Exposición 'Adios España', Levi Orta, galería El Apartamento, Madrid
Exposición 'Adios España', Levi Orta, galería El Apartamento, Madrid (FOTO Daniel Álvarez)

Las manos revolotean mientras el cronómetro avanza. Los segundos son eternos, no acompasan la velocidad de los dedos que mueven cada uno de los colores del cubo de Rubik. Es un acto de prestidigitación, es un acto protesta. Es un récord nacional.

Se repite el bucle incesante en la pantalla catódica del televisor, en el centro de la galería El Apartamento, en su sede madrileña. Levi Orta no mira hacia adelante, no tiene tiempo de hacerlo si quiere ser el mejor en su nueva profesión. A nivel nacional, porque para el resto del mundo sigue siendo artista.

Al otro extremo de la sala, está enmarcada la carta de renuncia como artista independiente y miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) a raíz de la instauración del Decreto 349 y la represión a los artistas el 27 de enero del 2021. En otra pared, se sintetiza la relación Ministerio de Cultura-Movimiento 27N. En el centro, una colección de cubos de Rubik se apila dentro de un cristal, como los zapaticos de rosa.

Adiós España, la última exposición de Orta en territorio peninsular, es un ejercicio de introspección en tres actos. Cada uno ocupa su habitación correspondiente en el salón principal de la galería.

Primer acto: ingenuidad.

Hay quien decide caminar por el pueblo mientras mira al cielo. No quiere ver las casas, aunque constantemente se reviente la frente con las ventanas abiertas. Hay quien decide ir por el mundo como abanderado de la apolítica. Intentan escapar, pero siempre son alcanzados por ella. Creen que se demarcan de su lugar y su tiempo, no se dan cuenta que siguen el mismo camino de todos, a paso de conga hacia la guillotina.

Orta hace recapitulación de su intrahistoria familiar y utiliza como eje aglutinador el hogar de sus padres. Conversa con su memoria y sus privilegios y cuestiona subrepticiamente su lugar en la historia nacional cubana. La venda patriótica aferrada a los ojos mientras crecía, la cercanía con la familia Castro, con los ideales escritos a fuego de la revolución. Todo circunscrito al ascenso y caída de la casa Orta y un millón de pesos que ya sólo tienen valor numismático y una practicidad exquisita para convertirse en confeti.

La acotación del paso del Che por el Banco Nacional de Cuba es un camino subterráneo que transita por los cimientos de la casa. Establece un paralelismo entre el poder económico y el político. El dinero es de quien ostenta el poder, uno sirve para salvar o destruir al otro. Al final, es frágil el beneficio cuando se cae en desgracia. El halo protector del régimen se difumina y nadie puede salvarte. Levi vivió la historia desde adentro y se arriesga ahora a contarla.

Exposición 'Adios España', Levi Orta, galería El Apartamento, Madrid (FOTO Daniel Álvarez)
Exposición ‘Adios España’, Levi Orta, galería El Apartamento, Madrid (FOTO Daniel Álvarez)

Más allá de la interrogante sobre el sentido del arte bajo los regímenes totalitarios, democráticos o cualquier otro estatuto político, Levi Orta expande su hacer artístico a partir del cuestionamiento a sí mismo. Expone el resultado de su vida. Un análisis reflexivo que lo lleva a pronunciarse sobre sí. El autorretrato, las reliquias personales y familiares son epítome gravitacional de sus últimas piezas.

Segundo acto: conciencia.

La renuncia, plasmada como acto físico en la carta, es la conclusión a mucho tiempo de introspección. El distanciamiento es explícito y la hora precisa para comunicarlo a todos los interesados. Jugar a las escondidas ya no tiene sentido, tampoco hablar bajito para que los demás no escuchen. No obstante, aún queda otro subterfugio para salvar los restos del incendio.

La historia del artista que deviene deportista ya tiene varios capítulos en el arte cubano (el juego de pelota en los ochenta, el de fútbol tras el 349). En todos los casos, se emula el refugio en la actividad física cuando la mordaza trata de apretar la boca. Esta vez, Levi Orta se decanta por el cubo de Rubik. Su deporte le permite mantener la mente activa mientras la agilidad de sus dedos parece hacer el trabajo sucio. La mente no descansa y construye al mismo tiempo un engranaje que permite contextualizar los acontecimientos político-culturales que le competen.

Exposición 'Adios España', Levi Orta, galería El Apartamento, Madrid (FOTO Daniel Álvarez)
Exposición ‘Adios España’, Levi Orta, galería El Apartamento, Madrid (FOTO Daniel Álvarez)

Cada desplazamiento de los colores en el cubo es un movimiento telúrico en el entramado político cultural de aquel 2021 referenciado en los collages que cuelgan de la pared. Mientras la tonalidad cae en su lugar correspondiente, la realidad se desencaja. Es un error a sumar, una grieta que termina por romper el orden en lugar de matizar perfectamente el área del cubo. El giro de los dedos alarga la distancia entre Orta y la Revolución, entre él y el poder omnímodo.

