Rescatan del olvido en España a Alfonso Hernández-Catá con el volumen ‘El alma de los muertos’

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Alfonso Hernández-Catá / Caricatura de Hernández-Catá, 1922; Manuel Tovar Siles
Alfonso Hernández-Catá / Caricatura de Hernández-Catá, 1922; Manuel Tovar Siles

Tras muchas décadas de olvido más o menos pertinaz a un lado y otro del Atlántico, una porción relevante de la obra del hispano-cubano Alfonso Hernández-Catá (Salamanca, 1885-Rio de Janeiro, 1940) ha vuelto a la luz en España con la publicación del volumen El alma de los muertos. Cuentos, bestiario, haikus, semblanzas, editado por la Fundación Banco Santander.

El libro, incluido en la colección Cuadernos de Obra Fundamental, compendia relatos “de misterio y ensoñación”, breves perfiles de sus contemporáneos y ráfagas poéticas de Hernández-Catá, descrito por el historiador Juan Pérez de Ayala como “el más cubano de los escritores españoles, (…) y al mismo tiempo también es el más español de los escritores cubanos. Sentía Cuba y vivía en España”.

Como parte del proyecto, varias narraciones y otras piezas de El alma de los muertos han sido llevadas también a formato de podcast: “Cuento de lobos”, “El crimen de Julián Ensor”, “La hermana”, “A muerte”, “Marte, el bestiario “Egolatría” (La casa de las fieras, 1922), y cinco haikus.

Justamente, el título de este volumen aparecido en España fue tomado de una de esas pequeñas japonerías de Hernández-Catá, quien también ejerció como periodista y diplomático, y ahora es presentado a los lectores por la Fundación Banco Santander como “uno de los grandes humanistas iberoamericanos olvidados del siglo XX”.

“Un narrador versátil que triunfó con historias breves de componentes misteriosos y psicológicos”, se lee en la nota de presentación del libro, donde el autor “demuestra su dominio narrativo en temas tan evocativos como la muerte o la guerra, además de descubrirnos facetas de personajes como Valle-Inclán, Oscar Wilde o María Zambrano”.

Asimismo, la editorial destaca el hecho de que la poeta chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura, dedicara a “su amigo” Hernández-Catá –muerto como consecuencia de un accidente aéreo mientras fungía como embajador de Cuba en Brasil– “una despedida inédita que da colofón al volumen”.

En su reseña, El Cultural de España cita las palabras de otro amigo del escritor hispano-cubano, el célebre Stefan Zweig, quien dijo tras conocer su fallecimiento: “Para sentirse dichoso había de sentir dichosos a cuantos le rodeaban. No podía vivir si no era en medio de la gran cordialidad humana, y dondequiera que se hallase, creaba en rededor suyo una atmósfera limpia y bienhechora”.

A la vuelta de ochenta años, Pérez de Ayala, editor y prologuista del libro, define a Hernández-Catá como “un maestro del cuento, con una prosa que, como bien dijo Balseiro, contiene «una armonía sinfónica como de voz de mar»”.

En efecto, todavía es posible que en la isla algunos programas universitarios de Literatura Cubana distingan la figura de Hernández-Catá en tanto precursor –junto a otros como Jesús Castellanos– del auge experimentado por la cuentística nacional durante el siglo XX.

El Diccionario de la Litertura Cubana señala que Hernández Catá escribió en Cuba para medios de prensa como El Diario de la Marina, La Discusión, Gráfico, El Fígaro Social; que fue autor de la zarzuela Martierra, y que, en colaboración con Alberto Insúa, firmó las obras teatrales En familia, El amor tardío El bandido. Su literatura, indica la fuente, ha sido traducida al francés, al inglés, al alemán, al ruso, al holandés, al portugués, al italiano y al lituano.

Entre sus libros de relatos se encuentran Cuentos pasionales (1907), Los siete pecados (1918), Los frutos ácidos (1919), Zoología pintoresca (1919), La casa de las fieras (1919), Libro de amor (1924), Piedras preciosas (1927), Manicomio (1931), Cuatro libras de felicidad (1933) y Un cementerio en las Antillas (1933).

Su producción incluye además las piezas de teatro La mujer desnuda, El drama de la señorita Occidente, La casa deshecha y La última flecha, así como más de una docena de novelas: La juventud de Aurelio Zaldívar (1912), El placer de sufrir (1921), El nieto de Hamlet (1921), Una mala mujer (1922), El corazón (1923), El bebedor de lágrimas (1927), El ángel de Sodoma (1928), La voluntad de Dios (1930), etc.

Hernández-Catá, hijo de padre español y madre cubana, nació el 24 de junio de 1885 en Aldeadávila de la Ribera, Salamanca, pero a los pocos meses la familia regresó a Santiago de Cuba, donde creció hasta que fue enviado en su adolescencia a un colegio en España.

Aún en su primera juventud retornaría a Cuba, donde en 1907 adquirió oficialmente la nacionalidad, lo que le permitiría emprender poco después una carrera diplomática que lo llevó una vez más de vuelta a Madrid (ya como cónsul de primera clase) y a otros destinos europeos.

Se desempeñó a fines de los años treinta como embajador cubano en Chile y, finalmente, en Brasil, donde perdió la vida el 8 de noviembre de 1940.

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