunda no llegó a salir) y quizás el tiempo transcurrido, me impiden calificativos cerrados, sin matices. Trato de recordar mi última conversación con José Mario en Madrid, en un café cercano al edificio donde trabajaba de encargado.

  2. Un saludo, José Prats Sariol. Nunca olvidare tu generosidad sl prestarme un texto de Baquero en La Habana cuando lo buscaba para mi tesis.
    Mi visión toma en cuenta el claro resentimiento que se percibe en la entrevista a José Mario e Isel que cito. Se sienten como dejados afuera; si recuerdas algo de aquello, una maravilla recogerlo. Un lindo trabajo sería corroborar con los otros, Reinaldo, Simo, Mercedes, Reinaldo…

  3. Sí, María Isabel, muy triste, sobre todo por el transtierro, como bautizó Gaos a los exiliados. Lo mejor para ti y tus seres queridos, desde Aventura.

  4. Hola Maria Isabel. Vengo en nombre de uno de los integrantes de Ediciones El puente, en donde a los 16 años publica su primer libro de cuentos titulado «Ni un sí, ni un no». Su nombre es Guillermo Cuevas Carrión; pero aparece en Google, Wikiédia, como GUY CUEVAS… Cubano radicado en París desde la edad de 18 años; escritor, (ha publicado su ultima novela titulada » Avant que la nuit ne m’emporte), compositor músico e jazz, actor de cine, comentarista de radio y mas conocido como Disc-jockey culto en Francia.
    Este señor quisiera corresponder con su amiga y compañera de Ediciones El Puente, Ana Maria Simo… y es a travez de mi que pide este favor, debido a que actualmente, aunque muy activo, es un hombre ciego.
    Gracias por su respuesta.

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