Los libros llaman locos. Es una frase de Alejandro, mi jefe, y es una verdad como un templo. Yo diría, además, que llaman a un tipo de loco muy particular.
Muchos personajes del escritor Jin Yong han pasado al imaginario popular, pero aun así la historia de Dongfang Bubai, el Oriente invencible, es singular.
Isla penitenciaria, isla botín, isla cautiva. Vayamos al cuadrado de las delicias (¡ay, Lezama!) en busca de las resinas. No se puede vivir todo el tiempo en la vibración de la angustia.
Nosotros, que estrenamos el arte digital, la escritura urgente, que protagonizamos la tea virtual del todo contra todos, escribimos mientras nos reprochan.
Me senté en un banquito cerca de la puerta del Ángel Caído y pensé que este es mi primer otoño en Madrid, mi primer bosque amarillo, mi primera ciudad encendida en Navidad.