Salirme del drama cubano para poder respirar. Descansar de él, al menos unos minutos. No se puede vivir bajo la nieve con la cabeza enterrada en las arenas de Guanabo.
A comienzos de año, por diversas circunstancias que mi inclinación a la ansiedad hiperbolizó hasta el ridículo, pensé que podía quedarme sin trabajo, sin familia, sin amigos y haciendo la calle.
Sin conocerla, Louise Glück me acompañó hace seis años de cierta manera arisca, en forma de averno, pero un averno rosado de paz. ¿Puede existir algo así?
La muerte es una puta caliente, dice Parra, y esta vez fue el poeta Bruno Montané quien me escribió un breve mensaje, seco y aterrador, diciendo que Marcelo Maturana había muerto.
El éxtasis de la comunicación nos arrolla a todas y todos. Nos convierte a la mayoría en procesadores de palabras (e imágenes), clientes fieles de un monopolio o sujetos de una especie de totalitarismo.
No tengo dudas: soy yo ese vendedor. Y también es Antonia. Antonia y yo somos ese muñeco cojo y conformado a pedazos. Ahí vamos, en una trinidad nada santísima.