¿No es la devoción por los héroes una forma de culto a la violencia? ¿Acaso no es cierto que la retórica del heroísmo militar sirve para tratar de dotar al horror de un significado sublime?
No recuerdo ningún pasaje de las memorias de Vitier –o de otro ensayo cubano– donde se mencionen los detalles de su viaje frustrado a Estados Unidos en 1961.
La escritora rusa Guzel Yájina comparte estas notas con su reacción a la guerra desatada por Rusia en Ucrania: “Esta guerra no es mi guerra. Y renuncio a llamarla mía.”
Si alguien me pidiera que clasificara a Leila Guerriero diría que es una antropóloga que se dedica a cazar y estudiar mariposas nocturnas. Una antropóloga tuerta.
¿Cómo resolver esa pérdida de un lirismo al que nos acostumbramos? ¿Cómo crear lectores para los que un lenguaje cargado de simbolismos y resonancia del ego sea posible aún?
Enrico Mario Santí ha hecho de la crítica literaria una opción ética. Incluso si ello lo lleva a ir en dirección contraria de muchos de sus colegas y de las modas.
Raúl Rivero cayó preso en La Habana y nunca más volvió a vivir en libertad. La celda de castigo en la que Fidel Castro lo encerró tras la primavera de 2003 lo acompañó para siempre.