Responder al poemario Ánima de José Kozer

Desde que comencé a leer el poemario Ánima, de José Kozer, sentí un impulso que me llevaba a componer. Pero no necesariamente a componer siguiendo paralelamente un poema, o una sección de algún poema. La invitación era más amplia: sentía la necesidad de crear, de impulsar, lanzar secuencias de sonidos, construir contrapuntos efímeros, lineales. Más allá, sentía que con estos trozos de música tenía que responder a una invocación profunda, tenía que responder a la belleza. Y la belleza es germinativa. Al igual que nos invita a la contemplación, nos lanza a la creación.

Los once “Preludios en la para viola solo” fueron una de mis respuestas. A pesar de que muchas imágenes de distintos poemas de este poemario permanecían rondando mi cabeza esperando salir, y que de hecho han ido saliendo lentamente en forma de obras como “Ambición de estructuras para violín solo”, “Inorgánica mirada, luz simple, para violonchelo solo” –un par de ejemplos en los que intento esa comunión entre imagen y sonido–, en estos preludios me concentro en el propio título del poemario “Ánima”. Ese camino de la Á a la a, que forma un perfecto espejo en el que la n transmuta en m y en el centro está la i, fue suficiente, junto a la reverberación de los poemas, para desencadenar estos once preludios para viola.

Son once preludios, y lo primero que salta a la vista es la interrogante sobre la cantidad, ¿por qué tantos preludios? Si la función del preludio es dar paso a la obra mayor, ¿por qué quedarme sólo en preludios? Sentí la necesidad de permanecer en el pórtico, de redundar en las afueras del templo, de invocar una y otra vez que comience el rito, un rito especial donde la poesía es el centro. Así, estos preludios, son una letanía inicial, y como dejé claro en el subtítulo, “Invocando el ‘Ánima’ de José Kozer”, se trata de un intento de invocar esa idea que él explica en el prólogo del poemario, ese tono peculiar que fue tejiendo poema tras poema.

Sin pretender ahondar mucho en cuestiones técnico-musicales, quisiera aclarar por qué preludios en la. La es el tono central, pero no es un la mayor o menor de las acostumbradas escalas del sistema tonal mayor o menor. Es sólo un la central, una altura específica (la cuerda la aguda de la viola) que abre y cierra las frases musicales. Esta altura es comienzo y final de todo, va tejiendo las distintas líneas y propiciando esta relación con la letanía, con la repetición y la variación de una fórmula. Los preludios tienen distintos tempos, distintas formas, se abren digamos, a diversas direcciones, pero conservan esta insistencia, esta invocación central, donde el la, como altura centro, intenta tocar una y otra vez las puertas e iniciar ese espacio vacío en donde la poesía habita, en donde tiene su lugar y, por lo tanto, en donde nosotros podemos comulgar su belleza.

Nota sobre las grabaciones

Los preludios que comparto aquí han sido estrenados en distintos eventos en Cuba, pero lamentablemente el registro es de muy baja calidad. Aun así, creo que es necesario no dejar pasar este momento de homenaje a tan importante poeta. Lamentablemente, no me quedó registro del primer preludio y los últimos tres no se han estrenado todavía.

Invocando el Ánima de José Kozer. Preludios en la para viola solo

Partituras

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