Tercer acto: Poder.

La mandíbula de burro cayó ensangrentada a la diestra de su cuerpo. Caín no pudo retenerla en su mano, los dedos no soportaron el agarre. No concebía que usara algo tan frágil para matar a su hermano. Nadie vio el arma homicida. Sólo Dios, que ya callaba.

Para cazar inventó el arco y la flecha, luego las armas de uso diario sirvieron para aniquilar a sus semejantes. Inventó la pólvora y más tarde las armas de fuego. Ya no había intención de matar presas, sino de convertir al hombre en una de ellas. Concibió el revólver y con esto llevaba la muerte atada a la cintura. La pistola a su vez es un símbolo fálico. Se porta para denostar la fuerza, la que se desea y no se posee.

Exposición 'Adios España', Levi Orta, galería El Apartamento, Madrid (FOTO Daniel Álvarez)
Exposición ‘Adios España’, Levi Orta, galería El Apartamento, Madrid (FOTO Daniel Álvarez)

Por envidia, por miedo o por rencor, la bestia humana intenta eliminar a sus semejantes. Se escuda en justificaciones morales para llevar adelante el acto, para subvertir el orden natural de la vida. Imparte el designio mortuorio como quien corta el pan en las mañanas. Levi Orta lo sabe. Bajo la violencia late siempre el poder.

Este tercer acto ya había sido presentado en Espacio de Todo, nave del colectivo Todo por la Praxis (¡IDIY y PIPA!), ubicada en el barrio de Vallecas, Madrid, el 3 de noviembre como resultado de procesos investigativos junto a las obras del artista Nicolás Cox. El eje temático para conjugar ambas propuestas fue la violencia, sugerido y llevado a cabo bajo el proyecto Otros Sures.

Un autorretrato de Orta está empotrado a la altura de los ojos. La mirada es una mezcla entre fascinación y terror mientras sostiene entre las manos una de sus armas. La pistola no es sólo un entretenimiento de niños y mayores, es también sentir el peso del poder en tus manos, sentir que puedes tomar las riendas de tu vida. Más bien, creer que portar un arma te da la seguridad suficiente para oponerte a cualquier capricho ajeno. Tienes el juguete preciso para coartar vidas. Las ajenas. La propia.

Jorge Enrique Mendoza Reboredo fue un camagüeyano que obtuvo el grado de capitán en la Sierra Maestra y uno de los fundadores de Radio Rebelde. Fue él quien dio el chivatazo sobre Huber Matos y la persona designada para, junto a la policía, evitar la conjura en contra de la entonces naciente Revolución.

Seis meses antes de su muerte intentó suicidarse, con dos disparos, cuando entendió que ya no le era útil a Fidel ni a la Revolución.

Mendoza Reboredo es el abuelo de Levi Orta. El arma con que aquel se disparó fue su primer juguete. El artefacto se vuelve entonces una reliquia del terror. Un recordatorio sobre el hombre y su poder. Sobre atentar contra otros o contra uno mismo. Es la muerte encarnada en el metal. Es el símbolo prominente de la violencia.

Las piezas que expone establecen un circuito cerrado. Las réplicas de las armas personales de figuras culturales, líderes, dictadores y personajes ficticios sobre una larga mesa. Ahí están la de Fidel, el Che, Camilo, Terminator, Stalin, Hitler y Clint Eastwood.

En una esquina de la sala, la proyección constante de la cintura de líderes. Minúscula, para restarle importancia.

Exposición 'Adios España', Levi Orta, galería El Apartamento, Madrid (FOTO Daniel Álvarez)
Exposición ‘Adios España’, Levi Orta, galería El Apartamento, Madrid (FOTO Daniel Álvarez)

La video concatena la historia mundial con la personal. En tres pequeñas pantallas se muestra, de izquierda a derecha, el reportaje televisivo de Alejandro García Gutiérrez para Canal Caribe. Al centro, la breve historia del abuelo y los disparos. A la derecha, un hombre –su padre– muestra, limpia y guarda una pistola. El gesto artístico adquiere entonces una ritualidad personal. Regresa a su casa, a su familia. A sí mismo, a Cuba. No es un hilo rojo místico sino una delgada línea de gotas de sangre lo que interconecta los espacios de la exposición. La misma que corre por las venas del padre, del abuelo y del hijo. Aquellos a quienes entregaron la casa y la crisis les obligó a venderla. Aquellos que se fueron.

Por último, cuelga en otra pared una pintura de la mandíbula de burro, el primer arma del hombre.

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