El Trono del Rey está protagonizado por hombres negros cubanos, frutos culturales de arduos y telúricos procesos históricos, que viven al borde de una sociedad marcada por imaginarios racistas, además de sexistas, tan persistentes unos como otros. La masculinidad negra cubana deviene campo problémico a través del cual transcurrirá el relato de esta película.

La pregunta que titula el libro ¿Es fácil ser hombre y difícil ser negro? Masculinidad y estereotipos raciales en Cuba (1898-1912), del historiador cubano Maikel Colón Pichardo, emanará más de una vez, provocando posiblemente más dudas que certezas; engendrando más preguntas, cada vez más complejas, profundas y angostas, como son las diversas bifurcaciones derivadas de los estudios de masculinidad.

Deconstruir las masculinidades es un riesgo y un gesto emancipatorio del propio hombre respecto al pesado rol axial que el patriarcado le ha endilgado a través de los siglos y milenios, y contribuye a reconfigurar de poco la cartografía política y cultural de la contemporaneidad.

Ser hombre y negro coloca a los sujetos en una zona de tensiones entre polaridades que pueden considerarse excluyentes en una sociedad heteropatriarcal, que por encima de todo es caucásica: dominador por el género y subordinado por la piel. Se trata de un sujeto donde colisionan mundos.

Con Maikel Colón Pichardo conversé acerca de la masculinidad negra cubana, acerca de ser negro y ser hombre en Cuba, acerca de las implicaciones, consecuencias y resonancias de esta condición.

En tu criterio, cuáles elementos sociopolíticos y culturales singularizan a las masculinidades negras en Cuba respecto a las masculinidades negras del Caribe, América Latina y del resto del mundo.

Existen varios elementos. Tengamos presente que tanto la cultura machista como la cultura del racismo, que permean varias de las estructuras dentro de las denominadas masculinidades negras están latentes en todos estos contextos que mencionas. En ese sentido, considero que tres de los elementos mas significativos se encuentran, en primer lugar, en los modelos de representación dentro de los cuales son simbolizadas. Existen una serie de características de índole racial que configuran el modo en que son percibidos los hombres negros –me remito a especificar hombres negros, porque es el tema que tratamos, entendiendo que hay una comunidad negra mucho más amplia–. La ambivalencia de estas se denota a través de los más diversos y polémicos estereotipos racistas, de los que hablaremos más adelante. En esta línea, considero que el segundo elemento de peso recaería en la transmisión constante de valores de la cultura racista, tan fuertemente arraigada, que de manera inverosímil continúan condicionando los procesos dentro de los cuales se construyen las masculinidades social y culturalmente.

La pervivencia de nociones que son indicativas de lo que implica ser un hombre negro, todavía son asumidas por la sociedad contemporánea de manera muy trivial, y en cierto modo, escandaliza el hecho de que la ruptura con ese tipo de paradigma se avizora cada vez más lejos.

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El tercer elemento está relacionado con el primero que mencionamos, pero desde el punto de vista de la autorrepresentación. La manera tan frívola en que tanto hombres negros como mulatos –tengamos presente que este término está sujeto a varias denominaciones, depende del contexto– han asumido algunas características raciales como sello identitario de su masculinidad, también ha contribuido a naturalizar esas singularidades. Este último aspecto obviamente que tiene mucha más complejidad. Sin embargo, considero que de un modo paradigmático muy pocas veces se tiene presente a la hora de abordar el tema de las masculinidades negras.

¿Pudiera hablarse de la persistencia en Cuba de asociaciones reflejas condicionadas entre hombre negro y marginalidad, entre hombre negro y delincuencia, entre hombre negro y violencia?

