Son curiosos los psicópatas, vampiros y asesinos de Poppy Z. Brite. Como si sus actos y dichos, en extremo aberrantes, no estuvieran simbolizando nada y fueran así como son.
Imre Kertész es por encima de todo un artista verbal de primer orden, un escritor tan lejos del sentimentalismo desenfrenado como de la ampulosa retórica.
En Puerto Rico, la condición de la lengua cotidiana, del sentido común y de la alharaca mediática son parte de una reacción generalizada y una negación del vacío.
De todas las enrevesadas y extrañas mitologías de las que Borges se ocupó, la así llamada religión gnóstica fue, acaso, su pasión más intensa y duradera.
En los diarios de Ribeyro y en las memorias de García Vega tiene lugar ese desmoronamiento y hermosa paradoja estética: la apuesta por una escritura de riesgo.