En Puerto Rico, la condición de la lengua cotidiana, del sentido común y de la alharaca mediática son parte de una reacción generalizada y una negación del vacío.
De todas las enrevesadas y extrañas mitologías de las que Borges se ocupó, la así llamada religión gnóstica fue, acaso, su pasión más intensa y duradera.
En los diarios de Ribeyro y en las memorias de García Vega tiene lugar ese desmoronamiento y hermosa paradoja estética: la apuesta por una escritura de riesgo.