Rotundamente. La cultura racista dentro de la sociedad cubana continua bastante arraigada, y es precisamente sobre la base de ella que se han configurado estos aspectos que mencionas. Hay múltiples ejemplos a lo largo de nuestra historia que dan fe de ello, sin embargo, pongamos el foco en las situaciones cotidianas de estas representaciones. En primer lugar, hay un hecho que se repite continuamente cuando en determinadas zonas la policía les pide la identificación a hombres negros. Esto sucede con bastante frecuencia, y aunque no contamos con estudios que hayan abordado este fenómeno para determinar cifras cuantitativas, es un hecho que continúa generando muchas suspicacias, fundamentalmente porque mantiene latente las asociaciones a las que hacías referencia en la pregunta.

Otro de los tópicos comunes, no menos polémico, tiene que ver con la aceptación por parte de una familia, considerada blanca –tengamos presente que el tema de las tonalidades raciales en la sociedad cubana es más complejo de lo que imaginamos– en el momento en que uno de sus miembros presenta como pareja a un hombre negro. Existen historias alrededor de este ejemplo, que ponen de manifiesto no solo los remanentes de la cultura racista dentro de la sociedad cubana, sino la perpetuación de modelos estigmatizantes que transverzalizan los ejes marginalidad, delincuencia y violencia en características propiamente raciales.

Obviamente que alrededor de esta imagen hay excepciones. Consideremos que el componente de clase y estatus social de un hombre negro también tiene connotaciones a la hora de establecer estas barreras. Pero la generalización es un arma de doble filo, y en la mayoría de los casos, ese eje transversal juega un rol fundamental a la hora de reproducir estas categorizaciones. De hecho, soportes culturales como la literatura, la música y los medios audiovisuales continuamente los reproducen, como una seña de identidad dentro de la cotidianidad cubana. En ese sentido, desde la perspectiva de los estudios de las masculinidades negras, estos son aspectos en los que se han profundizado bastante, entendiendo que, a modo de representación de la masculinidad, estos elementos establecen perfiles condicionados en torno a percepciones raciales distorsionadas.

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¿Cuáles serían las resonancias de las épocas coloniales esclavistas en la construcción de la masculinidad negra en la sociedad cubana contemporánea y en la percepción que de esta se tiene desde otros territorios sociales no afrodescendientes?

La resonancia es absoluta, de modos y maneras que todavía, en más de una ocasión sorprenden. Después de tantos años, tantos cambios y tantas transformaciones los tentáculos del colonialismo en ocasiones parecen más intactos que nunca. En mi libro: ¿Es fácil ser hombre y difícil ser negro? Masculinidad y estereotipos raciales en Cuba (1898-1912), precisamente tenía la intención de poner sobre la mesa, cómo los paradigmas racistas de la esclavitud permearon de manera tangencial el proceso de construcción de las masculinidades, generando un cerco estrecho, dentro de los diferentes modelos de masculinidad.

En ese sentido, el componente racial jugó un rol esencial a la hora de establecer, en el orden simbólico, la manera de percibir a los hombres negros como no hombres, que en el caso cubano habían pasado de la condición de esclavitud que se abolió en 1886, a convertirse, con la fundación de la primera República cubana en 1902, en ciudadanos de pleno derecho con la aprobación sin paliativo del sufragio universal masculino. Tengamos en cuenta que este elemento va acompañado de los patrones patriarcales que moldean la construcción social y cultural de la masculinidad. Y desde esa óptica, se avizoraba un cambio de paradigma respecto a las relaciones raciales. Sin embargo, el sesgo racista que promovió tan cruentamente las estructuras del sistema esclavista se mantuvo latente dando origen a nuevas representaciones racistas que intervinieron de manera negativa en la conformación de las masculinidades.

De ahí que ser hombre negro en Cuba hoy es un proceso que se vive a través de la interconexión de fenómenos de raza y masculinidades socialmente cimentadas sobre nociones de subalternidad que marcan aspectos ideológicos, narrativas e imposiciones en torno al color de la piel, que contribuyen a la formación del negro masculino como categoría construida por el otro. Este elemento se relaciona con el segundo enunciado de la pregunta. Y desde esa óptica vivimos en una sociedad que continúa estableciendo las reglas que delimitan a la masculinidad negra.

