Isla penitenciaria, isla botín, isla cautiva. Vayamos al cuadrado de las delicias (¡ay, Lezama!) en busca de las resinas. No se puede vivir todo el tiempo en la vibración de la angustia.
Nosotros, que estrenamos el arte digital, la escritura urgente, que protagonizamos la tea virtual del todo contra todos, escribimos mientras nos reprochan.
Me senté en un banquito cerca de la puerta del Ángel Caído y pensé que este es mi primer otoño en Madrid, mi primer bosque amarillo, mi primera ciudad encendida en Navidad.
Hace diez años, en octubre de 2012, fui invitado por la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) para ofrecer un singular seminario-taller: “La literatura en sus otros lenguajes”. Me dio por averiguar, y exponer de forma hipotética y...
Doce apóstoles de piedra en una sala inferior, pertenecientes a fachadas que ya nadie recuerda de Notre Dame, comidos por los siglos, todos decapitados.