Como intérprete rector de la obra y la trayectoria de Lezama, Vitier buscó consolidar una exégesis que consagrara tal obra como augurio y constatación del éxito redentor de la Revolución cubana.
Vitier y García Vega son evangelistas en el mosaico bizantino en el que Lezama es un Cristo/Pelele pantocrátor en el templo/ruina de la nación/diáspora cubana.
La poesía es un misterio, un misterio que tiene que ver con los ojos y el corazón de la vida, con los oídos y la mente de la vida, y sobre todo con la voz.