Ahora bien, esta delimitación tiene muchas trampas, porque si bien son puestas en contraste con los repertorios de la masculinidad hegemónica en Cuba, que sigue siendo blanca y heterosexual, existen valores que forman parte de esa delimitación, estereotipada y sesgada, que los hombres negros asumen con total naturalidad. La fantasía de la virilidad negra es el ejemplo más claro, pero sobre ello hablaremos más adelante.

¿Qué roles han cumplido y cumplen las religiones, cultos y fraternidades afrocubanas en la construcción de la masculinidad negra cubana?

En esta pregunta no me extenderé mucho. Es un fenómeno al cual no le he dedicado muchas horas de lectura. Sin embargo, he de reconocer que el aporte tanto de religiones, cultos y fraternidades a la construcción de las masculinidades negras ha sido bastante conservador.

Partamos de la base de que estos promulgan unos valores estrictamente patriarcales y heteronormativos. Y aunque hay algunos que se presentan como positivos: buen padre, buen hijo, el respeto, el sesgo machista que se profesa tanto al interior como al exterior de estas contribuye a que los distintos roles que promueven estén enquistados en el conservadurismo, y eso es contradictorio con el entendimiento pleno de que forman parte de una comunidad de géneros diversos, orientaciones sexuales diversas, edades, olores y colores.

¿Es el machismo un componente definitorio en la construcción de la masculinidad negra cubana contemporánea? ¿Se debate el hombre negro cubano entre el “derecho natural” prevaleciente que le concede el patriarcado a su género, y el rol subalterno racista que le impone una sociedad anclada en los paradigmas culturales blancos y eurocéntricos?

El machismo de por sí es definitorio de la masculinidad, no solo de las masculinidades negras. Fundamentalmente desde las nociones tradicionales. Ahora bien, ciertamente, los paradigmas blancos y eurocéntricos han lacerado las imágenes de la masculinidad negra, estableciendo desde ese eje unas relaciones de poder que han creado un efecto impositivo en la mayoría de las representaciones masculinas de los hombres negros.

Ahora bien, considero que son apenas unos pocos hombres negros los que tienen un debate interno consigo mismo. La mayoría continúa bajo las normas del comportamiento machista y la performance de su supuesta virilidad. De ese modo, es mucho más difícil romper el lazo que establece la dinámica entre las masculinidades negras y el patriarcado racista. Esto a nivel simbólico plantea la disyuntiva de reconocer en determinadas situaciones al hombre negro como no hombre, siempre que se le adjudica roles subalternos. Pero, aun así, en determinados espacios y situaciones mantienen sus privilegios de género que los autoriza a llevar adelante reglas y mandatos de la masculinidad.

¿Pudiera hablarse del cuerpo del hombre negro cubano como objeto de deseo y a la vez como tabú en el imaginario sexual y sensual de la Isla? ¿El negro como potencia fálica superior, a la vez que “fruto prohibido”?

Ser hombre negro siempre abre la posibilidad a la fantasía de la virilidad negra. Esta fantasía ha sido inherente al proyecto racista que nos impuso el colonialismo y la esclavitud. En ese escenario los hombres negros han quedado atrapados dentro de una construcción social y sexual en la que por un lado se sienten “más hombres”, pero que en realidad representa conceptos desvirtuados de la sexualidad y el erotismo.

Aun así, hay orgullo y virilidad sobre esta particular expectativa que gira en torno al hombre negro. Pongamos un ejemplo. Hace muy poco tiempo un joven rapero cubano hizo viral un video que celebraba la identidad negra, y aunque no es la primera vez que se hacía –en la historia del rap en Cuba hay muchas canciones de reivindicación racial– en los tiempos en los que las redes sociales hacen circular los contenidos de manera muy rápida y dinámica, esta canción tuvo un recorrido importante.

