El 11J nos habla de la posibilidad permanente de la emergencia de lo que parece imposible, y de la relevancia de la construcción de lazos que permitan cruzar las divisiones impuestas.
El éxtasis de la comunicación nos arrolla a todas y todos. Nos convierte a la mayoría en procesadores de palabras (e imágenes), clientes fieles de un monopolio o sujetos de una especie de totalitarismo.
La élite cubana, esa casta de militares y sus descendientes, tiene suficiente cinismo para pregonar la resistencia para el pueblo “aguerrido y heroico” y actuar como cualquier empresario enfocado exclusivamente en las ganancias.
La autocrítica y la autoinculpación son géneros dramatúrgicos del poder totalitario, y corresponde a quienes hemos vivido bajo el régimen disciplinario que los demanda, desmontarlos.
La puesta en escena parece tocar fondo cada vez que funcionarios públicos que encarnan la alienación constitutiva de la clase política enarbolan discursos de esperanza.
No pocos espectadores de 'Argentina, 1985' podrían sentir en ese relato inspirado en sucesos de la Historia una suerte de comentario anticipado de una Cuba del futuro.
El Observatorio contra la Polarización y el Extremismo Político de ‘La Joven Cuba’ suele repetir los tropos funcionales al poder en Cuba, aunque no los enuncie directamente.
Como en la película de Angelopoulos, la música gloriosa que escuchamos ha de ser probablemente solo una escena obligatoria en esta tragedia que vivimos.