¿Qué relación tienen el poema fundacional de la literatura cubana, una playa y el chivo expiatorio de una trama de narcotráfico en que se ve envuelto Fidel Castro?
La Habana nocturna torna a contradecir las consignas martirológicas y los caminos de redención, tan diurnos como vacíos. El placer está primero, igual que el yo que lo pone a su disposición.
Todas las lenguas son prestadas, nunca fueron propias, solo el sonido de la voz, quizás, sea lo único de uno. Reivindiquemos el potencial liberador de la traducción.
Podría afirmarse, sin temor a exagerar, que Armando Lucas Correa es la superestrella de la literatura cubana actual. Entonces, ¿por qué sabemos tan poco de él?
Las verdaderas “novelas de la Revolución cubana” pueden buscarse dentro de la obra de Carlos Victoria o José Abreu Felippe, integrantes de la generación del Mariel.
La narrativa global de ‘El fin del juego’, de Xavier Carbonell, es absorbente. Este no es un libro menor: se va a incorporar a lo que llamaríamos el canon cubano.