La canción en cuestión, “Soy negro”, de Robe L. Ninho, tiene una estrofa muy peculiar que fue modificada. En el video clip, que tuvo mucho éxito, el tema comienza diciendo: “Tengo una piel oscura y fuerte, resistente al sol. Pelo rizo, kinky, cuatro c, protector del calor. Mis labios sin silicona con tu anhelado grosor y del tamaño del Titanic es mi intelecto en su interior”. Todo un alegato reivindicativo como ya habíamos advertido. Sin embargo, en una primera versión de la canción, que también circuló en las redes se podía escuchar en la última estrofa que: “del tamaño del Titanic es mi miembro reproductor”. Con lo cual, aquí percibimos que la aducción a la supuesta sobredimensión del pene del hombre negro puede ser utilizada en una canción que pretende contribuir a la deconstrucción de otros muchos mitos racistas.

Este ejemplo es apenas uno entre muchos que nos hacen continuar profundizando sobre las masculinidades negras. Lograr una ruptura con estos modelos que recaen de manera constante en la cosificación es todavía un reto. Es importante que logremos generar nuevos paradigmas en los que se consiga posicionar la idea de que los hombres negros poseen las mismas características, habilidades físicas e intelectuales, y capacidad para amar y querer que cualquier otro hombre.

Cómo pudieran caracterizarse, definirse, analizarse, las relaciones entre masculinidad negra y homosexualidad en Cuba.

Para responderte a esta pregunta también parafrasearé la estrofa de una canción del reguetonero Chocolate MC. Uno de sus tantos polémicos temas decía de manera muy clara: “soy negro, soy feo, pero soy tu asesino. No es la cara ni el cuerpo: es mi Palón Divino”. Esta metáfora, por decirle de alguna manera, es la consecuencia de la heteronormatividad con la que se han erigido las masculinidades negras en Cuba, consecuencia obviamente del contexto homofóbico que caracteriza a nuestra sociedad.

Por otro lado, la frase dilapidante: “Negro y maricón, ya es el colmo” deja entrever el tipo de estratificaciones que suele organizar la relación entre el racismo y la homosexualidad. Ahora bien, en medio de estos dos escenarios la interpelación de la heteronormatividad no resulta negociable dentro de los valores universales de la condición masculina, desde donde también se construye la masculinidad en el ámbito social de los hombres negros.

En esta lógica la fundamentación del privilegio heterosexual que también moldea y le da forma a la masculinidad negra, aunque se establece a partir de criterios distorsionados entre la identidad sexual y racial, forma parte de la relación masculinidad y homosexualidad que continúa siendo un problema social que va más allá. Así que no tiene sentido hacer una caracterización y definición si tenemos en cuenta la cara homofóbica de la sociedad cubana en su conjunto. Este fenómeno se está viendo latente con el debate que hay en torno al nuevo código de las familias. Desde esta óptica, la relación a la que aludes en la pregunta no tiene nada de particular. En líneas generales responde al patrón heteronormativo de las masculinidades a las que hay que educar por igual desde el respeto y el conocimiento.

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Antonio Enrique González Rojas (Cienfuegos, 1981). Periodista y crítico de arte. Textos especializados suyos aparecen en publicaciones como La Gaceta de Cuba, Cine cubano: La pupila insomne, El Caimán Barbudo, Hypermedia Magazine, Altercine (IPS Cuba), Cine Cubano, Esquife, Noticias de Arte Cubano, Bisiesto (Muestra Joven ICAIC), Enfoco (EICTV), la revista del Festival de Cine de La Habana, y otras. Ha sido guionista de varios programas televisivos especializados en audiovisual como Lente Joven, Banda Sonora e íconos del celuloide. Ha integrado jurados de la prensa en eventos como el Festival de Cine de La Habana. Ha publicado libros de ficción y crítica de cine, entre los que se encuentran: Voces en la niebla. Un lustro de cine joven cubano (2010-2015) (Ediciones Claustrofobias, 2016) y Tras el telón de celuloide. Acercamientos al cine cubano (Editorial Primigenios, 2019). Un tercer volumen titulado “Críticas, mentiras y cintas de video” está en proceso de edición.

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